Woman in Gold (2015)

Woman_in_Gold_posterBasada en hechos reales, e incluyendo aspectos como la Segunda Guerra Mundial y el holocausto judío, la historia de Woman in Gold (La dama de oro) posee todos los elementos favoritos de The Weinsten Company. Y por lo mismo resulta curioso que la compañía haya decidido estrenarla meses después de la temporada de premiaciones, considerando que este tipo de películas son bastante apetecidas en aquellas ceremonias. Es cierto que su calidad no es nada del otro mundo, pero si algo nos ha enseñado el lobby que los hermanos Weinstein han hecho durante los últimos años es que ese es un punto secundario al momento de ganar premios. Es cosa de ver el caso de The King’s Speech (2010).

La trama gira en torno a una pintura del artista Gustav Klimt, un retrato de Adele Bloch-Bauer, una mujer judía perteneciente a una adinerada familia austriaca. Con la llegada de los soldados alemanes al país, el cuadro y otras pertenencias de su hogar fueron confiscados y repartidos entre los nazis, mientras que sus parientes hicieron todo lo posible por huir de esta persecución. Una de las sobrinas de Adele, Maria Altmann (Helen Mirren), emigró a Estados Unidos, donde llevó una vida tranquila durante décadas. Cuando supo que el gobierno de Austria estaba haciendo esfuerzos por restituir las obras de arte saqueadas por los nazis, la anciana decide pedirle ayuda a un inexperto abogado llamado Randol Schoenberg (Ryan Reynolds) para que recuperen la pintura que le pertenecía a su familia. Sin embargo, durante esta travesía se darán cuenta que la tarea es mucho más difícil de lo que pensaban.

Uno de los temas de la cinta, y la razón por la que Maria escoge a Randol para que la ayude, es la importancia de las raíces familiares y la tradición. Ambos pertenecen a familias que emigraron de Asutria, y ambos son descendientes de judíos, algo que los une y les permite entender sus problemas. Existe una comprensión entre ambos que no tendrían con otras personas, y es esto lo que hace que el abogado entienda la importancia de ganar este juicio, ya que es capaz de ver el valor sentimental que tiene la pintura para Maria. Debido a esto, se les da gran importancia a los antepasados de los personajes, ya sean los bisabuelos de Randol que fallecieron en un campo de concentración, o el hecho de que sea nieto del famoso compositor Arnold Schoenberg. La película le otorga especial atención a la manera en que el pueblo judío valora su historia y sus orígenes.

La relación entre pasado y presente es demostrada a través de unos flashbacks que nos van narrando la juventud de Maria y la manera en que su familia debió lidiar con la llegada de los nazis. El paso del tiempo es representado además con la forma en que ese personaje regresa a los lugares donde creció, los que tuvieron una gran importancia en su vida. Estos lugares sirven como punto de partida para sus flashbacks, ayudando a poner en marcha las memorias que estaban guardadas en la mente de María. Hay también un intento por mostrar si un país como Austria ha aprendido de su propia historia y ha sido capaz de cambiar, ya que la película no titubea al momento de retratar el rol de sus ciudadanos durante la guerra. El ingreso de los alemanes no fue una ocupación, sino más bien una esperada bienvenida, donde el colaboracionismo fue evidente. La misión de Randol y Maria llega a desempolvar de manera indirecta este tipo de conductas, y obliga a los austriacos a ver lo que ocurrió durante esos años y el rol que tuvieron.

Aprovechando de narrar la experiencia de Maria, la película Woman in Gold toca el tema de la restitución de obras de arte robadas en conflictos bélicos, una cuestión tan fascinante como compleja. En el caso de esta cinta, por ejemplo, hay dos principios enfrentados, el derecho de propiedad de la protagonista por un lado y la herencia cultural de un país por el otro. Con el pasar de las décadas, la pintura de Klimt se convirtió en un verdadero ícono del arte austriaco, lo que fue utilizado por el museo Belvedere como su principal argumento para evitar que el cuadro se fuese de aquel lugar. En caso de que la postura de Maria triunfase, la dueña no tendría obligación alguna para mantener la obra en una exhibición pública, pudiendo decidir lo que quisiera sobre ella, incluso tenerla fuera de la vista del resto de las personas. Hay, por lo tanto, un posible choque entre los intereses particulares de la dueña y el interés público de desarrollar el conocimiento y la cultura de la sociedad.

El caso fue finalmente ganado por Maria, y la mujer, reconociendo el valor artístico de la pintura, decidió venderla a una galería para que fuese apreciada por el mayor número de personas. Si bien se trata de una solución loable, no deja de ser curioso el hecho de que la pintura fuese trasladada a Estados Unidos, a una galería de arte privada, no una institución pública, perteneciente a un empresario. La película toma una clara postura a favor de la protagonista y su derecho sobre la pintura, pero como centrarse solo en su derecho de propiedad podría resultar poco interesante para la audiencia, se intenta resaltar además el vínculo sentimental entre Maria y las obras robadas. El problema es que ese objetivo no es del todo logrado, ya que la cinta no llega a estar a la altura del tema que está contando.

Adele, la tía de la protagonista, es mostrada de manera esporádica, sin el tiempo suficiente para que la relación entre ambos personajes resulte significativa ni cercana. De esta manera, la cinta es incapaz de transmitir de manera satisfactoria la principal motivación del personaje, lo que es bastante problemático. Y no es el único caso en el que ocurre esto, ya que la esposa de Randol, Pam (Katie Holmes), parte viendo esta causa con algo de dudas, ya que la familia está pasando por dificultades económicas, y el tiempo que su marido invierte en el juicio lo aleja de un trabajo remunerado. Sin embargo, esta reticencia desaparece de manera drástica escenas después, llegando al extremo de decirle a Randol que está bien que viaje a Washington a una audiencia ante la Corte Suprema mientras ella da a luz a su segundo hijo. El cambio de mentalidad de este personaje no es explicado, y parece ocurrir simplemente porque la película lo necesitaba.

Resulta evidente además la fórmula que la cinta busca crear entre sus personajes principales. El abogado acepta ayudar a Maria basado más que nada en el valor monetario de la pintura, pero a medida que el caso avanza y se van conociendo mejor, termina comprendiendo el valor sentimental que inspira a su clienta. La mujer es mostrada como una anciana encantadora que de vez en cuando dice unos comentarios irónicos que tienen fines cómicos, como lo que ocurría en Philomena (2013), pero no se llega a alcanzar la conexión que existía en aquella cinta. Los mejores momentos de Helen Mirren no son las escenas donde encarna a esta caricatura de abuela sin filtro, sino que las ocasiones donde vemos a través de su ingenuidad y notamos su fragilidad. Ryan Reynolds, por su parte, es un actor que no tiene un registro demasiado amplio, y vuelve a demostrarlo en esta cinta ya que es superado por las exigencias de su rol.

De manera similar a The Monuments Men (2014), que también trataba sobre el robo de obras de arte por los nazis, la película no es capaz de trascender los límites de lo común y corriente, entregando un resultado poco memorable que no le hace justicia al tema tan fascinante que trata de explorar. Es claro lo que se intenta lograr a través de su guion, banda sonora y el tipo de personajes mostrados, pero hay una gran diferencia entre intentar algo y realizarlo. A veces, la elección de una buena historia no es suficiente para suplir los defectos de la manera en que ésta es narrada.

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