The Martian (2015)

The_Martian_posterCuando se supo que The Martian (Misión Rescate) sería protagonizada por Matt Damon, surgieron varios chistes comparando esta historia con otras películas donde el actor ha participado en un rol similar. Se mencionó, obviamente, Saving Private Ryan (1998) de Steven Spielberg, donde un escuadrón de soldados debe encontrar y rescatar al personaje interpretado por Damon en medio de la Segunda Guerra Mundial, y también se recordó el caso de Interstellar (2014) de Christopher Nolan, que también muestra al actor en un planeta desierto, esperando la llegada de un equipo de rescate que lo lleve de vuelta a su hogar. Al igual que este segundo ejemplo, la cinta se enmarca dentro del género de la ciencia ficción, y en ambas hay un claro énfasis por sus aspectos más científicos.

Andy Weir, el autor de la novela de 2011 en la que está basada la película, se encargó de investigar minuciosamente las posibilidades de sobrevivir en un planeta como Marte, tomando en cuenta la tecnología disponible en aquel entonces, con el fin de que su libro fuese lo más fiel posible a la realidad. La cinta hace un buen trabajo trasladando esa estrategia a la pantalla grande, pero sin olvidar que esto debe ser complementado con una trama y unos personajes lo suficientemente fuertes para que sirvan como base para la obra. Esto es algo que Nolan olvidó con su película, donde las teorías sobre astrofísica y mecánica cuántica dejaron conformes a personas entendidas en el tema como Neil deGrasse Tyson, pero desde un punto de vista narrativo el resultado final no logró convencer. Esto no ocurre con The Martian, ya que el guionista Drew Goddard y el director Ridley Scott logran una combinación precisa entre ambos elementos.

La historia comienza en Marte, donde los miembros de la misión Ares III se encuentran registrando información sobre el planeta. La estadía de los investigadores es interrumpida por una tormenta gigantesca, la que los obliga a volver a la Tierra. Mientras intentan escapar, uno de los personajes, Mark Watney (Matt Damon), es atrapado por la tormenta y aparentemente pierde la vida. El resto de sus compañeros logra subir a la nave y se dirige de vuelta a casa, informando a la NASA la muerte del astronauta. La noticia es recibida con pesar por todos, pero lo que no saben es que Watney sobrevivió al accidente, quedando solo en Marte, sin los recursos suficientes para aguantar el tiempo necesario hasta que alguien lo vaya a rescatar. El protagonista, entonces, tendrá que hacer rendir sus previsiones, tratando de mantenerse con vida en un planeta sumamente hostil para el ser humano.

Estamos ante una película de sobrevivencia, donde el protagonista se enfrenta no a otros personajes, sino que a las inclemencias propias del lugar donde se encuentra. La particularidad es que los peligros presentes en The Martian son mucho más grandes que los que podrían existir en una historia ambientada en la Tierra, ya que si algo nos enseñó la cinta Gravity (2013) de Alfonso Cuarón es que fuera de nuestro planeta las condiciones para que la vida prospere son muy escasas. Es por eso que el conocimiento científico del protagonista y su capacidad para improvisar se convierten en sus principales herramientas, en un relato donde la atención por los detalles tiene una gran importancia.

Se han hecho varias cintas donde un personaje debe valerse por su cuenta, sin la ayuda de otras personas. Pero a diferencia de casos como Cast Away (2000), y especialmente All Is Lost (2013), donde los diálogos son reducidos al mínimo, no se podía seguir ese mismo camino con esta película, debido a la particular situación en que se encuentra su protagonista. Si en los demás ejemplos bastaba el lenguaje visual para explicar lo que estaba sucediendo, el grado de complejidad que existe con Mark Watney exige mayores explicaciones para transmitir los tecnicismos involucrados. No habría resultado tan claro si se hubiese mostrado simplemente al personaje realizando el proceso para obtener agua, ya que no habríamos entendido exactamente qué tan difícil era, ni todo lo que implicaba.

