The Hunger Games: Mockingjay – Part 2 (2015)

Mockingjay_Part_2-PosterDe todas las sagas literarias juveniles que se han adaptado al cine después del éxito de Harry Potter, la escrita por Suzanne Collins ha sido la más sólida, en cuanto a universo ficticio, personajes e historia. Mientras sagas como The Maze Runner (2014) tienen una premisa interesante pero no logran hacer mucho con ella, y cintas como Divergent (2014) apenas pueden sostener su propia lógica interna, The Hunger Games aprovechó los elementos que tenía a su alcance y se transformó en un ícono de este tipo de obras. Es por eso que su conclusión, The Hunger Games: Mockingjay – Part 2 (Los juegos del hambre: Sinsajo – Parte 2), resulta importante, para ver si se encuentra a la altura del buen trabajo hecho en las entregas anteriores.

El último libro de la trilogía fue dividido de manera innecesaria en dos partes, con el objetivo de obtener mayores ganancias económicas. Sin embargo, la decisión fue perjudicial en términos narrativos, ya que la primera mitad se siente como un mero preámbulo de lo realmente importante. Es en esta segunda parte donde ocurren los hechos más decisivos, siendo la expectación previa reemplazada por una necesaria cuota de acción, produciéndose además un incremento de lo que está en juego. El complejo contexto bélico en el que está ambientada la historia nos indica que no todos los personajes sobrevivirán, algo que ayuda a aumentar la tensión.

Tras el ataque que sufrió a manos de Peeta (Josh Hutcherson), quien había sido manipulado por el Capitolio, Katniss Everdeen (Jennifer Lawrence) vuelve a asumir el rol de símbolo de la revolución que busca derrocar al presidente Snow (Donald Sutherland). La líder de este movimiento, Alma Coin (Julianne Moore), es consciente del poder mediático que tiene la joven, así que le asigna un escuadrón, con cámaras incluidas, para que la acompañen en el campo de batalla. No obstante, esta es una estrategia que solo busca crear apariencias, ya que los personajes estarán lejos de la acción, algo que molesta a Katniss, quien quiere acompañar al resto de los combatientes, peleando junto a ellos. La protagonista idea un plan para llegar a la mansión de Snow y poner fin ella misma a la guerra.

En su trayecto tendrá que superar varios obstáculos, ya que las calles del Capitolio han sido equipadas con numerosas trampas, ideadas por las mismas personas que diseñaron los juegos del hambre. Estas secuencias son las más entretenidas de la cinta, especialmente una que ocurre bajo tierra, donde los personajes son atacados por unos mutantes que parecen sacados de una película de terror. El director Francis Lawrence hace un buen trabajo manejando la claustrofobia del lugar y alargando los segundos previos a la aparición de las criaturas. Cuando finalmente aparecen, la explosión de adrenalina es palpable, llegando incluso a compensar la falta de acción de la anterior entrega.

A pesar de eso, la división del tercer libro en dos partes sigue siendo cuestionable, ya que mutila el arco narrativo de la novela sin que sea traspasado de manera totalmente satisfactoria a la pantalla. Hay también otros defectos, como un desarrollo insuficiente de algunos personajes, sobre todo de aquellos que mueren, lo que evita un mayor impacto emocional cuando eso ocurre. Es uno de los riesgos que surgen cuando hay demasiados personajes, y se nota sobre todo en esta cinta.  Para quienes no hemos leído las novelas, el conocimiento que tenemos de ellos se limita a las escenas donde aparecen. Afortunadamente, estos problemas no afectan al núcleo del relato, ni hacen que la experiencia de ver la película sea insufrible. Y lo que es más importante, no afecta a los temas que explora.

Esta franquicia no se limita solo a entretener, sino que además tiene algo que decir. Un aspecto que ha caracterizado a esta saga es la importancia que le da a los medios de comunicación de masas como herramientas políticas, ya sea para reforzar un régimen autoritario o para provocar su caída. En este tipo de disputas, lo fundamental no es cómo ocurrieron realmente las cosas, sino cómo parece que ocurrieron. Las apariencias van creando realidad, y un mismo hecho puede ser utilizado de varias maneras, dependiendo de la interpretación que se le dé. Como el apoyo de las personas es un elemento fundamental en estos conflictos, la capacidad para influir en la percepción de la población se convierte en una necesidad.

Algo que me sorprendió de Mockingjay – Part 2 es que pudiendo haber simplificado el enfrentamiento entre los rebeldes y el Capitolio como una pelea entre buenos y malos, optó por crear unos matices que lo hacen más complejo. La cinta no llega al extremo de cuestionar la revolución en sí, pero entrega unas buenas reflexiones acerca de los métodos utilizados y lo que se considera justificado en un conflicto bélico. ¿Se puede emplear cualquier tipo de estrategia con el fin de alcanzar un objetivo justo? En esta cinta, Katniss descubre que si bien cada uno de los bandos tiene distintas aspiraciones, las barreras que lo separan se hacen menos claras cuando se examinan los medios que ocupan para cumplirlas. Hacia el final del metraje, la protagonista se ve expuesta a un desencanto, a una conclusión sombría que eleva a la obra y la diferencia de un simple producto para adolescentes.

Lo que nos dice la cinta es que las guerras no son conflictos abstractos, puros, sino que están sujetos a las circunstancias del mundo real. La rebelión que realizan los distritos contra el presidente Snow posee una parte idealista, que busca poner fin a la desigualdad social que divide a los habitantes de Panem, pero no es lo único a tomar en cuenta. Las ideologías son aplicadas por seres humanos, que tienen sus propios defectos, y muchas veces se pueden ver afectadas por los intereses personales de aquellos que están en una posición de poder. Lo que experimenta la protagonista durante esta película es un golpe abrupto de realidad, en el que ve detrás de la cortina y es testigo de una verdad incómoda. Personalmente, no me esperaba este tipo de franqueza por parte de una historia como esta; el hecho de que una cinta hollywoodense, dirigida a un público masivo, juvenil, diga estas cosas resulta meritorio.

Incluso el romance, que en términos de calidad ha ocupado un segundo plano a lo largo de las películas, logra generar algo más de interés gracias a los efectos que la guerra tiene sobre los personajes. La conexión que existe entre Katniss y Peeta, por ejemplo, se basa en una especie de estrés postraumático, siendo el afecto una manera de apoyarse entre sí. Es el dolor el que termina uniéndolos. Este tono melancólico habría sido suficiente para ponerle fin a la historia, pero durante los últimos minutos de la cinta se incluyen algunas escenas más optimistas, que parecen más dirigidas a cumplir una necesidad de los fanáticos que a crear una conclusión coherente.

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