The Overnight (2015)

The_Overnight-posterAl momento de hacer sus dos primeros largometrajes, el director Patrick Brice tomó muy en cuenta los limitados medios económicos que tenía a su alcance, modelando sus historias para que se acomodaran a esta austeridad material. Por eso, prefirió tramas lineales, simples, que estuviesen ambientadas en un número escaso de locaciones y donde participen solo un puñado de personajes. Si bien a simple vista esto puede parecer una restricción que amenaza con perjudicar la calidad de la obra, lo importante en el cine, y en cualquier forma de arte, no es tanto qué elementos se utilizan, sino la forma en que son utilizados.

Por eso, y pese a que sus dos películas presentan un punto de partida similar, al narrar el encuentro de sus personajes y la revelación gradual de algunos detalles que mantenían en secreto, se trata de obras que se separan durante el desarrollo y entregan resultados muy diferentes. Por un lado se encuentra Creep (2014), más ligada al cine de terror con algunas muestras de humor negro, y por el otro está The Overnight, una comedia centrada en las relaciones de pareja y la vida sexual. En ambas existe una particular tensión que acompaña a los protagonistas a medida que van conociendo más acerca de los otros personajes, pero en cada cinta este elemento es empleado de manera distinta.

Como estamos ante una historia donde el descubrimiento de información es fundamental, necesitamos como espectadores un punto de apoyo, un personaje que esté cerca de nuestro propio entendimiento de la situación, para que vayamos experimentando juntos lo que ocurre. En el caso de esta película el rol es ocupado por Alex (Adam Scott) y Emily (Taylor Schilling), un matrimonio joven que acaba de mudarse de Seattle a Los Ángeles. Un día, mientras su hijo está jugando en el parque, conocen a un hombre llamado Kurt (Jason Schwartzman), quien aprovechando lo bien que se lleva su hijo con el de ellos, los invita a su casa para que conozcan a su esposa Charlotte (Judith Godrèche) y conversen un rato. La pareja protagonista ve esto como una oportunidad para hacer nuevos amigos y deciden ir, pero lo que comienza como una simple noche de relajo se va transformando en algo más.

El ambiente al que son introducidos Alex y Emily se vuelve más extraño con cada minuto que pasa, y cada situación nueva va poniendo a prueba su tranquilidad. Sin embargo, el deseo de no disgustar a sus anfitriones evita que se vayan de la casa de sus recién conocidos. Los sucesos poco a poco van subiendo de tono, alcanzando niveles que uno no esperaba. Aunque los chistes de corte sexual no son tan chocantes como en una comedia de los hermanos Farrelly, por ejemplo, lo importante es cómo la trama va avanzando, y cómo estos momentos más absurdos son abordados. La progresión de las escenas resulta natural, permitiendo que pese a todo lo que sucede, la credibilidad interna no se vea demasiado afectada. Gracias a una ejecución muy efectiva, The Overnight se transformó en una de las películas cómicas que más disfruté este año, generando risas que van desde el desconcierto hasta el nerviosismo.

A esto también contribuyen sus personajes y los actores que los interpretan. Adam Scott resulta impecable como Alex, con una inseguridad y unas ansias de agradar que permiten que la trama vaya avanzando hacia lugares insospechados. Su contraparte perfecta es el personaje de Jason Schwartzman, cuyo magnetismo y confianza le dan la capacidad para controlar la situación y llenar sus escenas de energía. Taylor Schilling es quien se mantiene más escéptica ante todo lo que ocurre a su alrededor, portando la voz de la razón e intentando convencer a su marido de que las cosas se están saliendo de control, pero es poco lo que puede hacer para detenerlo.

Los personajes de la cinta pueden ser categorizados como yuppies, es decir, profesionales jóvenes, con un importante nivel de ingresos, pertenecientes a un sector privilegiado de la sociedad. De vez en cuando se nota cómo la película trata con ironía a este sector, especialmente a Kurt y su espíritu artístico e innovador, que lo asemejan a un hipster. Este mundo de las apariencias y la pretenciosidad, donde el ocio es el principal motor, hacen recordar a lo que Noah Baumbach hizo en While We’re Young (2014), que también criticaba a esa manera de pensar. Las reflexiones que surgen de The Overnight no son tan incisivas como en ese caso, pero de todas maneras entregan algo de sustancia a una experiencia que ya de por sí es muy entretenida.

Además, la capacidad que tiene para reírse de sus personajes no le impide verlos con afecto, lo que se nota sobre todo hacia el final. Las locuras que viven las parejas durante la noche no quedan en una experiencia vacía, carente de sentido, sino que les permiten evaluar lo que consideran importante en sus vidas, e incluso les entregan algo de profundidad y una cuota de vulnerabilidad a Kurt y Charlotte, personajes que habían sido presentados casi como caricaturas.

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