Far from the Madding Crowd (2015)

Far_from_the_Madding_Crowd_posterNo estoy familiarizado con la obra de Thomas Hardy, el cine de época –sobre todo el ambientado durante la era victoriana- no me llama demasiado la atención, y los melodramas no me terminan de convencer. ¿Por qué entonces decidí ver Far from the Madding Crowd, una película que tiene lugar en la Inglaterra rural de fines del siglo XIX cuya historia está basada en una novela del autor recién citado? La respuesta es el director danés Thomas Vinterberg, quien hizo Jagten (2012), probablemente una de las cintas que más me han gustado en los últimos años. El proyecto presenta además algunas innovaciones respecto al resto de la filmografía del cineasta, quien generalmente escribe los guiones de sus obras desde cero y acostumbra a ambientarlas en una época contemporánea.

Existe un gran atractivo que se nota desde el primer momento, gracias a un diseño de producción que demuestra atención por los detalles y un elenco de innegable talento. La fotografía a cargo de Charlotte Bruus Christensen aprovecha que la mayoría de las escenas están ambientadas al aire libre para crear unas imágenes que hacen recordar pinturas costumbristas, retratando la vida en el campo a través de cosechas de trigo o el arreo de ganado. La banda sonora de Craig Armstrong, por su parte, cuenta no solo con la capacidad para ser agradable, sino que además logra evocar la época que está siendo retratada. Sin embargo, pese a estas virtudes la cinta no llega al nivel de calidad que uno esperaría de una obra de Vinterberg, quedando relegada a un puesto menor dentro de su filmografía.

La película es protagonizada por Bathsheba Everdene (Carey Mulligan), una joven de origen modesto que hereda una prestigiosa granja de su fallecido tío. Con una actitud independiente y decidida, Bathsheba decide administrar la granja por su cuenta, pese a que se trata de un negocio dominado casi exclusivamente por hombres. Pero sus aspiraciones profesionales no serán su única preocupación, ya que durante el metraje será pretendida por tres hombres que buscan casarse con ella: Gabriel Oak (Matthias Schoenaerts), un hábil ovejero que cayó en desgracia tras la pérdida de su rebaño, pasando posteriormente a trabajar para la protagonista; William Boldwood (Michael Sheen), un adinerado terrateniente que guarda en su interior una decepción amorosa del pasado; y Francis Troy (Tom Sturridge), un arrogante sargento cuya audacia llama la atención de Batsheba.

Debido a la química que comparten Mulligan y Schoenaerts, y el hecho de que Oak es el primer pretendiente que conocemos, nuestra atención como espectadores está puesta sobre lo que ocurrirá con esa pareja. Que ambos terminen juntos se convierte así en una especie de desenlace esperado, y el resto de los elementos amorosos devienen en distracciones más que en otra cosa. Pese a que la aparición de Boldwood y Troy presenta los aspectos suficientes para ser vistos como opciones razonables, transmitiendo el interés que pueden generar en la protagonista, estos pretendientes nunca llegan a tener la importancia del ovejero, quien parte con ventaja y cuenta además con la empatía del público. Es importante además el hecho de que la situación económica del personaje se encuentre en un plano de disparidad con los otros dos “rivales”, lo que lo convierte en una especie de underdog.

Los personajes de la película no solo deben lidiar con las acciones del resto, sino también con la acción de la propia naturaleza. Es interesante el rol que tienen los hechos de fuerza mayor en la vida de Batsheba y las personas que la rodean, ya sea el actuar incomprensible de un perro ovejero, la confusión al momento de recordar el nombre de una iglesia, la llegada de una tormenta, la repentina enfermedad de un rebaño de ovejas, o el encuentro fortuito de dos personajes en medio de la noche. Este tipo de sucesos pueden ser vistos desde diversas perspectivas. Pueden ser, por ejemplo, un reflejo de la mera casualidad, la manifestación de un destino inexorable, o incluso la materialización del deseo oculto de los personajes.

Como estamos ante la adaptación de una novela de varias páginas, hay obviamente algunos elementos que debieron ser dejados fuera del relato para acomodarlo a las dos horas de duración que tiene Far from the Madding Crowd. Esto no es un problema per se, sino que algo necesario cuando se traslada una obra literaria a la pantalla grande. El problema surge cuando la adaptación no se lleva a cabo de la mejor manera. No es necesario haber leído el libro de Hardy para darse cuenta de que estamos ante una versión comprimida de algo que originalmente era más grande y complejo. El montaje de la película parece apresurar ciertos momentos haciéndolos artificiales, evitando que la relación entre Batsheba y sus pretendientes se desarrolle de manera natural.

La construcción de la propia protagonista parece simplificada. El guion de David Nicholls toma el carácter contradictorio del personaje, sus incertidumbres y dilemas, las que en otras manos podrían haber dado lugar a algo interesante, reduciéndolas a una maraña difusa y lejana. La película no se da el tiempo necesario para adentrarse en la mente de Batsheba y entender lo que ocurre con ella. El conflicto entre la independencia a la que aspira, y la necesidad que le impone la sociedad de buscar un hombre, algo que tiene unas implicancias de género muy poderosas, podría haber sido mejor aprovechado. Sobre todo con frases tan buenas como “es difícil para una mujer definir sus sentimientos en un idioma inventado por los hombres para expresar los suyos”.

Desde un punto de vista general, la película cumple, pero es difícil no pensar en que podría haber sido mejor. Teniendo a un director del talento de Thomas Vinterberg, un elenco como este, y el nivel de producción que posee, queda una sensación de que no todo fue aprovechado completamente. Sin exagerar, creo que la escena de la iglesia en Jagten tiene una mayor fuerza emocional que todo lo que vemos en Far from the Madding Crowd.

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