Kurt Cobain: Montage of Heck (2015)

Kurt_Cobain_Montage_of_Heck_posterNirvana fue, entre finales de los años 80 y comienzos de los 90, una de las bandas de rock más populares del mundo. Además de las canciones que los hicieron famosos, el grupo también pasó a la historia por su abrupto final tras el suicidio de su vocalista y guitarrista, Kurt Cobain. Sería demasiado especulativo e irresponsable intentar adivinar qué habría pasado si Cobain no hubiese muerto y la banda hubiese seguido sacando discos, pero lo que no se puede negar es que su trágico fallecimiento le otorgó una cuota de leyenda a la trayectoria de Nirvana, y es prácticamente imposible referirse a ella sin mencionar también lo que ocurrió con el músico. Hay algo en este tipo de historias tan trágicas que transforman a artistas en verdaderos mitos.

Este año se estrenan dos documentales acerca de Cobain, los que abordan su muerte desde perspectivas muy diferentes. Soaked in Bleach lo hace desde una visión conspiranóica y sensacionalista, sosteniendo que el suicidio del guitarrista no fue tal, sino que en realidad fue asesinado. Kurt Cobain: Montage of Heck, en cambio, no se centra tanto en la muerte en sí, sino que en lo que ocurrió antes, intentando entregar una visión acerca de la vida del músico y los problemas que lo llevaron a tomar una decisión como esa. No es que el director Brett Morgen se decante por una tesis en particular y trate de probarla; lo que la cinta nos muestra es una interesante mirada a algunos de los aspectos más complejos de la vida de Cobain, permitiéndonos ver al hombre detrás del ídolo.

Optando por una narración cronológica, el documental comienza mostrándonos la infancia de Kurt Cobain en la ciudad de Aberdeen. La hiperactividad que demostró desde sus primeros años no fue bien manejada por sus padres, quienes en vez de canalizar esta energía decidieron suprimirla a través de medicamentos. La estrategia no resultó, y Cobain creció como una persona que no se sentía comprendida, con una notoria fragilidad emocional, terror a ser ridiculizado y una depresión que lo acompañó durante toda su vida. Durante su adolescencia no tuvo un hogar fijo, ya que tras el divorcio de sus padres ninguno de los dos parecía quererlo cerca, lo que contribuyó a su sentimiento de inestabilidad. Ni siquiera en la escuela logró encajar, ya que no compartía intereses con sus compañeros. Solo la música pareció conectar con su rabia, sumergiéndose en la escena del punk rock.

Las canciones que compuso junto a su banda reflejaban su forma de pensar, y las presentaciones que hacían en vivo se caracterizaban por su descontrol y destrucción. Esto, sumado a la letra de las canciones, se convirtió en una manera de exteriorizar lo que ocurría dentro de su mente. Sin embargo, y a modo de cruel ironía, esta forma de expresión resultaba nociva para el propio Cobain, quien sufría de malestares estomacales que empeoraban cuando cantaba. Los gritos que daban forma a sus canciones le provocaban úlceras y debía resistir fuertes dolores después de los conciertos. Pero todo esto parecía valer la pena para él, ya que la música se convirtió en uno de sus grandes aliados al momento de enfrentar sus problemas.

Si bien es su faceta musical lo que lo hizo más conocido, Cobain era además un prolífico artista que dejó un importante registro en diferentes medios. El gran atractivo de este documental es el acceso privilegiado que tuvo su director a estos objetos, incluyendo fotografías, grabaciones de voz, videos, dibujos, y anotaciones en cuadernos que en su conjunto conforman un contundente diario de vida. La cinta está llena de imágenes y sonidos creados por el propio Cobain, lo que nos permite tener una mirada más íntima del guitarrista. Se siente una extraña cercanía cuando vemos las películas caseras de su infancia, escuchamos algunas de las crudas confesiones que grabó sobre su adolescencia o simplemente somos testigos de cuestiones más cotidianas, como escucharlo practicar o contestar el teléfono. Para las escenas donde no había un registro visual se optó por crear secuencias animadas a cargo de Hisko Hulsing y Stefan Nadelman, las que se complementan bien con el resto del metraje.

Con el lanzamiento del disco Nevermind en 1991 la banda alcanzó el estrellato. Millones de jóvenes en todo el mundo se sintieron identificados con su música, lo que llevó a los medios de comunicación a llamar a Nirvana la voz de una generación. Pero con la fama llegaron más problemas, sobre todo para el vocalista, quien debido a su sensibilidad recibía con mayor intensidad los comentarios hacia él y su trabajo, ya fuesen positivos o negativos. El guitarrista mostraba una gran incomodidad ante esta enorme atención que existía sobre él y evitaba dar entrevistas. Hay un claro contraste entre el Kurt Cobain que respondía las preguntas de los periodistas y el que cantaba sobre los escenarios o compartía junto a sus amigos. Si antes debía aguantar los comentarios de sus compañeros de escuela o familia, ahora la presión había aumentado de manera angustiante, ya que su nombre estaba en todos lados.

El documental no se acobarda al momento de mostrar las circunstancias que influyeron de manera negativa en la salud mental del músico, pero es capaz de hacerlo sin caer en el maniqueísmo. Su relación con Courtney Love, por ejemplo, quien ha sido demonizada por varios fanáticos a lo largo de los años, es presentada tanto con sus momentos alegres como con los más complejos. Estamos ante un matrimonio nocivo, que los perjudicó a ambos y que potenció las adicciones con las que habían estado luchando de manera individual. Pero al mismo tiempo somos testigos del amor que Cobain sentía por ella, y cómo su aspiración a formar una familia lo mantuvo unido a Love durante todo ese tiempo. El nacimiento de su hija Frances fue un capítulo de gran felicidad en su vida, pero como ocurre con la depresión, ésta puede permanecer adherida a la persona incluso en sus momentos más prósperos.

Se nota la honestidad con la que el director Brett Morgen busca contar la historia del guitarrista, lo que se traduce en ciertas imágenes que pueden resultar chocantes, como la que muestra al protagonista mientras su esposa le corta el pelo a su hija. En ella vemos a un Cobain delgado, con llagas en la piel, y una actitud despistada, producto de su dependencia de la heroína. Es una escena difícil de ver, pero importante para desmitificar al vocalista y mostrarlo como una persona de carne y hueso; talentoso como pocos, pero aún así vulnerable. Las entrevistas que realizó el cineasta demuestran además el carácter transversal del documental, ya que cuenta con la presencia tanto de su viuda como de familiares que no eran muy asiduos a las cámaras. Con esto se logra una perspectiva más amplia sobre el músico, lo que se logra pese a la ausencia de personas relevantes como Dave Grohl.

Montage of Heck termina de forma repentina, al igual que la vida de su protagonista. La muerte de Cobain es abordada a través de un somero texto al final del metraje, reforzando la idea de que lo importante fue lo que ocurrió antes, y que nuestras preguntas deben estar encaminadas a ese periodo para que podamos encontrar las respuestas sobre su decisión. Algo que deja en claro la cinta es que la idea de la muerte no apareció de repente en la mente del guitarrista, sino que estuvo presente hacía años. Lo trágico de todo esto es que si no se hubiese dedicado a la música ni hubiese alcanzado la fama, lo más probable es que el desenlace de su historia habría sido igual de amargo.

Anuncios

Un pensamiento en “Kurt Cobain: Montage of Heck (2015)

  1. Pingback: Amy (2015) – sin sentido

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s