Coherence (2013)

coherence-posterTrabajar con un número limitado de elementos y recursos en una película puede ser complejo. Se arriesga caer en un resultado tedioso, donde las locaciones y los personajes escasos que aparecen en la pantalla pueden perder interés para el espectador a medida que los minutos avanzan. Pero en caso de funcionar, el resultado puede ser de gran calidad, lo que se puede ver en un ejemplo tan clásico como 12 Angry Men (1957), o en cintas más contemporáneas como The Man from Earth (2007), Buried (2010) y Locke (2013). En tales casos, el bajo presupuesto despoja a la película de ornamentos innecesarios, centrando la atención en lo realmente fundamental, como los personajes y la trama.

Coherence, el largometraje debut del director James Ward Byrkit, toma esta idea para contar una historia que posee elementos de ciencia ficción con gran efectividad. El punto de partida es una cena en la que se reúnen ocho amigos, la misma noche que un cometa pasará cerca de la Tierra. Nuestra protagonista es Em (Emily Baldoni), a quien seguimos a lo largo de la noche. Mientras los personajes conversan y recuerdan viejos tiempos, se produce un corte de electricidad que afecta a la casa y a todo el barrio, excepto por una casa que está a unas dos cuadras de distancia. A partir de ahí, el grupo de amigos comenzará a experimentar unos extraños sucesos, lo que hará crecer un sentimiento de paranoia dentro de ellos.

La película fue filmada en un número muy limitado de locaciones, una de las cuales corresponde a la propia casa del director. Según Byrkit, el diálogo de los personajes fue mayoritariamente improvisado, ya que cada actor solo tenía un par de indicaciones que él mismo les entregaba a medida que el rodaje avanzaba (las escenas fueron filmadas en orden cronológico). El reparto está conformado por un grupo de actores poco conocidos, lo que le da cierta credibilidad al relato. Esta atmósfera de autenticidad es potenciada visualmente con la decisión de utilizar cámaras al hombro, si bien hay momentos en los que las imágenes resultan demasiado temblorosas y el enfoque-desenfoque puede llegar a desconcentrar de vez en cuando.

Para mantener la intriga a lo largo del relato, la película es cuidadosa con la cantidad de información que le es entregada a los personajes y, dado que estamos en la misma situación que ellos, a la propia audiencia. Partir con un contexto cotidiano e introducir aspectos que escapan de nuestra comprensión constituye una premisa lo suficientemente interesante, pero lo difícil es que la atención de los espectadores continúe durante el resto del metraje. La tensión es construida a través de nuestro desconocimiento sobre lo que está ocurriendo y lo que va a pasar después. Debido a esto, resultaría injusto revelar demasiado sobre la trama en esta reseña, así que solo haré unas referencias generales a lo que ocurre en la cinta y los temas que son explorados.

En términos científicos, la película menciona temas como la decoherencia cuántica, el experimento del gato de Schrödinger, y las realidades paralelas. Hay momentos donde la cinta se centra demasiado en estos aspectos técnicos, como la escena donde los personajes leen un libro que convenientemente estaba a su alcance y que los ayuda a entender (al menos en teoría) lo que está ocurriendo. También se puede notar en la figura de una caja metálica que sirve como una guía visual de la situación. Estas cuestiones son de tal complejidad que pueden llegar a ser más confusas que aclaratorias. La trama incluso cae en un par de lagunas lógicas, como el comentario que recibió uno de los personajes de su hermano antes de la cena. Afortunadamente, Coherence no se detiene más de la cuenta en las explicaciones, dejando una parte importante del misterio en el terreno de la incertidumbre.

La ciencia de lo que ocurre en la película no es lo único rescatable en ella, sino más bien un punto de partida, un hecho que gatilla los conflictos entre los personajes y saca a relucir sus verdaderas motivaciones. Eso es lo más interesante de la cinta. Más allá de entender lo que está pasando, el hecho de poder ver cómo estos ocho amigos reaccionan a lo que está ocurriendo. A raíz de esto, se pueden explorar ideas como la identidad, qué cosas nos hacen únicos e irrepetibles, y la manera en que proyectamos nuestros propios miedos en otras personas.

Cada uno de los personajes de la película posee una personalidad reconocible, y la manera en que enfrentan la situación variará en cada caso. Sin esa conexión humana, los giros e implicancias que va creando el guión podrían ser simplemente un ejercicio mental; capaz de ser apreciado desde una perspectiva intelectual, pero demasiado distante como para tener un impacto más profundo en el espectador. Esto es superado por la cinta sobre todo durante su último tercio, donde vemos las consecuencias emocionales que debe enfrentar la protagonista luego de todo lo que ha ocurrido.

El famoso director John Carpenter ha dicho que el miedo puede tener, a grandes rasgos, dos orígenes. Puede provenir desde el exterior, de lo que está más allá, como cuando se hace referencia al peligro que se esconde entre las sombras. O puede provenir de nosotros mismos, o de quienes consideramos nuestros seres más cercanos. En el caso de Coherence, estamos ante una combinación de ambas hipótesis.

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2 pensamientos en “Coherence (2013)

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