Ex Machina (2015)

Ex_Machina_posterCuando se estrena alguna película que trata sobre la inteligencia artificial, una de las comparaciones casi inevitables es 2001: A Space Odyssey (1968) de Stanley Kubrick. La influencia que esa cinta ha tenido sobre la ciencia ficción y el cine en general es tal que se ha convertido en un punto de referencia durante décadas. Ex Machina, el largometraje debut como director del guionista Alex Garland, presenta algunos aspectos que pueden ser relacionados con la obra de Kubrick. Visualmente, tanto en la dirección de fotografía como en el diseño de producción, hay guiños a la elegancia de 2001, a través de unas composiciones precisas de los planos, utilización de formas geométricas, y una sensación de pulcritud que se nota a lo largo de todo el metraje.

Pero es aún más interesante comparar a las películas en sus aspectos más profundos, examinando la manera en que cada una representa las implicancias de la inteligencia artificial. Mientras la cinta de Kubrick ve con desconfianza esta posibilidad, lo que es materializado a través de la fría lógica de HAL 9000, Garland opta por una perspectiva más optimista. En su obra el peligro latente no se esconde en las máquinas, sino que en los personajes humanos. La mente sintética está exenta de los prejuicios y la ambición que dominan a las personas, siendo en cambio una especie de hoja en blanco cuyo contenido cambiará dependiendo de lo que se le enseñe. No por nada en una escena de la película se cita a J. Robert Oppenheimer, físico que fue considerado como uno de los padres de la bomba atómica. La energía nuclear es moralmente neutra; será buena o mala dependiendo de cómo se le utilice.

Durante los primeros minutos conocemos a Caleb Smith (Domhnall Gleeson), un programador que trabaja para una famosa empresa informática llamada Bluebook. El personaje es seleccionado para conocer al excéntrico presidente de la compañía, Nathan Bateman (Oscar Isaac), en su residencia en las montañas. Pero este viaje no tiene un fin simplemente recreacional, sino que laboral, ya que Caleb fue cuidadosamente escogido para colaborar en un proyecto que Nathan ha desarrollado en gran hermetismo. Se trata de la creación de la primera inteligencia artificial del mundo, la que ha sido modelada en una androide llamada Ava (Alicia Vikander). La tarea del protagonista consiste en servir como la contraparte humana de un test de Turing, con el fin de determinar si Ava tiene realmente consciencia y es capaz de pensar por su cuenta.

Si bien Nathan trata de congeniar con Caleb presentándose como alguien amigable, el recién llegado no tarda en darse cuenta que hay algo extraño en el personaje. La cinta lidia con esta idea de las primeras impresiones y la forma en que gradualmente van revelando lo que se esconde bajo la superficie. Ocurre, por ejemplo, con la residencia del empresario, que es introducida como un lugar idílico perdido en medio de la naturaleza, pero a medida que los días pasan se va transformando en un recinto claustrofóbico, opresor. Lo mismo ocurre con Ava, cuya apariencia es claramente la de una máquina, pero a través de sus conversaciones con Caleb va adquiriendo una dimensión más humana.

La atmósfera de Ex Machina está cargada de intranquilidad. Alex Garland, quien comenzó su carrera como novelista y posteriormente se dedicó a la elaboración de guiones, aborda su primer trabajo como director a través de un estilo sobrio pero efectivo. Recurriendo a elementos como la iluminación y la banda sonora –compuesta por Ben Salisbury y Geoff Barrow- se va creando una tensión que atraviesa toda la película. Si bien la gran mayoría de las escenas consisten en conversaciones entre los personajes, el manejo que demuestra Garland de los elementos que tiene a su alcance evita que caiga en la monotonía. De vez cuando vemos planos exteriores de las montañas donde está ubicado el centro de investigación, lo que resalta el ahogo que experimenta Caleb bajo la constante vigilancia de Nathan.

