The Final Girls (2015)

The_Final_Girls_posterEl cine slasher tuvo un éxito tan grande como efímero. Tras una época dorada durante los años 80, donde las películas de asesinos que asechaban a grupos de adolescentes atraían multitudes a los cines, creando franquicias compuestas por un gran número de secuelas, el subgénero no pudo continuar con la misma fuerza durante la década siguiente. La fórmula tan acotada de estas historias permitía pocas variaciones, así que la repetición terminó por sepultarlas. Desde entonces, la estrategia más efectiva para intentar revivir a estas películas ha sido la deconstrucción del subgénero, exponiendo sus elementos y jugando con ellos, algo que fue utilizado por Wes Craven en Scream (1996) y que en años más recientes ha sido aplicado en obras como Behind the Mask (2006) y The Cabin in the Woods (2012).

Recientemente se estrenó una nueva película que disecciona al slasher, en un ejercicio que funciona al mismo tiempo como parodia y homenaje de sus principios. The Final Girls es protagonizada por Max Cartwright (Taissa Farmiga), una joven huérfana que perdió a su madre, Amanda (Malin Akerman), algunos años atrás. Su madre era una actriz y uno de sus roles más recordados es en la película de terror Camp Bloodbath, que con el paso del tiempo se convirtió en una obra de culto. La protagonista es convencida por Duncan (Thomas Middleditch), el hermanastro de su mejor amiga Gertie (Alia Shawkat), de ir a una proyección de la película en el aniversario de la muerte de su madre, siendo acompañada por dos amigos más: Chris (Alexander Ludwig) y Vicki (Nina Dobrev). Durante la función se produce un enorme incendio dentro del cine, lo que obliga a los personajes a escapar a través de la pantalla. Sin embargo, las cosas se salen de control cuando descubren que entraron a la película que estaban viendo y deberán hacer todo lo necesario para sobrevivir a los ataques de un asesino enmascarado llamado Billy Murphy.

Si obviamos las libertades temporales que se toma la película, donde la actriz Malin Akerman interprete a dos versiones de un mismo personaje, las que están separadas por más de veinte años sin que exista una diferencia física demasiado notoria entre ambas, lo más probable es que vamos a pasar un buen rato viendo The Final Girls. Estamos ante una cinta que se alimenta de un tipo bastante específico de slashers, los ambientados en campamentos de verano, cuyo principal exponente es la saga Friday the 13th. A lo largo del metraje se recurre a todos los aspectos que caracterizan a este tipo de obras, sin miedo a burlarse de ellos. Algunos de los chistes dicen relación con los diálogos de mala calidad, los personajes unidimensionales, y la extraña relación entre sexo y muerte que hay en ellas, donde solo las vírgenes logran sobrevivir al asesino.

Es precisamente este último aspecto el que le da el título a la película. Una “final girl”, dentro del contexto de este subgénero, es aquel personaje femenino que logra sobrevivir durante toda la película, debiendo enfrentarse al asesino una vez que el resto del elenco ha muerto. Estos personajes no solo son más inteligentes y hábiles que el resto, sino que poseen una integridad personal que los diferencia de sus compañeros. Generalmente no participan de los actos sexuales ni del consumo de drogas presentes en este tipo de películas, algo que convierte a los slashers en unas particulares historias moralizantes. Asesinos como Jason Voorhees o Michael Myers parecen estar guiados por una severa pauta moral, castigando a los que la infringen con la muerte.

Como los personajes principales viajan desde la época contemporánea a los años 80, el guion aprovecha además de hacer chistes basados en el choque de generaciones que se produce, como si estuviésemos ante una entrega de Back to the Future. No solo la ropa de los personajes es referenciada, sino también las diferencias tecnológicas e incluso socioculturales que existen entre ellos. El humor de la cinta funciona principalmente gracias al trabajo de sus actores, quienes tienen una buena química, haciendo que sus relaciones sean creíbles. Mención especial merece Adam Devine, que pese a repetir el tipo de personaje que ha venido haciendo desde la serie Workaholics, tiene el talento suficiente para hacer que ese detalle quede en un segundo plano.

La manera en que la película explora los elementos del slasher es extremadamente metaficcional, expresando de manera visual el hecho de que sus protagonistas se encuentran adentro de una película. Los jóvenes son capaces de escuchar, por ejemplo, cómo la banda sonora cambia a una atmósfera más amenazante cuando el asesino está a punto de aparecer, o pueden ver los textos que aparecen en la pantalla indicando el año en el que está ambientada alguna escena. Los jóvenes son también expuestos a la conocida transición “líquida” que se ocupa cuando se muestra un flashback, así como el tono blanco y negro con el que son mostradas las secuencias del pasado.

El mérito de hacer comentarios sobre el cine slasher y sus elementos tiene mucho que ver con la oportunidad en que se hacen, y debido a eso The Final Girls no es tan valiosa como Scream o Behind the Mask. Además, la manera en que la cinta trata los elementos de este subgénero tampoco agrega algo que no se haya dicho con anterioridad de una mejor manera. Sin embargo, hay un aspecto que está del lado de la película y que la hacen importante: su núcleo emotivo. Detrás los intentos por ser un ejercicio ingenioso de cinefilia existe una historia sobre una hija que se reencuentra con su madre años después de su muerte, la que llega incluso a cargar de un significado especial a una canción como “Bette Davis Eyes” de Kim Carnes.

Aunque Nancy no es exactamente su madre, sino que un personaje que ella interpretó, no se puede negar el impacto que puede tener en la protagonista el hecho de volver a verla en carne y hueso. El principal tema tocado por la película es la pérdida de un ser querido y la necesidad de dejarlo ir., algo que el director Todd Strauss-Schulson entiende bien, ya que también debió enfrentar la muerte de su padre La protagonista se ve envuelta en el dilema de seguir las reglas del slasher para poder sobrevivir o de intentar romperlas para salvar a su “madre”. No es usual ver la importancia que se le da a la idea de sobrevivir en un subgénero donde las muertes son consideradas el punto positivo de sus películas; donde lo que se celebra es el número de asesinatos y la espectacularidad de los mismos. Es ahí donde se encuentra el mérito de esta cinta.

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