Desastres naturales (2014)

Desastres_naturales-posterResulta oportuno que la película Desastres naturales del director Bernardo Quesney se haya estrenado en medio de las manifestaciones de los profesores. La historia de una profesora que intenta recuperar su trabajo es un buen complemento para los debates sobre la carrera docente o la vocación por enseñar que vemos durante estos días. Pero incluso si la cinta se hubiese estrenado algunos meses antes o después, seguiría siendo relevante, ya que la educación es uno de esos temas que han estado constantemente en cuestionamiento en nuestro país, lo que se puede ver en las movilizaciones de los años 2006 y 2011. A través de un puñado de locaciones y un número acotado de personajes, esta obra es capaz de servir como un reflejo más o menos fiel de la situación educacional en Chile.

La protagonista de la historia es Raquel (Anita Reeves), una profesora de edad avanzada que tras haber trabajado durante varios años en el mismo colegio, fue despedida sin que le explicaran la razón. Un día cualquiera, Raquel vuelve al establecimiento como si no hubiese pasado nada, con el objetivo de hacer su clase. Al llegar a la sala de un cuarto medio, los alumnos se muestran extrañados por el regreso de la profesora, pero la mayoría le sigue el juego. Sin embargo, las cosas se salen de control cuando aparece la joven profesora que reemplazó a Raquel, quien quiere recuperar el control de su clase y terminar con lo que la protagonista intenta hacer. Los alumnos se ponen del lado de su antigua maestra e inmovilizan a la reemplazante, convirtiendo así un día común y corriente en el colegio en una pequeña revolución que busca lograr la recontratación de Raquel.

Los desastres naturales a los que hace referencia el título de la cinta no son volcanes ni terremotos, sino que el choque de las personalidades que se enfrentan en este conflicto. Por un lado tenemos a la directora del colegio, Valentina (Catalina Saavedra), que busca terminar con la toma lo más rápido posible, no para solucionar la situación de la profesora, sino que para no llamar la atención de los apoderados y evitar perder la subvención del establecimiento. La líder de la manifestación es Cesárea (Montserrat Ballarin), una rebelde estudiante que está dispuesta a hacer todo lo que esté a su alcance para lograr sus objetivos. Dentro de la sala de clases, su contrapunto es Diego (Sebastián Ayala), el presidente de curso que no está convencido de que la toma sea el medio adecuado y quiere simplemente recuperar la tranquilidad que existía antes de que todo esto estallara. Y en medio de todo se encuentra Raquel, quien se muestra firme en su misión, guiada más por las ganas de continuar con su profesión que por un fin económico.

De esta manera, la cinta se estructura en torno a un constante forcejeo de poder entre los personajes involucrados, tanto fuera como dentro de la sala, lo que hace que el relato se desarrolle de una manera llamativa. La decisión más acertada es retratar el conflicto a través de un tono predominantemente cómico, con un sentido del humor que Quesney ya había demostrado en su anterior trabajo, Efectos especiales (2011). El guion fue escrito por el director con la colaboración de Pedro Peirano, creador de series nacionales tan míticas como Plan Z y 31 minutos. Hay incluso algunos destellos que hacen recordar a Chancho Cero, el cómic de Peirano que retrataba con acidez la vida universitaria chilena.

Es cierto que el contexto de las historias es distinto, y que no se recurre a caricaturas tan grotescas como el decano Avellana o el “Moco” Soto, pero la manera en que Desastres naturales es capaz de burlarse de todos los sectores de manera transversal demuestra una misma ansia de ironía que impulsa a ambas obras. Además de tratar temas relevantes como la calidad de la educación, el lugar de la tercera edad en el mercado laboral, y la manera en que los tiempos exigen una constante actualización de los profesores, quienes no siempre son capaces de mantener el ritmo, la película se da el tiempo de criticar cuestiones como el egoísmo, el materialismo, la hipocresía y el doble estándar. Incluso las causas que son más loables tienen defectos si son examinadas con detención.

Las actuaciones de la película son algo irregulares, pero el trabajo de Anita Reeves en el rol principal compensa esos problemas. La actriz, que durante su extensa trayectoria ha interpretado personajes secundarios en telenovelas y películas, finalmente recibe la atención que merece. Raquel es un personaje cercano, que se transforma rápidamente en el corazón de esta cinta. No conocemos muchos detalles acerca de ella o el resto de las personas que aparecen en pantalla, salvo algunos datos que vamos conociendo sobre la marcha, pero esto no es tan importante. Lo fundamental es la manera en que los personajes interactúan entre sí, ya que son sus relaciones las que le van dando forma al relato.

Aprovechando su particular premisa, Desastres naturales parte con un ritmo ágil, el que se va desinflando durante el segundo tercio de la película. De vez en cuando se muestran lugares cercanos al colegio donde está ambientada la historia, como unas salas de clases en ruinas o una granja donde hay varios animales. Se trata de imágenes que en términos simbólicos buscan complementar lo que se está diciendo en la trama principal, pero por buenas que sean las intenciones terminan interrumpiendo la narración. Sin embargo, esto se corrige durante el desenlace de la cinta, donde se entrega una información que no solo le da una mayor carga emotiva a la historia, sino que profundiza los temas que se habían explorado anteriormente.

El cine chileno tiene dos extremos bastante asimétricos. Por un lado hay un grupo de películas de festival, que tratan cuestiones de gran peso, llegando a un tono serio que a veces resulta excesivo, mientras que el segundo grupo opta por una comedia liviana, tan simple como olvidable. La película de Bernardo Quesney logra ubicarse al medio de estas dos visiones, entregando reflexiones pertinentes sobre asuntos de suma importancia, a través de una obra entretenida, que le otorga una valiosa variedad al actual cine nacional.

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