Crimson Peak (2015)

Crimson_Peak-posterAunque Crimson Peak (La cumbre escarlata) tiene elementos sobrenaturales, una mansión embrujada, muertes y sangre, el director Guillermo del Toro ha aclarado que no se trata de una película de terror, al menos en el sentido tradicional de la palabra. Esto es algo que se explica incluso dentro de la propia cinta, donde su protagonista, una aspirante a escritora, señala que existe una diferencia entre las historias de fantasmas y las historias que tienen fantasmas en ellas. Es verdad que hay momentos bastante tétricos durante el metraje, pero creer que el principal objetivo de esta obra es asustar sería subestimarla. En el centro de su historia se encuentra un tortuoso romance, sirviendo los elementos sobrenaturales como un complemento para lo que se está contando.

No es difícil notar la fascinación que siente el director por los monstruos y los fantasmas en su filmografía, ocupando a estas criaturas de una manera muy particular. En vez de seguir el camino más convencional de mostrarlos como algo ajeno a los personajes humanos, y por lo tanto como una amenaza, no es raro verlos en sus películas interpretando roles de guías, consejeros o incluso de héroes. Dentro del cine de Guillermo del Toro, lo desconocido no es sinónimo de maldad, sino que exige un examen más profundo. Y en aquellos casos donde estas criaturas tienen efectivamente un papel maligno, se trata no de un peligro externo para los protagonistas, sino que del reflejo de un mal que se encuentra en su propio mundo, ya sea la representación de un régimen autoritario como en El laberinto del fauno (2006), o la consecuencia de un violento crimen como en El espinazo del diablo (2001).

Otro aspecto que ya ha sido explorado en otras películas del cineasta es la relación que existe entre los espectros y el tiempo, sirviendo como una metáfora del pasado. Esta idea no solo se encuentra presente en el diseño de los fantasmas, que presentan características visuales ligadas a la forma en que murieron, sino también en lo que esas muertes representan. La presencia de los espíritus es un recuerdo constante de algo que ocurrió tiempo atrás, de un secreto que trató de ser mantenido en secreto, pero que se niega a desaparecer. El valor simbólico de estas criaturas es aprovechado de manera efectiva en Crimson Peak, donde las apariciones fantasmales funcionan como vestigios de un oscuro secreto.

Ambientada en la época victoriana, la historia es protagonizada por Edith Cushing (Mia Wasikowska), una joven estadounidense que ha intentado de manera infructuosa convertirse en escritora. El personaje es presentado como alguien de espíritu libre, sin mucho interés por las expectativas sociales ligadas al matrimonio y las fiestas, prefiriendo llevar una vida independiente, pero estos deseos son interrumpidos por la llegada del noble inglés Thomas Sharpe (Tom Hiddleston), quien captura de inmediato su atención. Acompañado de su hermana Lucille (Jessica Chastain), Thomas viajó a Estados Unidos para financiar uno de sus inventos, sin embargo, el adinerado padre de Edith decide no ayudarlo económicamente, ya que no le inspira la confianza suficiente. Pese a los reparos de su padre, el interés que Edith siente por Thomas crece hasta convertirse en afecto, y finalmente se transforma en amor. La protagonista contrae matrimonio con Thomas, viajando a Inglaterra para vivir junto a él, sin sospechar de las siniestras intenciones que esconden los hermanos Sharpe.

Crimson Peak se alimenta de la larga tradición que han tenido los géneros del terror y el romance góticos. Se puede notar la influencia de las películas producidas por el estudio Hammer entre los años 50 y 70, siendo el apellido de la protagonista un guiño al actor Peter Cushing, quien participó en varias de esas cintas. También podemos ver la sombra de las adaptaciones cinematográficas que Roger Corman hizo de los relatos de Edgar Allan Poe, la que se extiende a varios aspectos de la película. El diseño de producción a cargo de Thomas E. Sanders, quien había trabajado en Dracula (1992) de Francis Ford Coppola, demuestra una gran atención por los detalles, convirtiendo a la película en un verdadero espectáculo visual. Como es costumbre con las obras de Guillermo del Toro, aspectos como el diseño de vestuario, los decorados o la iluminación buscan dar forma al mundo donde está ambientada la historia, creando algo único.

