Jurassic World (2015)

Jurassic_World_posterEl motor que pone en movimiento la trama de Jurassic Park (1993) es la arrogancia del ser humano por querer controlar la naturaleza. Esto no solo está presente en el deseo de revivir unas especies que se extinguieron hace millones de años, sino también en los intentos por convertirlos en una mera atracción, en encerrarlos en jaulas para que sean objeto de diversión de los visitantes. Como dice el personaje de Ian Malcolm, interpretado por Jeff Goldblum, el hombre se preocupó demasiado de si podían hacerlo, dejando de lado la pregunta de si debían. Han pasado más de veinte años desde esa película, y con el estreno de Jurassic World (Jurassic World: Mundo Jurásico), la cuarta entrega de la saga, nos damos cuenta de que el problema ha incluso empeorado.

Las muertes ocurridas los años anteriores parecen no haber tenido demasiado efecto, ya que la empresa InGen ha decidido abrir finalmente el parque ubicado en Isla Nublar, convirtiéndolo en el destino turístico que su fallecido gestor había soñado. Sin embargo, la presencia de dinosaurios no es suficiente para asegurar el éxito del lugar, ya que el flujo de visitantes disminuye si no se hace agregan nuevas atracciones cada cierto tiempo. Esto ha llevado a los científicos de Jurassic World a experimentar con el código genético de los animales, con el objetivo de crear híbridos que cumplan las expectativas del público. El primero de estos dinosaurios es el Indominus Rex, una peligrosa especie que parece ser más inteligente y peligrosa que cualquier otra del parque.

Aunque el dueño de Jurassic World, Simon Masrani (Irrfan Khan), parece simbolizar el idealismo de su predecesor, preocupándose más de la experiencia del público que de las ganancias, no es la única persona que tiene poder sobre el lugar. Su contraparte está personificada por Vic Hoskins (Vincent D’Onofrio), un miembro de InGen que pretende utilizar las habilidades de los dinosaurios con fines militares. Las cosas se salen de control justo cuando Gray y Zach (Ty Simpkins y Irrfan Khan), los sobrinos de la directora de operaciones del parque, Claire Dearing (Bryce Dallas Howard), están de visita. Con la ayuda de Owen Grady (Chris Pratt), un trabajador del parque que se ha dedicado a entrenar a los velociraptos, los personajes intentarán sobrevivir al caos que se produce en la isla, tratando de detener al Indominus Rex para que no ataque al resto de los turistas.

Es interesante ver cómo la mentalidad de quienes administran el parque en la película puede ser vista como un comentario sobre la cinta misma. La creación del Indominus Rex obedece a las exigencias del público, cuya capacidad de asombro se hace cada vez más difícil de satisfacer. Ya no basta con haber revivido a los dinosaurios, sino que ahora necesitan ser más grandes y feroces, como ocurre con los propios blockbusters. Así, Jurassic World puede ser vista como una versión mutada de Jurassic Park, donde sus elementos son potenciados para hacerlo más atractivos a la audiencia contemporánea. Este tipo de conciencia de sí mismo es destacable, pero el mensaje resulta algo confuso ya que en la propia trama se critica la idea de estas estrategias. Es curioso que la cinta haya decidido compararse con el principal peligro que deben sobrevivir sus personajes. ¿Qué es lo que está tratando de decir con eso? Resulta también extraño que dentro de la película se critique el marketing extremo que gobierna la economía, todo esto mientras sus escenas están repletas de product placement.

Además de las apariciones de marcas como Starbucks, Mercedes-Benz y Coca-Cola, en la cinta hay un gran número de guiños a la primera película de la franquicia. Hay, por ejemplo, referencias a personajes como John Hammond e incluso una breve aparición del Sr. ADN, también podemos ver algunos objetos y lugares que aparecieron en aquella película, y hay un esfuerzo por replicar algunas de las icónicas imágenes que convirtieron a la cinta de 1993 en un verdadero clásico. La banda sonora también contribuye a esto, ya que la famosa melodía compuesta por John Williams es utilizada una y otra vez a lo largo del metraje. Se trata de una estrategia que apela a la nostalgia de los espectadores que atesoran a esa obra como parte importante de su infancia –grupo en el que me incluyo-, pero al mismo tiempo es peligroso para esta secuela, ya que esos momentos son un constante recordatorio de lo memorable que fue la primera parte. Si resulta difícil hacer la cuarta entrega de una saga tan conocida, es mucho más difícil hacerlo de una manera que sea imposible olvidar lo que hizo Steven Spielberg con la película original.

