Unfriended (2014)

Unfriended_posterEl cine no puede ser algo estático. Debe ser capaz de evolucionar, de crear nuevas historias o nuevas formas de contar las que ya conocemos. De lo contrario estará destinado al fracaso, a la monotonía. Esto es especialmente notorio en el cine de terror, un género bastante prolífico donde las modas y los lugares comunes son identificados con mayor facilidad. Es cosa de ver lo que ha pasado durante los últimos años con el subgénero del metraje encontrado (o found footage), que se ha convertido casi en la regla general al momento de ver películas de terror. Algo que partió como una técnica novedosa para asustar, se terminó convirtiendo por culpa del uso excesivo en una fórmula repetitiva que ha sacado a relucir sus limitaciones.

Son cintas como Unfriended (Eliminar amigo) las que tratan de subvertir el status quo, ya que exploran los límites del género a través de herramientas novedosas. Parece apropiado que una de las compañías que la financió sea Blumhouse Productions, empresa que también estuvo a cargo de Paranormal Activity (2007), la película que popularizó la técnica del metraje encontrado y dio inicio al actual panorama del cine de terror. No podemos culpar a una sola cinta por la falta de visión de los múltiples imitadores que surgieron después, ya que cuando decidieron producirla se trataba de una idea pocas veces vista. Quizás vaya a ocurrir lo mismo con Unfriended, y no por eso vamos a negar sus méritos.

La película es contada a través de la pantalla del computador de una adolescente llamada Blaire (Shelley Hennig). Ese es nuestro restringido marco de acción. Las interacciones que la protagonista tiene con el resto de los personajes –su novio Mitch (Moses Storm), y sus amigos Ken (Jacob Wysocki), Jess (Renee Olstead), Adam (Will Peltz) y Val (Courtney Halverson)- se llevan a cabo a través del computador, ya sea con videollamadas de Skype o mensajes de Facebook. La tensión surge cuando la conversación de los personajes es interrumpida por una misteriosa persona que dice ser Laura Barns, una compañera de colegio que se suicidó hace un año. En un comienzo creen que se trata de un hacker, pero poco a poco irán experimentando sucesos paranormales que apuntan a otro tipo de explicación.

No es la primera vez que un concepto como este es llevado a una película de terror. En la cinta The Den (2013) de Zachary Donohue se usa un videochat para contar la historia, al igual que en el segmento “The Sick Thing That Happened to Emily When She Was Younger” que dirigió Joe Swanberg para V/H/S (2012). Pero se trata de un puñado de casos no tan conocidos, así que lo más probable es que las personas que vean Unfriended se encuentren con algo novedoso, lo que hará más interesante su experiencia. Además, en la película se opta por un mayor realismo al momento de desarrollar la técnica, ya que no está limitada a la conversación que tienen los personajes por Skype, sino que va saltando entre diversos programas y sitios web, lo que refleja de manera fiel la experiencia multitasking de un adolescente que está ocupando su computador.

Estamos ante un retrato convincente de una determinada época y de la generación que la habita. Pero si bien eso es algo positivo, también puede traer algunos problemas, ya que se arriesga a quedar obsoleta en el futuro. Con la velocidad a la que avanza la tecnología, no sería de extrañar que en un par de años las cosas mostradas resulten arcaicas para los nuevos espectadores. La forma con la que explora estos elementos puede llegar incluso a ser una limitante en la actualidad, ya que las audiencias mayores pueden no entender del todo lo que está ocurriendo. ¿Cómo saber hacia dónde mirar si la pantalla está llena de objetos? Esta interrogante se intenta resolver a través del cursor, que sirve como guía para nuestros ojos, indicando a qué debemos prestar mayor atención, pero aún así subsisten las dudas sobre cómo alguien de 40 o 50 años va a reaccionar ante esta película. La diferencia que existe entre ellos y los adolescentes actuales puede resultar abismante en términos tecnológicos, ya que estos últimos han vivido en un mundo donde todo lo que es digital forma parte esencial de sus vidas.

Los personajes que aparecen en la cinta, con excepción de la protagonista, son seres que generan poca a nula empatía. Y esto es algo que la película busca, ya que estamos ante una historia de venganza donde los adolescentes no son tan inocentes como quieren aparentar. Se trata de una especie de I Know What You Did Last Summer (1997) en el entorno digital. La novedad proviene de la forma en que los personajes provocaron la desgracia de la víctima, lo que no ocurrió tras atropellarla ni por causarle un daño físico, sino que por lo que hicieron a través de internet. El núcleo de la película está compuesto por el cyber bullying o ciberacoso, una práctica que lamentablemente es algo común en la actualidad. La masificación que permiten alcanzar las redes sociales, así como el anonimato que otorgan, ha servido para crear una nueva forma de maltrato que tiene un impacto mayor que el que se hacía en persona, cara a cara.

De una u otra manera, todos los personajes contribuyeron a la muerte de Laura Barns, la que desencadenó por una acumulación de factores. Como es de esperar, ellos niegan esa acusación, restándole importancia, pero la verdad termina saliendo a flote. Más allá del tema sobrenatural que los asecha, todo lo que ocurre en la película puede ser visto como una manifestación de la culpa que tienen escondida. Gracias a esto, Unfriended escapa de ser un simple truco publicitario, logrando un equilibrio entre estilo y sustancia. La tecnología mostrada puede pasar de moda en un tiempo más, pero sus reflexiones sobre la forma en que internet afecta la vida de las personas van a quedar, y eso es lo importante.

Hay algunos aspectos que impiden que estemos ante una gran película. Las actuaciones, por ejemplo, no son del todo convincentes, el desarrollo de la trama resulta predecible, y siendo honesto no es una cinta demasiado terrorífica. Sin embargo, es meritorio lo que el director Levan Gabriadze logra hacer con esta particular forma de contar una historia. El gran desafío que existía era crear sustos sin contar con uno de los elementos fundamentales del cine de terror, que es la relación entre los personajes y el espacio físico. Existe una gran importancia en qué es lo que aparece en la pantalla y cómo. Halloween (1978) no sería lo mismo sin esos momentos donde vemos a Michael Myers entre medio de unas sábanas colgadas o atrás de un arbusto, y la película Night of the Living Dead (1968) no tendría el mismo efecto si la casa donde están los personajes no estuviese asediada por zombies.

Como las escenas de Unfriended están ambientadas en un entorno digital, este tipo de sustos no pueden realizarse, así que es necesario recurrir a otras estrategias. Y el resultado funciona. Es sorprendente la tensión que logra la película a través de algo tan simple como un mensaje de chat o una notificación de Facebook. Eso demuestra que los responsables de la cinta son conscientes tanto de las restricciones como de las fortalezas del medio en el que están trabajando.

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