The Stranger (2014)

The_Stranger-posterLa alianza entre los directores Eli Roth y Nicolás López ha creado un importante panorama para el cine chileno, especialmente para las películas de género. Uno de los logros de este sistema denominado “Chilewood” es que facilita el financiamiento de proyectos que probablemente no se habrían podido concretar a través de las herramientas tradicionales de la industria nacional, permitiendo además una distribución que aspira a algo más grande que simplemente estar un par de semanas en la cartelera local. Lo podemos notar en la cinta The Stranger (La maldición), el segundo largometraje como director del uruguayo Guillermo Amoedo, quien había trabajado anteriormente en los guiones de películas de Roth y López. La película fue estrenada este mes en Estados Unidos, tanto en cines como en VOD.

Aunque está ambientada en un pueblo pequeño y genérico de Canadá, la película fue filmada en el sur de Chile, lo que le otorga una identidad propia que es aprovechada por el director. Durante los primeros minutos, la cinta se da el trabajo de establecer una atmósfera determinada, algo bastante útil para que nos introduzcamos rápidamente en la historia. Las imágenes nocturnas de las calles abandonadas y las casas van transmitiendo una soledad que resulta ideal para un thriller como este. Además, la constante presencia de un volcán (¿el volcán Osorno, el Villarrica?) en varios de los planos genera una sensación de inquietud, de que la aparente calma que cubre estas escenas introductorias va a ser reemplazada por una tensión que anticipa la llegada de algo siniestro.

Quien llega al pueblo es Martin (Cristóbal Tapia Montt), el “forastero” al que hace referencia el título de la película. El personaje está en busca de Ana Paole (Lorenza Izzo), su esposa, pero al preguntar en la casa donde supuestamente debería estar, un adolescente llamado Peter (Nicolás Durán) le informa que la mujer falleció varios años atrás. La noticia es recibida con tristeza por Martin, quien se va a una plaza a pensar. Allí es atacado por un grupo de jóvenes liderados por Caleb (Ariel Levy), quienes aparentemente lo matan tras darle una golpiza. Peter es testigo de todo esto, incluido lo que ocurre después, cuando Caleb y su padre, un corrupto policía (Luis Gnecco), intentan esconder el cadáver del misterioso hombre. Sin embargo, Martin no está realmente muerto, y de hecho, esconde un oscuro secreto que va a traer un rastro de muerte al pueblo.

La condición del forastero no es nombrada de manera explícita, y el personaje se refiere a ella simplemente como una “enfermedad”, pero sus características apuntan de manera clara al vampirismo. Si bien no tiene colmillos grandes ni demuestra una aversión por las cruces, su sed por la sangre, su capacidad de regeneración y la manera en que es afectado por la luz solar son señales evidentes de que estamos ante ese tipo de criaturas. La cinta forma parte de la tendencia actual de las películas de vampiros que se alejan del refinamiento de los vampiros de antaño para ubicarlos en un contexto más aterrizado, donde su principal objetivo es no llamar la atención, tratando de mezclarse entre la multitud. Es lo que podemos ver en obras como Låt den rätte komma in (Let the Right One In, 2008), Only Lovers Left Alive (2013) y A Girl Walks Home Alone at Night (2014), guardando la distancia cualitativa que separa esas cintas de esta, claro.

Uno de los méritos de The Stranger es que es capaz de explorar ciertos elementos del vampirismo de manera interesante. La condición de Martin, especialmente su inmortalidad, puede ser vista desde dos perspectivas muy distintas. Hay un aspecto positivo en el hecho de no tener que preocuparse de la muerte, pero al mismo tiempo este regalo viene con una condena. A cambio de la vida eterna, el vampiro debe alimentarse de la sangre de terceros, por lo que su existencia implica necesariamente la destrucción de quienes lo rodean. Esto lleva a Martin a ver su condición como una enfermedad que debe ser erradicada, aunque eso implique su propia muerte. La cinta además toca temas más generales, como la relación entre padres e hijos y la forma en que los segundos son influenciados por sus progenitores. Ya sea una cuestión de naturaleza o de educación, no se puede negar que hay aspectos de los padres que son transmitidos a sus propios hijos. La película plantea una pregunta acerca de si los descendientes pueden escapar de esta influencia, escogiendo su propio camino, o si existe una cuota de determinismo en todo esto.

Pero por loables que sean los esfuerzos de la cinta, también hay aspectos que no terminan de convencer, como la manera en que materializa sus ideas. Que la película tenga cuestiones interesantes que subyacen a su historia y personajes no es suficiente para perdonar los errores que se producen en sus elementos más notorios. La trama avanza a tropezones, y lo que era un marco de gran potencial durante sus primeros minutos se transforma en un relato poco pulido a medida que nos acercamos al final. Se nota que Amoedo tiene talento como director, y su predilección por mostrar en vez de sobreexplicar es un aspecto muy positivo de su estilo, pero hace falta una mayor claridad en lo que pretende lograr, así como una mejor construcción de sus personajes. Para que una cinta como esta no forme parte del montón y sea recordada en unos años más, se necesita algo más potente que lo que se termina ofreciendo.

Se entiende la decisión de hacer la película en inglés, ya que con eso se facilita su inserción en el mercado estadounidense, pero hay varios casos en los que los diálogos resultan algo rígidos al ser habladas por actores cuya lengua materna no es el inglés. En algunos casos, como en el de Ariel Levy, esto es positivo, ya que con eso se restringe la sobreactuación que lo caracteriza, pero para el resto de los actores se transforma en una barrera que les impide expresarse con mayor naturalidad. Es algo que se nota sobre todo en la interpretación de Luis Gnecco, que carece de matices y termina siendo tiesa, áspera. Cuando uno ve la película es difícil no preguntarse cómo habría resultado todo si se hubiese hecho simplemente en español.

A pesar de sus defectos, si uno la evalúa en términos generales The Stranger es rescatable, superando así a la fallida Aftershock (2013) de Nicolás López. La base para una buena película se encuentra ahí, y lo que falta es corregir algunas cosas, pero se nota que Guillermo Amoedo está bien encaminado. Habrá que ver qué nos entrega en el futuro.

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