El bosque de Karadima (2015)

El_bosque_de_Karadima-posterAntes de que las denuncias de abuso sexual salieran a la luz, Fernando Karadima era conocido por su carisma y su capacidad para congregar fieles a las misas. De hecho, uno de los aspectos más apreciados por la iglesia a la que pertenecía era la manera en que lograba inspirar a los jóvenes a optar por el camino del sacerdocio. El respeto que recibía dentro de la parroquia era tal que se ganó el apelativo de “santito”, y sus seguidores tenían una fe ciega en lo que decía. Estas y otras circunstancias parecen explicar que las acusaciones que hicieron un grupo de víctimas acerca de los abusos que sufrieron hayan sido descartadas casi de inmediato por varios fieles de la parroquia.

Las noticias sobre los sacerdotes y los delitos sexuales no eran novedad, ya que había reportes en varias partes del mundo, incluido en Chile, pero lo que desconcertó a las personas fue que alguien que había contribuido tanto a su comunidad haya cometido ese tipo de actos. La película El bosque de Karadima explora lo que ocurrió antes de que las acusaciones contra el sacerdote se hicieran conocidas, narrando los abusos en sí, la manera en que afectaron el entorno personal de las víctimas, y qué es lo que los llevó a hacer públicos sus testimonios. El protagonista de la historia, llamado Thomas Leyton, es una versión ficticia de varias víctimas de Karadima, aunque comparte un importante número de similitudes con el caso de James Hamilton. El personaje es interpretado por Pedro Campos durante sus años de juventud y por Benjamín Vicuña una vez adulto.

Thomas llega a la parroquia de El Bosque guiado por los comentarios que escuchó sobre el sacerdote Fernando Karadima (Luis Gnecco), con el objetivo de reforzar su fe. El cura se interesa rápidamente por el joven de 17 años, quien se transforma en uno de sus protegidos. El carisma del párroco, sumado a la falta de una imagen paterna en el hogar de Thomas, va haciendo que se genere una confianza e intimidad entre ambos, la que no tarda en deformarse en algo más siniestro. Sus lecciones sobre sexualidad llevan arraigadas la noción de culpa, lo que genera en el joven un constante sentimiento de vergüenza en todo lo relacionado con esa práctica, así como una incapacidad para poder expresar sus problemas a terceros. Karadima utiliza su poder para mantener un estricto control sobre la vida del protagonista, en una dinámica que se extiende durante varios años.

La estructura de la película es no lineal, tomando como hilo conductor el testimonio que el protagonista hace al promotor de justicia (Francisco Melo), el sacerdote a cargo de recibir su denuncia. Este relato fragmentado permite un mayor dinamismo, evitando así una narración monótona sobre todo para quienes ya conocen los detalles del caso en el que está basada. Además, la conversación que va surgiendo entre ambos personajes le otorga mayor énfasis a ciertos aspectos de la historia, lo que va marcando los principales temas de la cinta y su punto de vista acerca de lo que ocurrió.

Algo que llama la atención de la película es la manera directa en que aborda los hechos de abuso sexual que el sacerdote cometió contra el joven. Si bien una de las estrategias a seguir podría haber consistido en sugerir en vez de mostrar, el hecho de que la cinta roce los límites de lo explícito permite transmitir de manera inequívoca el carácter inquietante de lo que está ocurriendo en la pantalla. Hay en esas escenas una cruda sinceridad que transmite lo retorcido de los actos cometidos por Karadima, sin caer en lo sensacionalista ni en el mal gusto. Si la intención del director Matías Lira era que el espectador saliera de la película con ganas de darse una ducha, lo logró.

Pero el foco de la cinta no se encuentra en estas secuencias, sino que en la relación de poder que existe entre el sacerdote y el joven: Thomas cursó sus estudios universitarios becado por el cura; el matrimonio con su novia, Amparo (Ingrid Isensee), fue autorizado por Karadima; y posteriormente se convirtió en el guía espiritual de su familia completa. Este tipo de influencia en cada aspecto de su vida, desde la elección de sus amistades hasta las decisiones que tomaban en su casa, explica en parte que el protagonista haya continuado bajo el yugo del párroco por tantos años. El bosque al que hace referencia el título de la cinta no solo se refiere al nombre de la comuna, sino también a un estado mental en el cual Thomas estaba sumido. El protagonista está atrapado, sin posibilidades de escapar, entre medio de los árboles que el sacerdote fue levantando a su alrededor.

La sensación opresiva de esta relación es potenciada a través de la fotografía de Miguel Ioan Littin y la banda sonora de Camilo Salinas, las que crean una atmósfera angustiante a lo largo del metraje. También merece un reconocimiento especial la labor de Luis Gnecco, quien interpreta al sacerdote con gran talento, reflejando la oscura fascinación que transmite el personaje. A veces amenazante, otras veces lastimero, el Karadima de Gnecco es un experto manipulador, quien es consciente de la influencia que tiene sobre otras personas y de la manera en que puede utilizar esta situación en su beneficio propio.

Uno de los aspectos controvertidos que toca la película dice relación con el rol que tuvo la jerarquía de la iglesia católica cuando las denuncias fueron realizadas a través de los mecanismos internos de la institución. A diferencia de los actos cometidos por Karadima, que fueron reconocidos por el propio Vaticano tiempo después, cuestiones como la dilación de las investigaciones o los intentos por tapar los delitos de la luz pública no han tenido mayores consecuencias por parte de la iglesia. La cinta es clara al momento de condenar la estrategia de los arzobispos y otros miembros de la curia chilena, cuya pasividad llevó a las víctimas a canalizar sus acusaciones a través de otros medios.

El bosque de Karadima es una película valiosa, no solo por el tema que aborda sino también por la manera en que lo hace. Es una obra que deja de manifiesto que los realizadores chilenos no deben limitarse a explorar hechos que ocurrieron décadas atrás en el país, ya que son capaces de hacer lo propio con acontecimientos que forman parte de nuestra historia más reciente. Una serie como Zamudio: Perdidos en la noche o la película que Alejandro Fernández Almendras prepara acerca del caso de Martín Larraín nos demuestran que este tipo de relatos no son territorio exclusivo del cine documental. Cuando se hace con profesionalismo y altura de miras el resultado puede ser de gran calidad.

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2 pensamientos en “El bosque de Karadima (2015)

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