Turbo Kid (2015)

Turbo_Kid_posterYa desde sus primeros minutos, Turbo Kid se encarga de dejar bien en claro cuál es la época que busca emular. Durante los créditos iniciales aparece el logo de la compañía productora Epic Pictures, acompañada del mensaje “líder #1 en venta de Laser Disc”, y la narración de las escenas introductorias nos indica que la historia está ambientada en el futuro, en el lejano año de 1997. La película empuña con orgullo su influencia ochentera, pero lo hace además sabiendo que un mero ejercicio nostálgico no es suficiente para sustentar un largometraje. Los directores canadienses Anouk Whissell, François Simard y Yoann-Karl Whissel, quienes trabajan bajo el nombre colectivo de RKSS (Road Kill Super Stars), logran un equilibrio preciso entre estilo y sustancia, evitando así que la cinta caiga en el terreno de lo simplemente anecdótico.

Basada en un cortometraje que los directores hicieron para la antología The ABCs of Death (2012), el que pese a no ser incluido en el producto final recibió una buena respuesta del público, la película posee una clara influencia del cine y la cultura popular de los años 80. Los hechos narrados ocurren en un futuro posapocalíptico, donde el planeta ha sido arrasado por una mortífera lluvia ácida, destruyendo los recursos naturales y llevando a los sobrevivientes a un constante estado de guerra. Esto ha dado origen a una sociedad en ruinas, similar a la mostrada en la saga Mad Max de George Miller, pero a diferencia de aquel universo, donde los personajes ocupan el escaso combustible que queda para alimentar a sus vehículos, los de Turbo Kid optan por movilizarse en bicicletas, una decisión que nos entrega una clara muestra del particular humor presente en la película.

Nuestro protagonista es un adolescente anónimo (Munro Chambers) que recorre el desolado territorio en busca de cosas que pueda cambiar por agua o por cómics de su superhéroe favorito, Turbo Rider. Un día, conoce a una extraña joven llamada Apple (Laurence Leboeuf), quien de manera insistente se incorpora a la vida del personaje principal. El joven no logra descifrar del todo el comportamiento de su nueva acompañante, pero los años que ha pasado solo en este mundo hostil le hacen recibir con agrado la presencia de otra persona. Sin embargo, el vínculo que se va produciendo entre ambos personajes es interrumpido por Zeus (Michael Ironside), el malvado gobernante que controla ese territorio. Con la ayuda de un vaquero llamado Frederic (Aaron Jeffery), el joven y Apple deberán enfrentar a los secuaces de Zeus y recuperar su libertad.

En el fondo, la historia de Turbo Kid pertenece a ese subgénero de las coming of age stories. Es decir, aquellas que narran la maduración del protagonista, quien pasa de la niñez a la adultez a través de un proceso que no es sencillo para él, pero si necesario. El personaje principal de la película es un ser que tiene un fuerte vínculo con su infancia, reflejado en los objetos que lleva consigo, como los cómics que lee o el View-Master que cuelga de su cuello. A diferencia de su ídolo ficticio, un héroe valiente y poderoso, él es una persona que evita las confrontaciones y trata de no arriesgarse más de la cuenta. La transición que debe hacer a lo largo de la cinta lo lleva a asumir un rol más activo, defendiendo aquello que le importa, lo que además viene a enmendar un grave episodio que marcó su pasado.

Otro aspecto importante es la relación entre el protagonista y Apple, la que se convierte en el corazón de la película. Si bien el personaje femenino se acerca peligrosamente al cliché de la Manic Pixie Dream Girl, al ser una joven ingenua, extravagante y unidimensional, cuyo principal objetivo parece consistir en maravillar al personaje masculino, el guion se encarga de introducir una razón que explica su comportamiento. La actuación de Laurence Leboeuf es otro punto a favor del personaje, lo que sumado a la interpretación más contenida de Munro Chambers, crea una buena química entre ambos, haciendo que los momentos que comparten resulten creíbles pese al excéntrico mundo en el que está ambientada la cinta.

Si miramos la superficie de la película podemos encontrar varios elementos llamativos, como un diseño de vestuario colorido que genera un potente contraste con el territorio gris donde están filmadas las escenas, varias referencias sutiles a la cultura popular de los años 80 que van creando una atmósfera anacrónica, y unos efectos especiales que destacan por un uso excesivo del gore, el que alcanza un carácter cómico similar al de los primeros trabajos de Peter Jackson o Sam Raimi. Estos objetos por si solos no son suficientes para crear una película, y por eso la importancia del viaje personal que debe emprender el protagonista y la relación que se forma con Apple, ya que esto crea una conexión especial con el espectador. Nos obliga a preocuparnos por lo que ocurrirá con los personajes principales y a preguntarnos si van superar los peligros que encuentran en su camino.

Como fue filmada con un presupuesto bastante modesto, Turbo Kid no puede darse los lujos de tener un nivel de producción impresionante, con grandes decorados y cientos de extras. La mayoría de las escenas tienen lugar al aire libre, en paisajes baldíos. La guarida de Zeus consiste en una especie de fábrica abandonada, y su arena de combate es una piscina sin agua. En otra película, estas limitaciones podrían llegar a ser perjudiciales para la imagen que se busca crear, pero en esta forman parte de su encanto. La cinta no trata de escapar de su carácter excéntrico, sino que lo utiliza como emblema. Ese tipo de honestidad es admirable.

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