Además de las sensaciones que logra transmitir, la cinta cuenta con unas interesantes reflexiones acerca de variados temas. Se tocan cuestiones ligadas íntimamente a la ciencia ficción, como las posibilidades de la inteligencia artificial y la manera en que funciona: qué es la consciencia, cuál es la diferencia entre tener emociones y simplemente replicarlas, qué es lo que nos hace humanos, qué cosas nos definen como individuos, los principios éticos que entran en juego en este tipo de experimentos, la relación que existe entre creador y creación. Como la empresa Bluebook es un motor de búsqueda de internet, la película aborda también temas como la privacidad y la vigilancia masiva de datos personales, algo bastante relevante en la actualidad considerando lo que ocurrió con Edward Snowden y la NSA.

Pero lo más interesante, a mi parecer, es la manera en que la cinta es capaz de explorar cuestiones socioculturales, como las relaciones de género. Existe una gran carga simbólica en el hecho de que Ava haya sido concebida como un ser con características femeninas y que tanto su creador como su examinador sean hombres. Esto adquiere una mayor significación al existir un plano de desigualdad entre los personajes, especialmente con Nathan, quien la ve como un simple objeto, como su propiedad. Si bien el androide fue creado con el objetivo de pensar por sí mismo, en estricto rigor es considerado como un esclavo, siendo aprisionado en un centro subterráneo, donde la única conexión que tiene con el exterior pasa a través de su creador. La paradoja que existe entre autonomía y dominación es palpable. Y por si esto no fuese suficiente, existe un cuarto personaje, Kyoko (Sonoya Mizuno), una sirvienta que no habla inglés y que es tratada por Nathan con la misma consideración que le merece un animal.

Se puede decir algo similar acerca de Caleb, cuya estadía en aquel lugar está controlada de cerca por el empresario. Sus movimientos son seguidos a través de cámaras de vigilancia y el acceso que tiene a ciertas zonas depende de la voluntad de su anfitrión. Pero las implicancias de género que existen respecto de la situación de Ava tienen un mayor peso, ya que poseen dimensiones afectivas y sexuales que no se aplican al caso de Caleb y Nathan. Si el androide hubiese sido creado con una identidad masculina, o incluso sin género alguno, su relación con el resto de los personajes habría sido muy diferente. El hecho mismo de que Nathan le haya otorgado un determinado género y sexualidad puede levantar preguntas acerca de la identidad de género y la orientación sexual en los seres humanos.

Mención especial merecen las actuaciones que vemos en la cinta, sobre todo la de Alicia Vikander. La actriz sueca, que anteriormente había aparecido en la nominada al Óscar En kongelig affære (A Royal Affair; 2012), le otorga una importante cuota de credibilidad a Ava, lo que era fundamental considerando que ésta es una película acerca de las relaciones que surgen entre sus personajes. Para crear a la androide no bastaba con tener buenos efectos especiales –los que estuvieron a cargo de Richard Conway-, sino también con el talento de una actriz que pudiese estar a la altura del desafío. Su interpretación demuestra una gran atención por el lenguaje no verbal, como su postura y movimientos corporales que la diferencian de un ser humano pero no llegan al extremo de resultar robóticos.

Ex Machina trata ideas que no son nuevas en el terreno de la ciencia ficción, pero las presenta de una manera atractiva y capaz de conectar con el espectador. Algunas personas olvidan, sobre todo en este género, que el mérito de las obras no radica solo en la originalidad ni en lo complejo de sus temas, sino en la forma en que son expresados y van formando parte de la cinta como un todo. Elementos como los personajes, la trama, la estética, la banda sonora, las sensaciones producidas, van creando algo que es más grande que el contenido que alberga. Para quienes deseen centrarse más en la ciencia del término “ciencia ficción”, internet está lleno de papers que examinan los más diversos asuntos. Además de esto, Garland logra levantar preguntas acerca de cuestiones sociales sin caer en el ámbito de las “películas con mensaje”, que se preocupan tanto de lo que dicen que descuidan la manera en que lo expresan.

Creo que esta cinta tiene el potencial para convertirse en un verdadero clásico contemporáneo de la ciencia ficción, ya que es capaz de resonar en la audiencia y de adherirse a su memoria. Con el paso del tiempo, y a medida que sea conocida por más personas, lo más probable es que la película se una a casos como Moon (2009), District 9 (2009) o Her (2013).

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2 pensamientos en “Ex Machina (2015)

  1. Pingback: Las mejores películas de 2015 | sin sentido

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