Blackhat (2015)

Blackhat_posterEn un mundo donde la tecnología tiene un rol fundamental, y donde inevitablemente el cine hará referencia a este tipo de herramientas, surge el desafío de poder transmitir la manera en que los computadores funcionan para que sea comprensible por los espectadores. En su nueva película, Blackhat, el veterano director Michael Mann optó por una visión que resalta el carácter tangible del proceso, para que se sienta como algo cercano y no como una mera secuencia de ceros y unos. De esta forma, la primera escena de la cinta nos introduce en los circuitos de un computador, donde seguimos los impulsos eléctricos que atraviesan los cables y sus diferentes componentes.

Se trata de una secuencia muy vistosa, donde la cámara flota a toda velocidad en un entorno microscópico que se asemeja a una carretera o a una línea de ferrocarril. Los efectos de esto, luego descubrimos, son igual de notorios en el mundo físico, ya que están representando la manera en que un anónimo hacker se infiltra en el sistema de seguridad de una planta nuclear en Taiwán y provoca una grave explosión. Su siguiente ataque se centra en el área bursátil, modificando los precios de ciertas acciones y creando un verdadero caos económico. La extensión de su actuar es de tal envergadura que agencias de seguridad de Estados Unidos y China deciden combinar esfuerzos por atraparlo, pero el delincuente cibernético es demasiado escurridizo.

Tras descubrir que parte del código utilizado por el hacker corresponde a un programa que él y su antiguo compañero de universidad habían diseñado, el agente chino Chen Dawai (Wang Leehom) convence a sus superiores de colaborar con el convicto y experto en programación Nick Hathaway (Chris Hemsworth) para que les ayude a encontrar al responsable. Hathaway acepta, pero a cambio de beneficios que reduzcan su condena de 15 años. El patrón de los ataques del hacker parece indicar que todavía falta un último golpe, así que su captura se convierte en una carrera contra el reloj, la que se extiende a través de países asiáticos como Indonesia y Malasia.

El director pasó un par de años investigando sobre la actividad mostrada en la película, entrevistando a especialistas en informática e incluso a verdaderos black hats (un tipo de hacker que se especializa en burlar sistemas de seguridad, robar información y colapsar servidores, en contraste al comportamiento más ético de los white hats). Pero a pesar de esto, hay algo en la cinta que no termina de convencer, ya que el interés que indudablemente tiene Mann por el tema no logra ser transmitido del todo al espectador.

Aunque la cinta puede ser categorizada dentro del género del techno-thriller, es este segundo elemento el que flaquea, ya que la ausencia de una amenaza palpable impide que la tensión se apodere del relato. La filmografía de Mann se ha especializado en historias ligadas al mundo criminal, donde sus personajes tienen una compleja relación con la ley; desde Manhunter (1986) hasta Public Enemies (2009), pasando por Heat (1995) y Collateral (2004). Con Blackhat la tendencia continúa, solo que ahora los delitos son cometidos a través de computadores. Este elemento, que introduce aspectos tan interesantes como el anonimato del fugitivo y su capacidad para atacar blancos remotos sin necesidad de estar en el mismo país, no son completamente aprovechados por la película, la que carece de la suficiente energía y emoción. Las mejores secuencias de la cinta son aquellas que involucran elementos más directos como cuchillos o pistolas, los que el director maneja mucho mejor que las herramientas tecnológicas.

Incluso en una cinta como The Social Network (2010), que tiene una menor escala y no presenta las intrigas de esta película, la manera en que tecnología incide en la vida de sus protagonistas resulta más cautivadora. La mención de la película de David Fincher no es casual, ya que existen puntos en común entre la cinta de Mann y la filmografía de aquel director. Uno de los compositores de la banda sonora es Atticus Ross, quien ganó un premio Óscar junto a Trent Reznor por su trabajo en la cinta de Fincher, donde emplearon un sonido más contemporáneo acorde a los temas explorados por esa historia. Incluso la secuencia inicial de esta película, donde nos adentramos en el interior de un computador, resulta similar a la estrategia de Fincher en su película Fight Club (1999), que comienza mostrándonos el cerebro de su protagonista, incluido el proceso de sinapsis que ocurre entre sus neuronas. ¿Mera coincidencia o un particular caso en el que un cineasta experimentado es inspirado por uno más joven?

Algo que caracteriza al cine de Michael Mann es la visión introspectiva de sus protagonistas, quienes reflexionan acerca de su lugar en el mundo y aquello que están haciendo. En Blackhat, en cambio, este tipo de preguntas no presentan la misma fuerza, lo que dificulta que el personaje principal sea desarrollado de manera correcta. Conocemos algunos aspectos de la vida de Hathaway, como que su interés por el mundo del cibercrimen se debió más a una falta de oportunidades que a otra razón, y que en su actuar es guiado por un código moral que le impide hacer ciertas cosas (en una escena menciona que el dinero que obtuvo antes de ser arrestado lo robó a instituciones que eran capaces de resistir el daño, como los bancos). Pero más allá de estos datos la imagen que tenemos del protagonista es vaga, poco definida.

La falta de un mejor desarrollo por parte del guion va unida a la actuación de Chris Hemsworth, quien si bien demostró que tenía el carisma suficiente para una película como Rush (2013), no es capaz de transmitir mucho en este papel. Comparar a Nick Hathaway con personajes de otras cintas de Mann como el Neil McCauley de Robert De Niro o el Vincent de Tom Cruise solo sirve para acentuar las falencias de esta cinta. Aunque tampoco conocemos demasiados datos acerca de esos personajes, el aura de misterio que los cubre les otorga el suficiente atractivo para que el espectador se interese por ellos, lo que no se puede decir del hacker. Hay un intento por darle algo más de profundidad a través de un interés romántico interpretado por la actriz china Tang Wei, pero ni la química entre ambos ni la manera en que se va formando la relación es lo suficientemente buena.

Se notan algunas implicancias teóricas en la cinta que son relativamente interesantes, como la libertad a la que aspira Hathaway o el hecho de que su enemigo sea otro hacker del cual no conoce su identidad, lo que puede servir para dar forma a una especie de conflicto interno con una versión de sí mismo en la que no quiere convertirse. En términos visuales, la película presenta la ya conocida habilidad del cineasta por controlar aspectos como la composición de los planos, la iluminación y la paleta de colores, y sobre todo su talento para retratar el entorno urbano moderno. Sin embargo, no son más que vestigios de elementos que fueron mejor explorados en sus trabajos previos. Blackhat es una cinta regular, pero el hecho de que haya sido dirigida por alguien tan prestigioso como Michael Mann agrava sus defectos y nos hace anhelar con mayor fuerza la oportunidad que fue desperdiciada.

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