Kingsman: The Secret Service (2015)

Kingsman_The_Secret_Service_posterCon la película Kingsman: The Secret Service (Kingsman: El servicio secreto) se vuelven a juntar los nombres de Matthew Vaughn, Jane Goldman y Mark Millar. El primer punto de confluencia de este trío surgió con la cinta Kick-Ass (2010), basada en un cómic homónimo de Millar cuyo guion fue escrito por Goldman y Vaughn, siendo este último el director de la adaptación. Los roles se repiten con esta nueva película, inspirada en un cómic de autoría de Millar que se publicó entre los años 2012 y 2013. Debido a que el quipo creativo no cambió demasiado entre una y otra película, existen claras similitudes de tono entre ambas obras, recurriendo a la característica mezcla de comedia y violencia que destacó a Kick-Ass, así como unas frenéticas secuencias de peleas.

El cambio más relevante en la ecuación apunta al mundo donde están ambientadas sus tramas, pasando desde una centrada en la figura de los superhéroes a una más cercana a las historias de espías. La película presenta varios guiños a las películas clásicas del género, como las de James Bond que se estrenaron durante los años 60, acentuando el aire sofisticado de los agentes y el mundo que habitan. Este carácter autoconsciente de Kingsman está reflejado en una conversación que tienen dos de sus personajes principales, donde admiten su amor por las cintas antiguas de espías, ya que las contemporáneas son demasiado “serias”. Los planes extravagantes y poco verosímiles de los villanos, los gadgets que ocupa el protagonista en sus misiones, todo eso está presente en la película, llegando a niveles exagerados pero sin alcanzar el punto de la parodia malintencionada, sino que manteniendo el respeto de un genuino homenaje.

Harry Hart (Colin Firth) es un agente que pertenece a una organización secreta internacional de espías con sede en el Reino Unido. El grupo, llamado Kingsman, cree en el principio de la caballería, y cada uno de sus miembros posee un apodo basado en esta tradición inglesa, como Lancelot, Arthur o Galahad, este último utilizado por Hart. Debido a la importancia que le otorgan a los buenos modales, no es de extrañar que la fachada de la agencia sea una sastrería, vistiendo sus miembros unos impecables trajes que son tratados como verdaderas armaduras por ellos mismos. Tras la muerte de uno de los espías, la organización inicia un proceso para buscar a un reemplazante, por lo que cada uno de sus miembros debe escoger a un candidato que vean como apto para la posición. El elegido de Hart es Gary “Eggsy” Unwin (Taron Egerton), el hijo de un antiguo compañero.

A diferencia de los espías de la agencia, y del resto de los candidatos, Eggsy no pertenece a un círculo social privilegiado. El joven vive en un hogar disfuncional y ha pasado su vida en un ambiente donde las drogas y el crimen son cuestiones cotidianas. A pesar de esto, Hart ve en él cierto potencial que lo transforman en una opción más que válida para reemplazar al agente fallecido, ya que los principios que protege Kingsman no dicen relación con el carácter aristócrata de sus miembros sino que con cómo actúan. Si bien en términos generales la película es bastante liviana, esto no significa que no tenga un mensaje subyacente, el que está relacionado con la movilidad social y la meritocracia. Eggsy es la encarnación de este principio, ya que es tan capaz como los otros jóvenes que aspiran al puesto. La cinta nos está diciendo que la precaria situación de la familia del protagonista existe debido a una falta de oportunidades y herramientas, lo que queda reflejado cuando a Eggsy se le da la chance de demostrar su talento.

La dinámica que se produce entre el protagonista y este mundo al que aspira a entrar tienen ciertas similitudes con la película Men in Black (1997), donde el personaje de Will Smith también parecía un pez fuera del agua. En la secuencia de entrenamiento de aquella cinta había un claro contraste entre su personaje, un policía poco formal y relajado, y el resto de los aspirantes, quienes demostraban una mayor rigidez. Lo que se está diciendo en ambas películas es que precisamente la particularidad de los protagonistas es lo que los hace especiales, ya que les permite afrontar los desafíos de una manera distinta al resto. Incluso la relación de mentor y aprendiz que surge entre Eggsy y Hart nos hace recordar la de Smith y Tommy Lee Jones.

