Cinderella (2015)

Cinderella_2015_posterSiguiendo con la tendencia de crear versiones en imagen real de sus clásicos infantiles, Walt Disney Pictures hizo la película Cinderella (La Cenicienta), basada en el famoso cuento de hadas italiano cuya adaptación más conocida es la cinta animada que el propio estudio estrenó en 1950. Pero a diferencia de casos como Alice in Wonderland (2010), Maleficent (2014), o incluso la versión de Cenicienta que aparece en Into the Woods (2014), que examinaron esas historias a través de una perspectiva diferente, no estamos ante una revisión del cuento, sino que ante una adaptación que es bastante fiel a la obra originaria.

Debido a esto, la trama posee todos los elementos que caracterizan a la historia, sin mayores innovaciones. La protagonista es una bondadosa joven llamada Ella (Lily James), que perdió a su madre a una corta edad y años después a su padre. Su cuidado quedó a cargo de una cruel madrastra (Cate Blanchett), quien la trata más como una sirvienta que como parte de su familia. El duro día a día de la protagonista parece cambiar cuando se anuncia que el príncipe del reino (Richard Madden) organizará un baile en el que escogerá a su futura esposa, y que todas las mujeres estarán invitadas. Se trata de la oportunidad para que Ella pueda olvidarse de sus tareas domésticas al menos por una noche, pero su madrastra y sus hermanastras Anastasia (Holliday Grainger) y Drisella (Sophie McShera) le impiden ir. Sin saber qué hacer, la joven recibe la ayuda de su hada madrina (Helena Bonham Carter), quien le da un carruaje y un vestido para asistir al baile, los cuales solo tienen un carácter temporal. El resto de la historia, como se puede esperar, continúa de la manera que ya sabemos.

Pero si bien estamos ante una versión que no cambia demasiadas cosas, los aspectos que alcanza a modificar sirven para corregir algunos defectos que tenía la película animada. En aquella cinta existía un gran protagonismo de los personajes no-humanos, especialmente los ratones, quienes incluso podían hablar. En esta versión, en cambio, tienen un rol de simples acompañantes, lo que permite otorgarle más importancia a la protagonista y su relación con el príncipe. De hecho, en la película ambos personajes se conocen antes del baile, lo que permite que su enamoramiento resulte menos apresurado. Aunque la decisión de contraer matrimonio todavía parece extraña, tomando en cuenta que solo se han visto un par de veces, al menos existe entre ellos una química que hace algo más creíble el desenlace (lo que no se puede decir de la película de 1950).

La actriz Lily James, conocida por su trabajo en la serie británica Downton Abbey, estuvo a cargo de dar vida a Cenicienta, lo que hace de manera correcta, transmitiendo una mezcla de dulzura y fragilidad que la asemejan a una muñeca de porcelana. Pero quien se roba la película es Cate Blanchett en el rol de la madrastra, ya que en cada escena donde participa su presencia hace palidecer al resto de los actores involucrados. Aunque su interpretación a veces cae en la exageración, por lo general Blanchett logra un efectivo resultado como la ambiciosa viuda que atormenta a su hijastra. Un aspecto interesante de su personaje es que la amargura que expresa no se debe a una maldad inherente, sino que a las experiencias que ha tenido a lo largo de su vida. Esta explicación no nos lleva a justificar sus acciones, pero nos permite adentrarnos a la torcida lógica de la madrastra y a entender lo que hay detrás de su severo rostro.

Otro de los puntos a destacar de la cinta es su apariencia. Dirigida por Kenneth Branagh, quien durante su carrera ha hecho varias películas de época, generalmente ligadas a la obra de William Shakespeare, la cinta presenta una gran atención por los detalles. El diseño de producción de Dante Ferretti, la fotografía de Haris Zambarloukos, los vestuarios de Sandy Powell, todos estos elementos se combinan con gran talento para crear un resultado que refleja suntuosidad y elegancia. Es el tipo de espectáculo visual que uno espera encontrar en un cuento de hadas, encapsulando el aire de fantasía que caracteriza a estos relatos. Mención especial merece la labor de Powell, quien a través de los vestidos que diseñó es capaz de transmitir la personalidad de sus personajes, como la rigidez de la madrastra, la inocencia de Cenicienta o la frivolidad de sus hermanastras.

La película se da el tiempo de tocar una de las moralejas clásicas del cuento, que es la importancia del amor y la manera en que supera las barreras sociales. Aunque al príncipe le conviene contraer matrimonio con una mujer perteneciente a la nobleza, escoge a la protagonista –una plebeya- no por razones utilitaristas sino que sentimentales. Es un mensaje muy válido, aunque esta noción de dejar las apariencias de lado siempre me pareció sospecha cuando los personajes principales son tan atractivos. Es como si se estuviese diciendo, “no importan las diferencias sociales, siempre y cuando la otra persona sea una modelo”.

Quizás el gran mérito de esta nueva versión de la historia sea su capacidad para encontrar el lado positivo de uno de los aspectos más cuestionados del relato. Algo que se ha criticado de la protagonista es su carácter sumiso ante la actitud de su madrastra y hermanastras, lo que en la película es cambiado por una fortaleza moral que le permite aguantar este tipo de abusos. A lo largo de la cinta se repite la frase “ten valor y se amable” (“have courage and be kind”), casi como si fuese un mantra. La joven aprende la lección de su madre, y es eso lo que la mantiene estable a través de las desgracias que atraviesa durante los años siguientes. En vez de descargarse con otras personas, lo que significaría continuar con esta cadena de abusos, Ella decide optar por una actitud estoica, compasiva. La película muestra que hay una alternativa a la venganza, lo que constituye un mensaje bastante rescatable.

Aún así, habría sido bueno ver reflejado que este tipo de comportamiento no es fácil de adoptar. A pesar de todo lo que su madrastra le hace a Ella, la protagonista mantiene una fortaleza casi irreal. En ningún momento tiene dudas acerca de si está haciendo lo correcto, lo que le resta humanidad al personaje. Que la joven sea un modelo a seguir para los niños no significa que deba carecer de todo tipo de imperfecciones; la capacidad para superar los obstáculos es también algo positivo, ya que la ayudan a crecer. En la película, en cambio, se opta por una protagonista más cercana a la santidad, lo que dificulta que alguien se sienta identificado completamente con ella.

Es difícil evaluar una cinta como esta, pese a que en términos generales es de buena calidad. Esto se debe a su fidelidad al material de origen y a una estrategia que opta por irse a la segura, sobre todo si la comparamos con proyectos más osados como Maleficent. ¿Qué es más meritorio, hacer una película correcta pero poco innovadora o una más arriesgada aunque irregular? La decisión dependerá del espectador.

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