Fehér isten (2014)

White_God_posterExiste una novela titulada The Incredible Journey, que ha sido adaptada en dos ocasiones al cine, primero en 1963 y luego en 1993. En ella se cuenta cómo un trío de mascotas –dos perros y un gato- se ven separados de sus amos a varios kilómetros de distancia, emprendiendo un largo viaje para reencontrarse con sus dueños. En la película húngara Fehér isten (White God) el punto de partida es similar, ya que la protagonista es separada de su perro, pero el director Kornél Mundruczó opta por un camino menos convencional. Mientras la novela gira en torno al amor incondicional de las mascotas a sus amos, y a la lealtad que los lleva a pasar por varias aventuras para reunirse con ellos, en esta cinta la estrategia es modificada, incorporando un elemento subversivo a la fórmula.

La película demuestra un claro interés por jugar con los géneros narrativos y las expectativas del público. Esto queda claro durante los primeros minutos de la cinta, donde se muestran las calles de la ciudad de Budapest vacías, salvo por una niña en bicicleta. La calma es interrumpida por la aparición de un grupo de perros, los que siguen a la niña creando una imagen potente, difícil de olvidar. Si bien el impacto de este prólogo no llega a ser del todo superado durante el resto de la película, es una manera efectiva de empezar el relato, ya que capta de inmediato la atención del espectador. La idea de un grupo de animales asediando a las personas hace recordar a películas como The Birds (1963) de Alfred Hitchcock, pero en vez de optar por una amenaza abstracta e incomprensible, el director nos enseña las causas de este suceso, acercándose más a un caso como el de Rise of the Planet of the Apes (2011).

Durante el resto del metraje vemos cómo se llegó a la situación mostrada en estos minutos introductorios. Descubrimos, por ejemplo, que la niña en bicicleta se llama Lili (Zsófia Psotta) y que tiene un perro llamado Hagen. Dado que su madre estará fuera del país durante varias semanas, la protagonista deberá vivir junto a su padre (Sándor Zsótér), con quien tiene una relación distante. Los problemas entre ambos aumentan por la presencia del perro, llegando al punto de que el padre de Lili decide dejarlo abandonado en la calle. A partir de entonces el relato se divide en dos, mostrando por un lado los esfuerzos de la niña por encontrar a su mascota, así como la agudización de los problemas con su padre, y la experiencia de Hagen viviendo lejos de su dueña, uniéndose a un grupo de perros callejeros y sufriendo los efectos de la crueldad de las personas que encuentra en su camino.

El mensaje animalista enarbolado por la película es bastante claro, pero es lo suficientemente cuidadoso de no caer en el sermoneo. Hagen vive en carne propia la manera en que los seres humanos pueden llegar a maltratar a los animales, incluida una brutal secuencia de peleas ilegales, filmada con una crudeza que no se veía desde la cinta mexicana Amores perros (2000). Es esta crueldad a la que es expuesto la que transforma al animal y lo lleva a su límite, dejando de lado el miedo y enfrentando cara a cara a sus perseguidores. Las imágenes que vimos al comienzo de la película son el punto de ebullición de la violencia que los perros han debido soportar a lo largo de sus vidas, decidiendo ahora responder de la misma manera.

No tengo claro si se debe a la barrera del idioma, pero las actuaciones en la película son correctas a lo más. Debido a eso, los grandes protagonistas de la historia son los perros que aparecen en pantalla, especialmente Hagen, cuya transformación resulta creíble gracias a la expresividad que se logra a través de su lenguaje corporal. La tarea de controlar animales, sobre todo en escenas donde deben participar tantos, no es nada sencilla, y el propio director ha reconocido que la cinta no habría resultado sin el trabajo de la amaestradora Teresa Ann Miller, quien estuvo a cargo de coordinar esos momentos. El clímax de la película alcanza un nivel casi irreal debido al número de perros involucrados, y su impacto no habría sido el mismo en caso de haberlo hecho a una escala menor.

Si bien su historia gira en torno a animales, Fehér isten no se encuentra limitada por ese elemento. La capacidad alegórica de la película permite extender su mensaje a otros temas. Uno de los aspectos que inspiró a Mundruczó para escribir el guion fue un proyecto de ley que buscaba cobrar mayores impuestos a los dueños de perros mestizos, privilegiando así a la tenencia de razas puras. Aunque la norma no fue aprobada, la idea de que se hiciera una propuesta como esa fue suficiente para que el director lo usara como base. La regulación basada en la pureza de una determinada raza puede ser vista como un comentario acerca de la inmigración en Europa y la discriminación que existe en aquellos países, algo muy relevante en la actualidad.

Los cambios de géneros que se producen durante el metraje no son tan fluidos como uno desearía. El realismo con el que es presentada la historia, desde la llegada de Lili al departamento de su padre hasta el abandono de Hagen, contrasta bastante con los sucesos que vive el perro por su cuenta y el posterior alboroto que se produce en la ciudad cuando los perros escapan del refugio de animales. Estas escenas parecen sacadas de un thriller o de una película de terror, y de vez en cuando cuesta tomarlas en serio. Sin embargo, los esfuerzos por hacer algo diferente, que escapa de lo habitual, merecen ser reconocidos.

Uno de los elementos con los que juega la cinta es la variación del punto de vista, algo que se nota especialmente cuando Lili y Hagen están separados. La subtrama del perro es mostrada desde su propia perspectiva, lo que nos lleva a identificarnos con lo que debe soportar. Es por eso que la “revolución” que lidera durante el último tercio de la película no resulta ajena, ya que hemos visto las razones que los llevaron a tomar ese camino. La cuestión de la perspectiva queda más clara durante la escena final, donde el entendimiento y la empatía son las principales estrellas. Gracias a un uso preciso de la “Rapsodia húngara N° 2” de Franz Liszt, que había sido utilizada a lo largo de la película como leitmotiv, el momento es tan elocuente como emocionante.

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