Mad Max: Fury Road (2015)

Mad_Max_Fury_Road_posterPor regla general, cuando los cineastas deciden revisitar un mundo que crearon décadas atrás el resultado no está a la altura de las obras originales. Aunque el director es el mismo, el tiempo es implacable al demostrar que ciertas cosas funcionaron en un determinado momento y lugar, y que cuando las condiciones han cambiado de manera tan radical volver a lograr la magia de antes resulta muy difícil. Es lo que ocurrió con Ridley Scott y Prometheus (2012), con Steven Spielberg e Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull (2008), y con George Lucas y las precuelas de Star Wars. Pero toda regla tiene una excepción, y en este caso su nombre es George Miller, quien con Mad Max: Fury Road (Mad Max: Furia en el camino) vuelve a visitar de forma satisfactoria la saga que inició en 1979.

Aunque Mel Gibson no volvió para interpretar al personaje que lo hizo famoso, siendo su lugar ocupado por el actor Tom Hardy, la película mantiene la esencia de las cintas anteriores y es capaz de expandir los límites de su universo. Max Rockatansky es un hombre solitario que vive en un mundo desolado, en el que solo unos pocos logran sobrevivir. El protagonista está en una constante lucha, ya sea contra el resto de las personas o contra sus propios recuerdos. Después de ser capturado, Max se ve envuelto en un conflicto entre Immortan Joe (Hugh Keays-Byrne), el líder de una comunidad de fieles que lo ve como un verdadero dios, e Imperator Furiosa (Charlize Theron), una de sus subalternas que decidió rebelarse contra el autoritarismo del personaje. El plan de Furiosa consiste en rescatar a un grupo de mujeres que son tratadas como verdaderas esclavas sexuales por Joe, y llevarlas a una zona que supuestamente tiene vegetación para que vivan en libertad. Sin embargo, durante el trayecto serán perseguidas por un gran número de admiradores del líder, incluidos los denominados “chicos de la guerra”, unos jóvenes que están dispuestos a inmolarse por servir a Joe.

Lo que sigue es una gigantesca persecución que se extiende por tres días, en un viaje de ida y de vuelta, con secuencias de acción frenéticas que son de vez en cuando interrumpidas por momentos de paz donde vamos conociendo a los personajes. Pero a pesar de la simpleza de la premisa, la cinta también es capaz de tratar algunos temas más complejos de manera subyacente, que transforman este espectáculo en algo más que mera pirotecnia. Está, por ejemplo, la forma en que una idea como la esperanza funciona en el brutal mundo mostrado en la pantalla. Si bien es un sentimiento loable, también existe la posibilidad de que se transforme en una falsa expectativa que baje las defensas de los personajes y los exponga a los peligros que los asechan. Eso es lo que siente el protagonista al comienzo de la película, cuyas acciones están guiadas más por un instinto primitivo de supervivencia que por otra cosa. Pero a medida que avanza el metraje se da cuenta que la esperanza, pese a requerir un mayor esfuerzo, puede ser una opción igual de válida.

El personaje se alejó de ideas como la esperanza ya que los años que ha pasado en el desierto le han demostrado que aquel puede ser un mundo muy cruel. Max está atormentado por la culpa de no haber podido ayudar a quienes conoció en el pasado, así que la manera en que lidia con eso es tratando de no crear vínculos con otras personas. Con esto se evitaría el sufrimiento de verlos morir, ya que la vida no es algo que se pueda dar por sentado. Pero en el fondo, Max es incapaz de lograr completamente esa desconexión, lo que termina llevándolo a ayudar a quiénes lo necesitan. Esa pizca de moralidad es lo que lo transforma en un antihéroe.

Y es también lo que lo une a la misión de Furiosa. A diferencia de Joe, que ve al resto de las personas como simples objetos que están a su disposición, aprovechándose de la esperanza que éstos han puesto sobre él, Furiosa es capaz de ver que detrás de esta adoración existe un abuso que no puede ser perdonado. Es tan así, que el rescate de las “esposas” de Joe puede ser vista desde una perspectiva de género, al pasar de ser sujetos pasivos de una relación a personas capaces de escoger sus propios caminos. En el fondo, las mujeres de la película están luchando por su autonomía y la de sus cuerpos. Hay incluso una escena donde vemos cómo se liberan de unos cinturones de castidad, lo que refuerza esta transición de ser vistas como la propiedad de un tercero a ser sus propias tomadoras de decisiones.

Aunque Mad Max: Fury Road está ambientada en un futuro posapocalíptico, la película tiene unos fuertes lazos con el pasado; lo que no solo se debe a que la más reciente película de la franquicia fue estrenada hace 30 años. Existe, como en el resto de la saga, una notoria influencia del western, sobre todo en esta idea de un héroe solitario que viaja constantemente, conociendo a otros personajes y ayudándolos en sus problemas. El protagonista posee un carácter nómade, sin un lugar fijo donde vivir, como el Hombre sin Nombre de las cintas de Sergio Leone. Al igual que en aquellas cintas, el territorio se convierte en un personaje más, que en este caso es el desierto de Namibia combinado con el ya conocido paisaje australiano que habíamos visto en las entregas anteriores. La base de la trama, que consiste en transportar una valiosa carga por una zona hostil, se puede ver como un guiño a trabajos como Stagecoach (1939) de John Ford, donde una diligencia cruza tierras apaches.

