Paddington (2014)

Paddington-posterEn medio de la actual tendencia de hacer películas sobre personajes infantiles clásicos, y considerando el irregular resultado de esos proyectos, no se puede evitar sentir aversión cuando surge la noticia de una nueva adaptación. Eso es lo que me ocurrió cuando supe de la cinta Paddington, basada en el oso parlante creado por el escritor Michael Bond, que además tiene el inconveniente de estar basada en un personaje que no es demasiado conocido fuera del Reino Unido. El material promocional de la película solo servía para reforzar la idea de que estábamos ante una adaptación del montón, pero pese a este y otros prejuicios el resultado terminó siendo sorpresivamente positivo.

Como es habitual en este tipo de películas, desde Scooby-Doo (2002) hasta The Smurfs 2 (2013), el personaje en cuestión fue creado a través de efectos digitales, mientras que el resto del reparto es interpretado por actores de carne y hueso. Paddington (Ben Whishaw) es un oso que vive en la selva amazónica de Perú junto a sus tíos Lucy (Imelda Staunton) y Patuzo (Michael Gambon). A diferencia de otros animales, estos osos son capaces de adoptar costumbres humanas e incluso aprendieron a hablar, luego de ser visitados por un explorador británico décadas atrás. Cuando el hogar de Paddington es destruido y su tío Patuzo muere, su tía Lucy le dice que lo mejor es que viaje a Londres, donde el explorador les contó que serían bien recibidos. El joven oso logra subirse a escondidas a un barco y llega a su destino, pero la acogida que tiene de los londinenses no es la que esperaba. Solo una familia, compuesta por Henry (Hugh Bonneville) y Mary Brown (Sally Hawkins), y sus hijos Judy (Madeleine Harris) y Jonathan (Samuel Joslin), deciden alojarlo en su casa mientras le buscan un nuevo hogar.

Lo que sigue es una serie de situaciones que pertenecen a la conocida fórmula del “pez fuera del agua”, con Paddington metiéndose en varios problemas y aprendiendo a adaptarse a este nuevo entorno. El personaje, por ejemplo, inunda la casa de los Brown por accidente, intenta devolverle una billetera a un ladrón, e interpreta de manera literal los avisos que hay en una estación de metro, todo a través de un efectivo slapstick. Un punto a favor de la cinta es que emplea ese ingenioso humor tan característico de los británicos, lo que constituye una buena alternativa a la predominancia de las películas estadounidenses en el cine familiar.

La película posee un carácter anacrónico, ya que si bien está ambientada en la época actual, hay elementos que hacen referencia a décadas pasadas, como los denominados tubos neumáticos, el diseño retro de los computadores, o los juguetes que tiene el hijo de la familia Brown. En términos visuales, Paddington parece una mezcla de libro ilustrado, dibujos animados clásicos, y el trabajo del director Wes Anderson, gracias a una apariencia estilizada e inocente. Esto, sumado a las situaciones mostradas en la cinta, donde el hecho de que un oso parlante no genere demasiada extrañeza entre las personas, mantiene la atmósfera de cuento infantil del trabajo original de Michael Bond. El respeto por el material en el que está basado demuestra que los responsables de la cinta conocen al personaje y su esencia, sin cambiar los elementos de manera arbitraria.

El cambio más notorio respecto del material original es la inclusión de un personaje llamado Millicent (Nicole Kidman), una taxidermista que está obsesionada con capturar a Paddington para añadirlo a su colección de animales disecados. La trama podría haber funcionado sin la figura de una antagonista, ya que los mejores momentos en la cinta son los que muestran al oso en situaciones cotidianas, pero este personaje no es totalmente innecesario. La amenaza de una villana ayuda a que la relación entre Paddington y los Brown se consolide, reforzando el mensaje de la búsqueda de un hogar que se plasma a lo largo de la película.

Aunque la cinta está enfocada a un público familiar, no cae en el error de subestimar a sus espectadores, explorando incluso algunos temas más complejos. Dado que el personaje fue creado durante la década de los 50, la historia de Paddington tiene similitudes con algunos hechos que ocurrieron a raíz de la Segunda Guerra Mundial, como los refugiados que buscaron mejores condiciones de vida en otros países. La imagen de los niños provenientes de zonas bélicas en las estaciones de trenes del Reino Unido se quedó adherida a la mente de Michael Bond, quien decidió utilizarla para dar forma a su creación. Las referencias a esos hechos se mantienen en la película, donde son mencionados de manera clara por la tía del protagonista y por un anticuario que llegó al país de la misma manera que él.

El tema no solo es relevante para una época como la de mediados del siglo XX, sino también para la época actual, donde la inmigración es una cuestión de vital importancia en toda Europa, sobre todo en el Reino Unido. El protagonista es un oso, pero si dejamos de lado ese aspecto podemos ver de mejor manera lo que realmente representa: alguien proveniente de un país lejano y exótico, con un idioma diferente y costumbres que parecen extrañas para el resto de las personas. El caso de Paddington puede ser asimilado al de un niño que emigró desde Kenia, Haití o Pakistán buscando mejores condiciones de vida. Su hogar fue destruido por un terremoto, pero perfectamente podría haber sucedido a causa de un conflicto bélico. La película no esconde su mensaje acerca de la inmigración y la manera en que las personas provenientes de otros países hacen lo posible por crear un nuevo hogar y rehacer sus vidas.

La cinta, por lo tanto, funciona en dos niveles. Como una historia familiar que resulta entretenida y tierna, y como un mensaje a favor de la tolerancia y el respeto mutuo. Lo más importante de la cinta es que no es solo una fuente de entretención desechable, sino que tiene su corazón en el lugar adecuado y es capaz de entregar reflexiones acerca de cuestiones más profundas. Se aprovecha el potencial del material en el que está basada, logrando un buen resultado que con el tiempo puede llegar a convertirse en un verdadero clásico moderno.

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