La diferencia se nota hasta en los efectos especiales, que se supone deberían ser más avanzados si consideramos que han transcurrido dos décadas desde Jurassic Park. Pero los efectos de carácter digital llegan a ser menos impresionantes que los de la primera cinta, ya que carecen del impacto que tuvieron cuando fueron utilizados en aquella obra. Ya no estamos ante esas herramientas innovadoras que cambiaron la manera de hacer el cine, sino que ante algo que es parte fundamental de las grandes producciones, lo que las ha llevado a caer en algo común y corriente. De vez en cuando se recurre a efectos especiales prácticos, como una escena bastante emotiva con un apatosaurus, pero son contadas excepciones en un espectáculo que por lo general resulta artificial.

El gran punto débil de la película es, a mi parecer, el guion. La gran cantidad de diálogos expositivos le quita naturalidad al relato, tanto así que incluso las motivaciones del personajes de Vincent D’Onofrio son expresadas a través de unas convenientes conversaciones en voz alta. Y aún así tampoco resulta demasiado claro su plan ni la manera en que pretende desarrollarlo, por lo que se requiere una poderosa suspensión de la incredulidad por parte de la audiencia. Para qué decir la idea de que Owen es capaz de comunicarse con los velociraptors y darles órdenes. Ni siquiera la creación misma del Indominus Rex resulta sencilla de creer en el contexto de un parque de atracciones. ¿Ninguno de los trabajadores cuestionó que uno de los dinosaurios mutados tuviera la capacidad de camuflarse y de rastrear a sus presas a través de un radar térmico?

Los personajes son modelados tomando como base simples arquetipos, lo que también ocurría con la primera cinta, pero la diferencia es que en aquella el error se compensaba por la buena dinámica que se producía entre ellos. Un gran ejemplo de esto son las escenas donde están simplemente conversando en los jeeps, las que no necesitaban de demasiados elementos para ser entretenidas. A pesar de los esfuerzos de Jurassic World por entregarles algo de profundidad a los personajes, los temas tratados resultan algo forzados, como la inclusión del divorcio de los padres de Gray y Zach, o la manera en que es presentada esta idea de espíritu maternal de Claire. Es una lástima que este aspecto de la película haya sido tan débil, ya que en su proyecto anterior, la comedia indie Safety Not Guaranteed (2012), el director Colin Trevorrow había demostrado un efectivo manejo de personajes.

Con la excepción de Lowery (Jake Johnson), un personaje eminentemente cómico que ayuda a relajar el tono de la cinta, es difícil saber si el resto de los personajes van a ser recordados en el futuro. Hay pocas cosas que pueden ser rescatadas de ellos, tanto en la manera en que fueron escritos como en la labor de sus respectivos actores. No es que las actuaciones sean malas, sino que resultan poco memorables, haciendo un trabajo correcto y no mucho más. Los mejores momentos de la película son aquellos protagonizados por los dinosaurios, sobre todo durante los últimos minutos, donde se produce una pelea tan excesiva como entretenida. Ese verdadero choque de monstruos parece sacado de una cinta de Godzilla, y llega a ser por si sola una de las principales razones para ver Jurassic World. Es como si estuviésemos ante una película de serie B, una que por casualidad tiene un presupuesto de 150 millones de dólares.

La película está muy lejos de ser la obra innovadora y fundamental que fue Jurassic Park, e incluso en comparación a otros blockbusters contemporáneos queda corta, pero gracias a unas secuencias de acción divertidas puede convertirse en una buena experiencia. Sus pretensiones no son elevadas y hay que evaluarla en virtud de lo que intenta lograr.

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