Creep (2014)

Creep_2014_PosterUn camarógrafo llamado Aaron (Patrick Brice) viaja a las montañas tras contestar una oferta de trabajo que encontró por casualidad. El aviso no era demasiado preciso, y se limitaba a señalar que requería de alguien que operara una cámara durante un día, debiendo además guardar discreción sobre lo que ocurriría. Al llegar a una cabaña en medio del bosque se encuentra con su empleador, Josef (Mark Duplass), quien le explica que tiene un tumor en el cerebro y solo le restan un par de meses de vida. Dado que su esposa está embarazada, y lo más probable es que no viva lo suficiente hasta que ella dé a luz, la idea consiste en hacer una especie de video-diario que sirva como registro para que pueda ser visto años después por su hijo.

Durante el resto del día, Aaron sigue a Josef junto a su cámara, registrando diversas actividades, incluyendo una excursión a un río, un almuerzo y hasta un baño de tina. La extraña actitud de Josef, quien posee un extravagante sentido del humor y una personalidad que es difícil de descifrar del todo, hace que el camarógrafo se mantenga alerta durante todas las actividades, sin saber lo que ocurrirá después. Los sucesos que experimenta el protagonista van aumentando en intensidad, lo que lo lleva a la conclusión de que la persona con quien está hablando es sospechosa. Aaron descubre que Josef no ha sido completamente honesto acerca de quién es y qué es lo que quiere, así que deberá escapar lo más rápido posible de él antes de que ocurra algo más grave.

Con un presupuesto bastante reducido, y una premisa que es capaz de llamar la atención desde el primer momento, Creep es ese tipo de proyectos que atrae a Mark Duplass, quien no solo participó como protagonista junto al director Patrick Brice, sino también como coguionista. De manera similar a The One I Love (2014), la cinta donde actuó junto a Elisabeth Moss, en esta nueva película existe algo que se esconde bajo la superficie del relato y está esperando por salir. Pero si bien la combinación de un subgénero como el metraje encontrado y un personaje mentalmente inestable parece ser el punto de partida propicio para una cinta de terror genérica y olvidable, el mérito de esta obra es que posee la libertad para jugar con el tono utilizado, creando una historia que a veces es tétrica y en otras extrañamente cómica.

Gran parte de eso se debe a la actuación de Duplass, cuyo carisma le otorga al personaje de Josef una dimensión que probablemente no se habría logrado en manos de otro intérprete. No cabe duda que se trata de un hombre peculiar, obsesivo, mitómano e incapaz de interactuar de forma normal con otras personas, pero su forma de actuar impide saber con certeza si estamos ante alguien peligroso o simplemente extraño. Duplass tiene esa capacidad para transmitir una inocencia genuina a través de sus ojos, pese a que el resto de sus acciones parecen esconder algo más sombrío. La cuota de ambigüedad se mantiene a lo largo del relato, hasta que el desenlace que ocurre durante los últimos minutos nos deja en claro cuáles son las verdaderas motivaciones del personaje.

El particular humor de la cinta no recurre a chistes directos, sino que a situaciones incómodas donde Aaron y Josef interactúan de forma torpe, como en el ya mencionado baño de tina. En términos de tono, Creep parece estar a mitad de camino entre una película de terror y una comedia indie. Sin embargo, y si bien estamos ante un interesante caso donde se trata de experimentar con elementos conocidos, tratando de subvertir el resultado, el nivel de creatividad demostrado en sus escenas no alcanza la genialidad de una obra como What We Do in the Shadows (2014), por ejemplo. No hay en ella algo que permita recomendarla como si se tratase de algo imprescindible. La reacción que genera está más cerca de comentarios del tipo “si llegan a verla, no se van a decepcionar”.

Sus méritos se encuentran más ligados al tipo de producción y a la hazaña de hacer una película con un presupuesto y unos elementos tan reducidos. Una cámara, un par de personajes, algunas locaciones y una buena historia, parecen ser todo lo necesario. Pero aún así, tampoco estamos ante una cinta como Coherence (2013), donde la forma en que se aprovechan los elementos que estaban al alcance del director es mucho más admirable. Además, el relato no resulta tan pulido, ya que los momentos que fueron improvisados por Duplass y Brice presentan esas costuras tan visibles del movimiento mumblecore. No hay nada que indique que una escena determinada no haya podido durar algunos minutos más o menos de lo que dura, ya que la sensación de relleno se nota en la mayoría de ellas.

Incluso el desenlace, que es uno de los puntos más potentes de la cinta, no es del todo impredecible. Lo mejor de Creep está en la forma en que va creando el misterio y la tensión entre los personajes, no tanto en la resolución de los mismos. Considerando lo repetitivas que pueden ser las películas de metraje encontrado, se agradece la manera en que Patrick Brice logra innovar algunos de sus elementos. De vez en cuando utiliza una ingeniosa manera de cambiar la perspectiva de la cinta, jugando con la idea del punto de vista y la identidad de quien está registrando la acción a través de la cámara. Esto hace que el relato sea más dinámico, y crea una interesante dimensión para fabricar nuevos sustos.

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