Ich seh, ich seh (2014)

Goodnight_MommyUno de los aspectos más interesantes en el género del terror es el de la figura materna de tintes siniestros. Desde Norman Bates y la retorcida relación que tenía con su madre, hasta los tormentos que debía aguantar Carrie de la suya, se trata de algo que llama la atención y posee una fuerza especial. Se podrían citar múltiples razones de carácter psicológico para explicar este tipo de miedo, especialmente desde el área del psicoanálisis, pero en términos sencillos la idea de que sea la persona que te dio la vida quien intente hacerte daño es suficiente para inquietar a cualquiera. Y eso es precisamente lo que quiere transmitir la premisa de la cinta austriaca Ich seh, ich seh (Goodnight Mommy), de los directores Severin Fiala y Veronika Franz.

Dos niños gemelos, Elias y Lukas (Elias y Lukas Schwarz), están pasando las vacaciones en la lujosa casa de su madre (Susanne Wuest), ubicada en una zona rural de Austria. Cuando la mujer llega al lugar tras una cirugía facial, cuyos detalles no son revelados de inmediato, los hermanos notan algo extraño en su comportamiento. Adoptando una actitud hermética, les impone estrictas reglas como dejar las persianas de la casa cerradas o jugar en silencio mientras ella se recupera de la operación, y el afecto que antes sentía por sus hijos es ahora reemplazado por una personalidad distante, llegando incluso al límite de la indiferencia. Lukas y Elias no entienden el cambio que ha sufrido su madre, y concluyen que se trata de una impostora, así que harán todo lo que está a su alcance para hacerla confesar y descubrir la verdad.

Recurriendo a un número limitado de diálogos, y casi prescindiendo de una banda sonora, la cinta parte con un ritmo bastante pausado, dejando de lado los detalles de lo que está ocurriendo y permitiendo que el espectador vaya descifrándolo poco a poco. Aunque los trailers y la premisa de la película abren la posibilidad de que estemos ante una historia con elementos sobrenaturales, no tardamos en darnos cuenta de que la trama se encuentra más restringida, optando en cambio por centrarse en los aspectos psicológicos de las situaciones narradas. El aislamiento de los personajes contribuye a este objetivo, creando una atmósfera opresiva, en la que los momentos oníricos se van alternando con los más convencionales.

El guion, también escrito por Fiala y Franz, cuenta con un giro hacia el final que se ha transformado en el principal punto de discordia entre los espectadores. Algunos consideran que es predecible y le resta sorpresa al desenlace de la historia, mientras que otros lo ven como un elemento efectivo, que fortalece al relato. Personalmente, no creo que la revelación sea predecible, ya que durante gran parte del metraje pensaba que la explicación iba a ser otra. Gracias a una segunda revisión me pude dar cuenta de que las pistas efectivamente existen, pero son lo suficientemente sutiles para no arruinarle la experiencia a la mayoría del público. Mi problema con el giro no consiste en cómo se realiza, sino en su propio contenido, ya que resulta algo artificioso y cuesta tomarlo en serio.

Pese a ese defecto, la película tiene otros puntos a su favor que la hacen rescatable. El giro que ocurre al final es solo uno de los ingredientes de la obra, lo que evita que todo el peso recaiga sobre si esa sorpresa es efectiva o no. La tensión que se va construyendo durante la primera parte de la cinta es tal que basta para mantener la atención del espectador, transmitiendo la sensación de que algo malo va a ocurrir. Y durante el último tercio ese presagio se cumple con creces, gracias a unas secuencias despiadadas, que resultan difíciles de ver. Esto no se debe simplemente a la utilización de gore, ya que en comparación a otras películas de terror el nivel de violencia gráfica no es tan alto. Lo escalofriante es la relación que existe entre los personajes involucrados y el rol que ocupan, lo que crea una situación muy perturbadora.

El impacto que generan estos últimos minutos también se debe a la manera en que se encuentra estructurada la historia, produciéndose un punto de inflexión en el relato. Durante los dos primeros tercios, el relato es contado a través de la perspectiva de los hermanos, así que nuestro entendimiento de los hechos está determinado por lo que ellos ven y creen. No obstante, hacia el final esta visión cambia, y los roles que nosotros habíamos tenido por verdaderos se transforman en algo nuevo. Es una estrategia bastante llamativa, que contribuye a la conmoción que los directores buscan crear, y sirve como una manera de resaltar los temas que toca esta historia.

Uno de esos temas es el de la identidad, que no solo es explorado en el misterio que rodea a la madre de Lukas y Elias, sino que se puede notar en otros componentes. El hecho de que los hermanos sean gemelos, por ejemplo, es una buena manera de representar visualmente el asunto, y también que la casa esté decorada con fotografías difuminadas de la mujer, o la escena donde los personajes participan de un juego donde deben adivinar una palabra a través de pistas. Otro de los asuntos que toca la película es la relación entre madre e hijos, la que si bien no resulta tan fascinante como la de la cinta australiana The Babadook (2014), de todas maneras entrega ideas sugerentes.

La elegancia presente en Ich seh, ich seh, la atención por lo detalles y lo pulido que resulta su uso del lenguaje cinematográfico, permiten tratarla como una obra que destaca dentro del cine de terror. El género ha sido subestimado durante varias décadas, siendo sus películas tratadas como productos menores, casi desechables, una visión que también ha sido respaldada por el gran número de cintas que son producidas cada año con el objetivo de obtener ganancias económicas y nada más. Sin embargo, de vez en cuando aparecen películas que demuestran que el terror no es un género que debe ser mirado en menos, y que ocupando sus elementos se puede aspirar a algo más. No es una cinta perfecta, claro, pero hay que reconocer su determinación.

Esta película no se conformó con recorrer el conocido circuito de distribución de las demás cintas de terror, el que es bastante restringido, ya que se limita a festivales dedicados especialmente a ese género; un medio que si bien es realizado con las mejores intenciones, a la larga cierra otras puertas. La ambición de sus directores era mayor. Es por eso que su estreno se produjo en un festival tradicional como el de Venecia, pasando posteriormente por los de Toronto, Estocolmo y Hong Kong. De hecho, Austria la escogió como su representante para la próxima edición de los premios Óscar, algo bastante inusual, pero que refuerza la idea de que el terror es capaz de lograr un reconocimiento transversal.

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