Uno de los puntos más celebrados de la película ha sido la utilización de efectos especiales de carácter práctico para sus secuencias de acción, reduciendo el papel de los efectos digitales a lo estrictamente necesario. Se nota cuando los impactos de los vehículos son reales o fueron generados a través de una computadora, y George Miller lo sabe. Aunque puede resultar peligroso para los dobles de acrobacias que participaron en la cinta, el resultado final parece justificar todo eso. Existe una sensación de credibilidad cuando vemos el peso del metal actuando en conjunto con la gravedad y la arena del terreno. Esto hace que el riesgo al que se enfrentan los personajes durante las persecuciones adquiera un mayor significado, y que aumente nuestro interés por lo que les ocurrirá.

La sensación de tangibilidad de lo que ocurre en pantalla también se debe al trabajo del diseño de producción, que se encargó de dar forma a este mundo a través del vestuario de los personajes, las armas y sobre todo los vehículos. El exceso de las películas anteriores alcanza niveles impensados en esta entrega, gracias a la creatividad y escala que están reflejados a lo largo del metraje. Uno de los vehículos que forma parte del grupo de Immortan Joe cumple el rol de animar a los guerreros a través de la música, estando equipado con tambores, amplificadores y una guitarra eléctrica que además sirve como lanza llamas. Cada vez que esta mole aparece en alguna escena, la banda sonora explota. La música compuesta por Junkie XL cuenta además con sonidos electrónicos y una intensidad que ayuda a complementar muy bien lo que vamos viendo.

El director no pierde tiempo en presentar la acción destructiva que caracteriza a estas películas, llegando incluso al punto de estructurar la trama de Mad Max: Fury Road en torno a una gran y única persecución. Se trata de un desafío nada sencillo, que en manos poco competentes podría haber caído en la monotonía, pero Miller logra salir airoso, manejando los ritmos y haciendo que las nuevas escenas resulten suficientemente novedosas para mantener nuestra atención. Que los personajes estén en constante movimiento, presionados por una sensación de urgencia, permite transmitir la agitación al propio espectador, la que culmina de manera espectacular en una última media hora que nos hace pensar lo inimaginable: que la emoción experimentada en los minutos anteriores podía ser superada por algo más grande.

Es posible que quienes no conozcan la saga de Mad Max tengan algunos problemas al momento de sumergirse en su universo. La trama es lo suficientemente sencilla como para no tener que ver las cintas previas, pero hay una cuestión de tono y atmósfera que puede descolocar a ciertas personas. La franquicia lidia con la violencia, la crueldad, la suciedad, lo grotesco y lo extravagante, todas estas cuestiones que son llevadas hasta el extremo. Hay personajes amputados, otros con tumores, y algunos incluso deformes, lo que va creando una muy particular estética que destaca a la cinta del resto. Si uno se detiene a pensarlo, es difícil creer que una película como esta fuese estrenada hoy en día, ya que parece pertenecer a otra época.

Los lazos que la cinta comparte con el pasado están también reflejados en las secuencias de acción, donde notamos la experiencia de un cineasta con décadas de trayectoria. A pesar del caos que se desenvuelve alrededor de los personajes, Miller mantiene una claridad narrativa envidiable, permitiendo que la audiencia sea capaz de orientarse en medio de las explosiones y choques. Es un tipo de coherencia visual pocas veces vista en el cine de acción contemporáneo, donde los directores parecen estar más convencidos de que la confusión es el camino más directo a la adrenalina. Junto a la fotografía de John Seale y el montaje de Margaret Sixel, el director logra una extraña armonía en medio de las abundantes dosis de fuego y sangre.

Pese a la predominancia de escenas de acción en la película, y a que no se nos entrega demasiada información acerca del pasado de los personajes, de todas maneras se notan rasgos distintivos en ellos, tanto en sus personalidades como en sus motivaciones. Tom Hardy es el encargado de interpretar al protagonista, quien presenta su habitual estoicismo y escasez de diálogos. Sin embargo, y si bien Hardy es un buen actor, no transmite el mismo carisma que Mel Gibson le impregnó al personaje en la trilogía original, por lo que el resultado no parece estar a la altura de lo esperado. No obstante, este punto bajo de la cinta es compensado por la buena labor de Charlize Theron, cuya Furiosa presenta el atractivo suficiente para manejar la energía del relato a su gusto.

Mad Max: Fury Road ha generado unas reacciones apasionadas de los críticos, algunas de las cuales son bastante hiperventiladas, llegando al punto de utilizar a la película como una oportunidad para atacar a la totalidad de los blockbusters contemporáneos, especialmente a las cintas de superhéroes. No creo que esta obra llegue al extremo de apelar por una condena de los efectos digitales y a todo lo que han generado, sino más bien a resaltar el buen trabajo que se puede hacer con las herramientas que están al alcance de los cineastas. La película es un gran ejemplo de cómo resultan las cosas cuando se hacen de buena manera, y eso es lo que debemos rescatar de ella. Llegar al extremo de decir que el panorama actual de las superproducciones es insalvable me parece exagerado.

Lo que no me parece exagerado es decir que estamos ante una de las mejores cintas del año. Miller sabe muy bien que el cine es un medio audiovisual, donde las imágenes tienen un rol fundamental, y lo demuestra de manera eficaz en estas dos horas que desbordan de entretención.

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3 pensamientos en “Mad Max: Fury Road (2015)

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