Going Clear: Scientology and the Prison of Belief (2015)

Going_Clear_PosterLa cienciología está construida sobre una base de ideas bastante extrañas. Sus miembros creen, por ejemplo, en un gobernante cósmico llamado Xenu, que trajo a millones de personas al planeta Tierra a bordo de naves similares a aviones Douglas DC-8, siendo arrojados al interior de volcanes, convirtiéndose posteriormente en seres espirituales que pasaron a habitar dentro del cuerpo de los seres humanos. Pero en términos estrictos, este tipo de creencias no son tan diferentes al de otras religiones, donde los elementos inexplicables racionalmente son parte fundamental de sus teologías. ¿Por qué entonces la cienciología genera tantas suspicacias? El documental Going Clear: Scientology and the Prison of Belief, basado en el libro del periodista Lawrence Wright, sostiene que la razón se encuentra no tanto en sus creencias espirituales, sino más bien en sus aspectos más terrenales.

El director Alex Gibney había explorado otra religión en el documental Mea Maxima Culpa: Silence in the House of God (2012), donde trataba el caso de los abusos sexuales al interior de la iglesia católica. En ambos trabajos se explora la idea de cómo la religión puede ser utilizada para cubrir abusos internos. Aunque estas instituciones hacen referencia a ideas trascendentales, que hablan acerca de lo que está más allá de nuestra comprensión y lo que existe después de la muerte, su estructura está compuesta por personas de carne y hueso, capaces de utilizar su influencia para fines deshonestos.

Para desarrollar esta idea, la cinta parte examinando la figura del fundador de la cienciología, L. Ron Hubbard. Después de un relativo éxito como escritor de novelas de ciencia ficción, Hubbard creó un sistema de pensamiento que mezclaba elementos de la psicología, el psicoanálisis y la autoayuda, el que incluso buscaba tener una base científica a través de un léxico complejo y la utilización de un aparato similar a un detector de mentiras. Sus fundamentos lógicos eran cuestionables, pero en el fondo el objetivo parecía tener algo positivo: hacer que las personas enfrenten sus problemas y temores, con tal de tener una mejor calidad de vida. Pero la ambición de Hubbard no solo se detuvo allí, sino que aspiró a llevar su filosofía hasta la categoría de religión, asumiendo él mismo el papel de profeta. A medida que su estrategia comenzaba a adquirir fuerza, surgieron los aspectos más controvertidos de su identidad, como la mitomanía, la paranoia y la megalomanía, convirtiéndose todo esto en un verdadero culto a su personalidad.

Sin embargo, el escritor no llegó a disfrutar del todo su creciente imperio, ya que durante los años siguientes debió comportarse como un verdadero fugitivo, huyendo del Servicio de Impuestos Internos de Estados Unidos (cuyas siglas en inglés son IRS). Aunque Hubbard veía a la cienciología como religión, este organismo, que define si se cumple o no con ese requisito, no compartía esa apreciación, así que la institución no podía gozar de la apreciada exención tributaria. Debido a esto, la organización de Hubbard tenía una deuda de considerable monto debido al no pago de impuestos, deuda que amenazaba con hacer caer su sueño. Pero todo cambió en 1993, siete años después de la muerte del fundador, cuando su autoimpuesto sucesor, David Miscavige, logró que la IRS reconsiderara su decisión y le otorgara al movimiento la calidad de religión.

A partir de entonces, la cienciología no solo gozó de los beneficios tributarios inherentes a esa condición (acumulando un enorme patrimonio a lo largo del mundo), sino que pasaba a estar escudada por la protección que la Constitución le otorga la libertad de conciencia. Es en base a esto que muchas de las prácticas más cuestionables de la institución, que en otros casos podrían ser catalogados de lavado de cerebro o de manipulación, adquirieron un mayor rango de tolerancia por parte de las autoridades. El nivel de intrusión que tiene la cienciología en la vida de sus miembros es alarmante, y en algunos casos se llega a controlar hasta con quienes se pueden relacionar. Debido a lo severos que son con los críticos de su religión, existe algo llamado “desconexión”, en virtud del cual un cienciólogo debe cortar todo tipo de comunicación con personas que puedan ser consideradas nocivas para él y sus creencias, incluyendo familiares y amigos.

Durante el documental se retratan este y otro tipo de casos, como el del director de cine Paul Haggis, quien decidió dejar la religión de manera pública, criticándola a través de una carta difundida en varios periódicos. La respuesta de la cienciología no tardó en llegar, lo que ocurrió a través de acoso e intentos de difamación. Los propios involucrados en Going Clear fueron atacados antes del estreno de la cinta, lo que sirve para reforzar el carácter violento de esta verdadera secta. La situación para quienes continúan formando parte de ella tampoco es mejor, ya que deben hacer importantes donaciones de dinero para poder avanzar en los niveles espirituales creados por Hubbard, o someterse a “auditorías”, es decir, interrogatorios donde revelan datos íntimos de sus vidas a alguien que forma parte de la organización con el fin de alcanzar un estado de paz consigo mismo. Este nivel de exposición permite que la institución obtenga un tremendo poder sobre sus miembros.

Que el documental se centre solo en las voces críticas puede resultar demasiado desigual. Existen algunas menciones a las razones que llevaron a ciertos exmiembros a unirse a la cienciología, pero por lo general el énfasis está sobre los problemas que tuvieron una vez dentro. Sin embargo, el riesgo de la falta de credibilidad se soluciona gracias a la presencia de personas que tuvieron importantes cargos dentro de la organización, lo que permite ver sus testimonios con mayor interés. Esto no significa que la experiencia de un cienciólogo común y corriente tenga menor valor, sino que el hecho de que aquellos entrevistados formasen parte fundamental de su estructura nos entrega una visión más conocedora acerca de su funcionamiento.

Con tantos comentarios acerca de esta religión, los que van desde un episodio de la serie South Park hasta la película The Master (2012) de Paul Thomas Anderson, pasando por varios documentales, surge la duda acerca de por qué vale la pena ver Going Clear. En términos de forma la cinta es bastante convencional, recurriendo a entrevistas, imágenes de archivo y breves recreaciones, con una estructura que resulta didáctica aunque sin mayores innovaciones. El mérito del documental está más ligado a su contenido que a la manera en que este es expresado. Si bien no presenta cuestiones demasiado novedosas acerca de la cienciología –salvo algunos detalles acerca de la vida personal de Tom Cruise que corresponden más a la prensa de farándula que a otra cosa-, es capaz de explorar varias de sus aristas, como la personalidad de sus líderes, sus fundamentos teóricos, la manera en que funciona, y sus controversias, por lo que puede servir como punto de partida para alguien interesado en el tema.

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