Maggie (2015)

Maggie_posterEl potencial que tienen las películas de zombies para explorar temas más profundos fue probado hace bastante tiempo, cuando el director George A. Romero estrenó Night of the Living Dead (1968). Actualmente estamos en el ocaso de un periodo donde estas criaturas gozaron de una gran popularidad, llegando a ser representadas en los más diversos formatos. Y pese al gran número de obras que han salido a la luz durante los últimos años, lo que trae aparejado el riesgo de caer en lo repetitivo, de vez en cuando aparecen ejemplos de cómo utilizar a los muertos vivientes de una manera novedosa. Podemos notarlo en una serie de televisión como In the Flesh, que lidia con temas como los prejuicios y la discriminación, y con la película Maggie de Henry Hobson.

Al igual que en esa serie, la película está ambientada en un mundo que fue azotado por un apocalipsis zombie. La amenaza de los muertos vivientes ha sido mantenida a raya, y la humanidad ha comenzado a reconstruir la civilización sobre sus ruinas. Sin embargo, todavía existen peligros rondando por ahí, como los infectados, grupo al que pertenece Maggie Vogel (Abigail Breslin). La joven fue contaminada con el letal virus tras ser mordida en un brazo y fue puesta bajo una estricta custodia médica. Su padre, Wade (Arnold Schwarzenegger), que tiene algunos contactos entre los médicos, logra sacarla de la cuarentena y la lleva a su casa para que puedan pasar juntos las últimas semanas que le quedan de vida. Pero esta decisión no es bien recibida por todos sus seres cercanos, ya que su propia esposa se siente insegura con la presencia de Maggie, y las autoridades están siguiendo con cautela lo que puede ocurrir en caso de que se transforme.

Que la enfermedad que padece Maggie tenga un desarrollo lento permite asimilar su historia con el caso de una enfermedad terminal como el cáncer. La transformación de la joven no ocurrirá de la noche a la mañana, sino que se extenderá por varios días, replicando lo que ocurre en ese tipo de situaciones. Wade deberá ser testigo del deterioro que sufrirá la salud de su hija, quedando en un rol de mero espectador, sin poder detener el proceso. Lo único que puede hacer es que los últimos días de su hija sean lo más placenteros posibles, dedicándose a estar junto a ella y aprovechar el breve tiempo que les queda. La inevitabilidad del resultado también es asumida por Maggie, quien se enfrenta al dilema de extender su vida a pesar del sufrimiento que trae aparejado o ponerle fin de manera inmediata a lo que está ocurriendo, lo que aumenta el carácter trágico de la cinta.

Otro de los aspectos interesantes que explora la trama es la idea de que el desenlace de esta enfermedad no termina en la muerte, sino que transforma a los pacientes en criaturas violentas y caníbales. Es algo que ha sido visto en otras películas, pero no por eso pierde fuerza. Esta noción de que los zombies son personas que fueron infectadas hace que los sobrevivientes deban enfrentarse a amigos, esposas, hijos y demás seres queridos. Aunque en términos superficiales siguen viéndose como las personas que conocían, en el fondo se han convertido en algo totalmente diferente. Son solo un recuerdo lejano de quienes eran, y ahí radica su peligro. En el caso de Maggie, su padre no solo tendrá que lidiar con la idea de perderla, sino que posteriormente deberá eliminar a esta peligrosa criatura en la que llegue a transformarse.

Por más cariño que sienta por ella, la decisión de Wade de llevar a Maggie a su casa sigue siendo riesgosa, y es algo que su esposa comprende. De hecho, los hermanos menores de la joven son enviados a la casa de una tía mientras ella está en la casa, con el objetivo de mantenerlos seguros. La idea de que una persona que conocemos pueda llegar a convertirse en algo peligroso para quienes la rodean tiene un poderoso carácter simbólico, y es lo que hace a los zombies unas criaturas tan llamativas.

Además de las ideas que explora la cinta, otro de sus puntos que llama la atención es la actuación de Arnold Schwarzenegger, quien no acostumbra hacer papeles tan dramáticos como este. La rigidez actoral del ex físico culturista se nota sobre todo en los diálogos, donde su acento austríaco no tiene la misma efectividad que en una película de acción, pero aún así hay aspectos a destacar de su interpretación, como sus elementos más corporales. La vulnerabilidad que esconde su personaje causa una mayor impresión visual al tratarse de alguien tan corpulento como Schwarzenegger, ya que su cuerpo sirve como una especie de caparazón que trata de cubrir la pena que siente. A pesar de la fortaleza que intenta aparentar, Wade deja escapar su sufrimiento a través de pequeñas grietas, lo que se nota en su cara demacrada y sus hombros caídos.

Los puntos bajos en la actuación de Schwarzenegger son compensados gracias al buen trabajo de Abigail Breslin. La protagonista de Little Miss Sunshine (2006) demuestra que a pesar de su corta edad es capaz de expresar una sensibilidad y manejo que actores de mayor experiencia no tienen. Esto permite que la relación entre Wade y Maggie parezca natural, algo bastante importante si consideramos que el núcleo de la cinta está formado por el lazo filial que une a ambos personajes. ¿Podría haber sido mejor? Sí. Con los temas tratados en el guion y los elementos que están en juego, se podría haber alcanzado algo mucho más potente, pero de todas maneras el resultado es lo suficientemente bueno para que la carga emocional de la cinta sea genuina.

En términos visuales, la película tiene algunos momentos de gran calidad. La fotografía a cargo de Lukas Ettlin varía entre planos generales que parecen emular la filmografía de Terrence Malick, y unos primeros planos muy ajustados, claustrofóbicos, que están pegados al rostro de los actores y generan una sensación de inquietud. La decisión de utilizar un estilo naturalista, con cámara en mano y una iluminación sutil, no impide que la cinta logre una buena composición en sus planos. Este tipo de fotografía se complementa con el tono mesurado e íntimo de la cinta, apelando a lo sencillo, no a lo grandilocuente.

Maggie no pertenece a aquellas películas que son tan buenas que pueden ser recomendadas a cualquier persona. Y tampoco es una cinta completamente desechable. Sus méritos la convierten en algo que vale la pena ver, si bien esto no es algo que deba hacerse de manera indispensable. Para toda persona que esté interesada en el cine de zombies y las posibilidades que presenta como medio expresivo, ésta es una experiencia que será bien recibida.

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