Ant-Man (2015)

Ant-Man_posterSi Ant-Man (Ant-Man: El Hombre Hormiga), la nueva película de Marvel Studios, hubiese sido mala, la mayoría de los críticos habrían apuntado sus dedos a un elemento en particular. La salida del cineasta británico Edgar Wright de este proyecto debido a diferencias creativas levantó varias dudas acerca de cómo resultaría todo esto, bajando las expectativas que teníamos quienes estábamos interesados por lo que podría hacer junto a estos personajes. Sin embargo, la cinta terminó siendo sorpresivamente buena, lo que nos obliga a usar una perspectiva más amplia para analizarla, desechando una explicación simplista acerca de su calidad y optando por algo más sustancial.

Las especulaciones sobre lo que habría hecho Wright no han desaparecido. Su visión artística es indudablemente más interesante que la de su reemplazo, Peyton Reed, cuyo estilo resulta algo plano durante la mayoría de las escenas. Pero el hecho de que la película haya superado la desconfianza de los espectadores deja este debate en un segundo plano. El foco, por lo tanto, se detiene sobre otros aspectos, como el tono liviano de la trama que le entrega un aire fresco al universo cinematográfico de Marvel que no veíamos desde la cinta que le dio origen a todo, Iron Man (2008). A diferencia de sus últimas entregas, donde el clímax gira en torno a batallas de gran escala, cuyas consecuencias pueden resultar fatales para la humanidad, en Ant-Man se opta por un conflicto mucho más modesto. Todavía hay guiños a otros personajes y películas del estudio, pero no tienen una trascendencia tan gigantesca.

Al igual que su protagonista, la película está más cómoda en un ambiente acotado, donde son los detalles los que importan. La cinta aprovecha los poderes del personaje para crear unas ingeniosas secuencias de acción, jugando con su capacidad para encogerse y volver a su tamaño normal. Además, se varían las perspectivas para darle a una misma situación diferentes resultados. Así, una pelea entre dos personajes a una escala microscópica puede ser épica y emocionante, pero vista desde más lejos, desde el punto de vista de una persona común y corriente, adquiere un evidente tono humorístico. Gracias a esto, el enfrentamiento final adquiere un carácter lúdico, que escapa de la monotonía que ha ido afectando a algunos blockbusters contemporáneos.

Este ritmo ágil que adquiere la película se demora un poco en aparecer, ya que el primer tercio del metraje parte de manera lenta, presentándonos el contexto donde se desarrollará la historia. Es durante estos minutos que conocemos a Hank Pym (Michael Douglas), un brillante científico que desarrollo unas partículas que son capaces de encoger a las personas, aumentando su fuerza y convirtiéndolas en unos peligrosos guerreros. El personaje participó en varias misiones durante la Guerra Fría adoptando el nombre de Ant-Man, pero abandonó su identidad secreta para dedicarse a la investigación tecnológica. En la actualidad, Pym se encuentra retirado y su empresa está en manos de su antiguo protegido, Darren Cross (Corey Stoll). Cross se encuentra cerca de descubrir el secreto de su mentor, y planea desarrollar una serie de trajes llamados Yellowjacket que venderá con fines militares.

Dado que la tecnología puede resultar peligrosa en las manos equivocadas, Pym decide detener a Cross, para lo cual deberá robar su prototipo. Sin embargo, el tiempo que ha pasado desde que dejó la identidad de Ant-Man le impide volver a vestir su traje. Y pese a que su hija Hope (Evangeline Lilly) tiene las capacidades necesarias para realizar la misión, no quiere ponerla en un riesgo de esa envergadura, sobre todo tras haber perdido a su esposa Janet. Es por eso que recurre a un exconvicto llamado Scott Lang (Paul Rudd) para que haga el trabajo. Lang, que fue encarcelado tras sabotear financieramente a una compañía inescrupulosa que estafaba a sus clientes, posee el compás moral necesario para ayudar al científico y de paso redimirse.

Es una vez que Scott Lang encuentra el traje de Pym que la trama se pone en movimiento y ocurren las secuencias más entretenidas de la película. Estamos básicamente ante un heist film, donde somos testigos de la planificación y ejecución de un intrincado robo, como en Ocean’s Eleven (2001). Y al igual que en ese tipo de películas, la importancia no solo radica en el delito en sí, sino también en los personajes que lo realizan. Es esta exitosa combinación la que hace de Ant-Man una buena cinta. Como es costumbre con los trabajos de Marvel Studios, la interacción entre sus personajes es su gran punto fuerte, lo que es potenciado gracias a las actuaciones de Rudd, Lilly, Douglas, y especialmente Michael Peña, quien se roba todas las escenas en las que aparece.

Quienes dicen que lo que está en juego en esta cinta no es tan grande como lo que ocurría en Captain America: The Winter Soldier (2014) o Avengers: Age of Ultron (2015) tienen razón. Pero eso no significa que no sea importante. Cuando te interesas por los personajes y lo que les puede pasar, no es necesario que el destino del mundo esté en peligro para que nos sintamos involucrados con la historia. Ahí está el mérito de la película, en hacer que las relaciones de sus personajes se conviertan en el núcleo de la obra: Ya sea la redención de Scott Lang y su afán por no decepcionar a su hija, o la oportunidad que tiene Hank Pym de hacer las paces con Hope, enfrentando un hecho del pasado que había mantenido en secreto. Sobre este último punto, es rescatable lo que se hace al explicar por qué Hope no puede usar el traje de su padre. Es un aspecto que se refiere de forma directa a la gran deuda que ha tenido Marvel con sus superheroínas, pese a que igualmente la deja en un segundo plano respecto de Scott.

Uno de los defectos de Ant-Man, y que se ha transformado en algo recurrente en los proyectos del estudio, es su villano. En términos de diseño y motivaciones supera a otros como Whiplash o Malekith, pero le falta algo para que sea tan memorable como Loki. Aún así, la película resulta incluso más satisfactoria que la segunda Avengers, tanto en estructura como en el desarrollo de personajes. Con la esperada llegada del universo cinematográfico de DC Comics, gracias al estreno de Batman v Superman: Dawn of Justice y Suicide Squad el próximo año, es bueno ver que Marvel ha permanecido fiel a su fórmula, privilegiando las personalidades de sus superhéroes por sobre otras cosas. Los trabajos liderados por Kevin Feige funcionan dentro del tono que han escogido, y es cosa de tiempo para ver cómo se desenvolverá la estrategia de Warner Bros con sus respectivos proyectos.

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