La principal pieza de diseño de la cinta es Allerdale Hall, la decrépita mansión que ha pertenecido a la familia Sharpe durante generaciones. Se trata de un lugar lleno de personalidad, donde el pasar de los años y el deterioro producido por la humedad no dañan su belleza, sino que la transforman en algo especial. El gran número de ornamentos y adornos, que le dan una apariencia barroca, permite el descubrimiento de nuevos elementos con cada revisión de la cinta. Sus rincones además poseen una vitalidad que la convierten en un personaje más de la película, sirviendo como una manifestación de lo que ha ocurrido dentro de sus paredes. A esto también contribuye el hecho de que el terreno sobre el que está construida la mansión sea de arcilla roja, la que al teñir la nieve durante el invierno transforma al lugar en una expresión de su sangrienta historia.

No solo en el área estética se ve la influencia que las historias góticas tienen sobre Crimson Peak. Algunos de los temas desarrollados por la cinta fueron explorados por célebres autores varias décadas atrás. Uno de los aspectos que caracterizan a la obra de Edgar Allan Poe, por ejemplo, es la figura de la muerte del ser querido, especialmente de mujeres, como en los poemas Lenore y El cuervo, o en los cuentos Eleonora y Ligeia. En estas obras la presencia de las mujeres no se interrumpe con la muerte, sino que continúa de manera más o menos manifiesta. El luto llevado por sus amantes tiene un importante componente en la memoria, siendo el recuerdo de ellas lo que las mantiene en nuestro mundo, algo parecido a lo que ocurre con Edith y su madre, o con el resto de los fantasmas que aparecen en esta película.

Pero a diferencia del talento que tenía el autor de El gato negro para crear misterios y desenrollarlos de manera fluida ante la mirada de sus lectores, el guion escrito por Guillermo del Toro y Matthew Robbins tiene algunos problemas al momento de desarrollar su trama. El relato no solo es contado de manera poco llamativa, sino que la gran revelación que se produce durante los minutos finales, el oscuro secreto que esconden los Sharpe, puede ser adivinado desde la mitad del metraje, lo que le resta la potencia que pretendía generar. Los defectos narrativos de la cinta son contrarrestados en parte por la atmósfera que el director crea a través de sus imágenes, la que es capaz de mantener nuestra atención pese a esos problemas.

Cuando uno ve Crimson Peak, surge la impresión de que estamos ante una obra que no pertenece a este tiempo. Y no solo por la época en la que está ambientada su historia, sino que por el tipo de historia que cuenta. ¿Cuántos romances góticos con elementos sobrenaturales se han estrenado en las últimas décadas? El espíritu de la película se encuentra más ligado al cine de la primera mitad del siglo XX que al de comienzos del XXI, transformándola en una verdadera isla dentro de la cartelera actual. Por lo mismo, la apreciación que uno tenga de ella dependerá del cariño que sintamos por esa manera de hacer el cine, ya que estamos ante un caso de rescate histórico, de nostalgia cinéfila.

Esto no impide, claro, que haya algunos elementos más contemporáneos, como la forma en que es retratada la protagonista durante los primeros minutos. Edith es mostrada como una joven con grandes ambiciones, que no teme enfrentarse a las convenciones sociales –entre ellas el sexismo- para seguir sus sueños de convertirse en escritora, gozando de un espíritu independiente. Los personajes femeninos del director llaman la atención por la fortaleza y complejidad que demuestran, algo que también se cumple en esta película. Sin embargo, la buena impresión se va diluyendo a medida que la protagonista pasa a estar a merced de Thomas y Lucille. Una vez que llega a Allerdale Hall, su iniciativa va disminuyendo, pasando a convertirse en un personaje más pasivo.

Con Mia Wasikowska en un rol tan limitado, y un Tom Hiddleston que recurre al laconismo y a la inseguridad para interpretar a su personaje, es Jessica Chastain quien pasa a ocupar el foco de atención. La actriz da vida a Lucille Sharpe con una gran energía, llevando el ritmo de lo que ocurre durante el último tercio de la cinta y transformándose en uno de los grandes elementos a destacar. Lo que le falta de sutileza lo sustituye con una entrega admirable, demostrando que a veces es necesario ocupar una cuota de exageración en este tipo de historias. Es cosa de ver el trabajo de Vincent Price y la forma en que ayudó a definir lo que hoy entendemos por cine gótico.

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