Debido a eso, se aprovechan los videos que va registrando el protagonista cada día para que funcionen a modo de narración, creando la ilusión de que Watney está hablando directamente a la cámara. La técnica nos permite además tener un vistazo preciso de la personalidad extrovertida del protagonista, haciendo que la experiencia de acompañarlo durante sus escenas sea lo suficientemente entretenida. Existe un número considerable de momentos cómicos, demostrando que los responsables del proyecto no temían no tomarse tan en serio, y la banda sonora llega incluso a ocupar canciones disco como “Turn the Beat Around” de Vicki Sue Robinson, “Waterloo” de ABBA o “Hot Stuff” de Donna Summer, lo que hace recordar la energía que lograba Guardians of the Galaxy (2014) con la elección de su música. El tono liviano que predomina durante la película, el que es acentuado por el carisma de su personaje principal, puede llegar en ciertos momentos a quitarle seriedad al peligro que está corriendo su vida. Sin embargo, esto es contrarrestado con secuencias más tensas que nos hacen recordar lo que está en juego, sobre todo durante el último tercio del metraje.

Con todos los diálogos expositivos que explican los aspectos más técnicos de la película, así como los chistes que aparecen de vez en cuando, es poco el tiempo que tiene Matt Damon para demostrar una interpretación más profunda. Su actuación se basa principalmente en la capacidad que tiene para generar empatía, representando esa imagen del hombre común y corriente (aunque armado de una inteligencia superior a la normal) que se encuentra envuelto en una situación extraordinaria. Solo en un par de ocasiones vemos la angustia en su rostro, el miedo de no regresar con vida a su planeta, ya que durante la mayor parte del tiempo está demasiado ocupado solucionando los problemas que se le presentan. Sus interrogantes están más cerca de lo pragmático que de lo existencial.

Cuando Watney logra ponerse en contacto con la Tierra, la cinta adquiere una gran variedad de personajes secundarios, quienes hacen que el ritmo del relato sea más ágil. Debido al número de personajes involucrados, no es demasiado lo que aprendemos sobre ellos, más allá de algún rasgo arquetípico que los diferencie en términos básicos. El rol que tienen es preferentemente funcional, sirviendo como las partes necesarias para poner en marcha el plan de rescate del protagonista. Si consideramos el nivel de actores que aparecen a lo largo de la cinta –incluyendo a Jessica Chastain, Chiwetel Ejiofor, Jeff Daniels, Kate Mara, Sean Bean, Michael Peña, Donald Glover o Sebastian Stan- es normal que surja el deseo de ver más de ellos, pero se entiende que con casi dos horas y media de duración, la película deba sacrificar el número de minutos de cada actor para privilegiar el equilibrio del relato.

El hecho de que el astronauta atrapado sea estadounidense y genere la solidaridad del mundo entero es una muestra más del egocentrismo de Hollywood, pero al mismo tiempo sirve como expresión de uno de los puntos centrales de la película. La solidaridad que aflora entre los personajes corresponde a una visión optimista del ser humano, donde se saca a relucir su lado más sociable, dejando de lado el individualismo. Para dejar más en claro este punto, el reparto está compuesto por un grupo diverso de actores, en términos raciales y de género, acentuando la importancia que tiene el espíritu colaborativo. The Martian se aleja de la tendencia que se puede observar en la filmografía de Riddley Scott, que tiende a ser más seria y en la que se muestra el lado más oscuro de la humanidad. Pese a las diferencias que pueden tener, todos los personajes están trabajando por alcanzar el mismo objetivo; las discusiones que tienen entre ellos dicen relación con la manera en cómo lo harán y si están de acuerdo con aceptar ciertos riesgos o no.

Como en Interstellar, la película es una carta de amor a la ciencia en general y a la Nasa en particular. La principal herramienta de los personajes que aparecen en la película es su inteligencia, la que es desafiada constantemente con los problemas que van surgiendo a lo largo del relato, en una muestra de lo que puede lograr el ser humano cuando ocupa su intelecto al máximo. Aunque las pretensiones de The Martian no son tan altas como las que tiene la cinta de Nolan, la forma en que maneja los elementos que tiene a su alcance es una muestra de que al momento de contar una historia el contenido de la misma puede quedar en un segundo plano, ya que lo más importante es la forma en que se expresa. Y en ese sentido, este es un claro ejemplo de un blokbuster bien hecho.

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