Tenía mis dudas cuando supe que Colin Firth sería uno de los protagonistas de la película, ya que si bien en sus roles anteriores se ha caracterizado por el refinamiento y elegancia que requiere el personaje, debía ser capaz además de demostrar una faceta más ligada al género de la acción, algo que no necesariamente surge en la mente de la audiencia cuando escuchamos su nombre. Afortunadamente, la combinación funciona, y el actor logra convencernos de sus habilidades empuñando armas o peleando con un grupo de enemigos. El mérito también recae en el trabajo de Matthew Vaughn, quien recurriendo a una dirección vistosa es capaz de entregarnos momentos como la secuencia ambientada en una iglesia estadounidense, donde el personaje de Firth se enfrenta a una multitud de personas al ritmo de la canción “Free Bird” de Lynyrd Skynyrd.

El estilo de Vaughn es pirotécnico, con una utilización de cámaras lentas, violencia y canciones pop que crean un particular resultado. Es como si estuviésemos ante una versión adolescente de Quentin Tarantino, donde cada elemento es potenciado a niveles desorbitantes. Si bien Vaughn no refleja la visión que tiene aquel director en cuestiones más sutiles como los diálogos o la dirección de actores, la energía que poseen estas cintas las convierten en una experiencia muy entretenida. Las pretensiones tras proyectos como este no son demasiado elevadas, y es difícil que se conviertan en algo más que un lejano recuerdo en unos años más, pero de todas maneras el director aprovecha los recursos que están a su alcance y crea algo fácil de disfrutar.

Como en toda película de espías que se precie de tal, el villano de Kingsman: The Secret Service tiene un rol fundamental. Su nombre es Richmond Valentine (Samuel L. Jackson), y mientras los héroes de la cinta ensalzan cuestiones como la tradición británica, este personaje es todo lo contrario, un estadounidense que ha construido su enorme imperio económico a través del emprendimiento tecnológico. Incluso su forma de hablar contribuye a separarlo de los espías de la agencia, ya que posee un impedimento para decir las eses, lo que contrasta enormemente con el distinguido acento de Firth. El plan de Valentine es algo difuso al principio, y solo una vez que llegamos a la segunda mitad de la película nos vamos dando cuenta de su total envergadura. El plan, como es costumbre en este tipo de género, tiene una escala global, y obliga a Eggsy y al resto de los personajes a hacer todo lo necesario por detenerlo.

Pero Valentine no es el único villano presente en la historia y, de hecho, su asistente Gazelle (Sofia Boutella) llega a convertirse en un personaje incluso más memorable que él. Se trata de una joven de pocas palabras pero con unas habilidades de combate bastante efectivas, gracias a las peligrosas prótesis que tiene en sus piernas. Debido a su diseño y a su talento para pelear, este es uno de los personajes de la película más cercanos a la lógica de los cómics, lo que la hace destacar entre el resto. Gazelle es interpretada por una bailarina y actriz argelina cuya sorprendente condición física la convierten en un verdadero espectáculo al momento de participar en las coreografías que hay en la cinta.

Sin embargo, y pese estar ante una película que se esfuerza por crear personajes femeninos fuertes como Gazelle (que era originalmente varón en el cómic) o Roxy (una de las reclutas, interpretada por Sophie Cookson), Kingsman: The Secret Service aún así cae en un error infantil durante sus últimos minutos, donde se recurre a un chiste sexista tan innecesario como de mal gusto. No es tan grave como para borrar con el codo lo que se había escrito con la mano, pero si llega a descolocar y a perjudicar un final que podría haber sido mucho mejor. Ojalá este tipo de problemas se puedan corregir en la segunda parte que fue anunciada hace algunos días.

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