Güeros (2014)

Gueros-posterAunque está ambientada en México, en 1999, la película Güeros del director Alfonso Ruizpalacios se alimenta de la influencia de un movimiento cinematográfico que surgió décadas atrás, en Francia. El vínculo que tiene con la Nouvelle vague se nota de inmediato gracias a su formato, ya que la cinta está filmada en blanco y negro, con una relación de aspecto de 4:3, que le da una apariencia cuadrada a la imagen, a diferencia de la forma alargada que domina el cine contemporáneo, pero el vínculo también se extiende a cuestiones como el tono y el estilo utilizados. De forma similar a los trabajos de Jean-Luc Godard, la vitalidad de sus jóvenes protagonistas es tan importante como el paisaje urbano donde ocurren sus escenas, lo que es potenciado por un aire lúdico, que no tiene miedo de experimentar ni de burlarse de ciertas cosas, incluso de sí misma.

La adopción de un estilo tan vistoso como éste parece coherente con el hecho de que estamos ante el largometraje debut de su director, ya que la juventud entrega la desinhibición necesaria para salir de lo convencional e intentar algo poco común. Pero también es una elección arriesgada, ya que en caso de no funcionar puede ser vista como pretenciosa y petulante. Afortunadamente, el resultado final escapa de ese error, y la utilización de esas técnicas termina siendo tan vistosa como admirable. Los tipos de planos, el montaje, el particular diseño de sonido, la forma en que es narrada la historia, la elección de la banda sonora, todos estos elementos contribuyen a crear unas sensaciones que van dando forma a la atmósfera que domina el metraje. Detrás de cada elección estilística existe una idea, no solo un interés por llamar la atención.

Un ataque de pánico, por ejemplo, es representado a través de unas imágenes claustrofóbicas y unos sonidos que buscan incomodar al espectador, transmitiendo lo que el personaje está sintiendo en ese momento. La frenética secuencia finaliza con un momento de tipo más calmado y poético, donde el interior de un automóvil se ve cubierto de plumas blancas que caen lentamente por el aire. La película se encuentra además atravesada por una energía y espontaneidad contagiante, la que se puede ver en escenas como aquella donde se recurre a una deconstrucción de la propia cinta, o en los cambios de perspectiva que intentan engañarnos, haciéndonos creer que la trama va a seguir un cierto camino que es finalmente descartado.

Es precisamente uno de estos cambios los que sirven como introducción para la película, ya que en los primeros minutos vemos a una madre joven que decide huir de su casa en medio de unas circunstancias dramáticas. En cualquier otra cinta, la atención demostrada hacia ella indicaría que estamos ante alguien importante en la trama, probablemente la protagonista o un personaje secundario, pero su trayecto es interrumpido de manera repentina por un globo de agua que es arrojado por un adolescente llamado Tomás (Sebastián Aguirre), que es el verdadero protagonista de la historia. Su acción se convierte en el hecho que hace explotar la tensa relación que tiene con su madre, que decide enviarlo a la capital a vivir con su hermano universitario Fede (Tenoch Huerta).

Al llegar al departamento donde viven Fede y su amigo Santos (Leonardo Ortizgris), Tomás se encuentra con un lugar sucio, donde la comida escasea y donde ni siquiera hay electricidad. La universidad en la que estudia su hermano se encuentra en huelga, lo que lo ha llevado a un estado de inactividad total. Ante la sugerencia de ir a alguna parte, Fede responde que no tiene sentido salir, ya que de todas formas van a regresar. Este sedentarismo se termina cuando Tomás descubre que Epigmenio Cruz, un mítico músico de rock nacional que él y su hermano escuchaban para recordar a su padre ausente, se encuentra a punto de morir. Los personajes entonces se embarcan en un viaje con el objetivo de encontrarlo y demostrar su gratitud.

El motivo del viaje, como es costumbre en las road movies, no tiene demasiada importancia, siendo un simple Macguffin que pone a la historia en movimiento. Lo relevante es cómo el viaje físico que emprenden los personajes los afecta de manera personal, provocando su maduración o un autodescubrimiento. El desenlace de la misión que emprenden tampoco es tratado con demasiada relevancia, siendo el trayecto en si la columna vertebral del relato y lo más memorable. Aunque el viaje que los personajes realizan transcurre dentro de una misma ciudad, México DF, esto no significa que las experiencias que tienen resulten monótonas o repetitivas. Sus calles son mostradas como lugares llenos de contrastes, sirviendo como un reflejo del país mismo, con una mezcla de diversos sectores sociales y situaciones.

En una de las secuencias, los protagonistas llegan a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde se encuentran con una dirigente estudiantil llamada Ana (Ilse Salas), de quien Fede está enamorado. Las secuencias ambientadas en el lugar hacen referencia a una huelga real que ocurrió en la universidad en 1999, la que duró casi un año. Pese a ser un suceso importante dentro de la historia de la ciudad, la cinta lo trata como una más de las múltiples partes que forman la trama, e incluso emplea la ironía para tratar algunos de sus aspectos, como las divisiones que se produjeron dentro del movimiento o la manera en que éste funcionaba. La irreverencia que el director ocupa en el estilo de la película también se nota en esta manera de ver el mundo, donde nada es intocable.

Más que entregar respuestas, la película prefiere crear más preguntas en el espectador, alejándose de las lecciones morales y las certezas. Al final, la actitud apática de Fede y Santos es tan cuestionable como el fanatismo intolerante de Furia (Raúl Briones), otro de los líderes de la huelga de la UNAM. La desorientación que se nota en Güeros es un reflejo de la juventud que busca retratar, siendo la perplejidad una de sus características definitorias. Aunque sus observaciones acerca de la sociedad mexicana no resultan tan incisivas ni su carga emocional tan potente como las de la película Y tu mamá también (2001) de Alfonso Cuarón, de todas maneras se trata de una obra fascinante, que vale la pena ver.

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