Knock Knock (2015)

Knock_Knock-posterAdemás de otorgarle popularidad al director Eli Roth, la película Hostel (2005) sirvió como base para el nacimiento de un nuevo –y controvertido- subgénero del cine de terror, el denominado torture porn. Se trata de películas que muestran a personajes sometidos a tratos inhumanos, con un alto grado de crueldad, y donde los elementos sexuales también están presentes, ya sea en escenas donde se muestran desnudos o en la sensación general que producen estas obras, creando una especie de fascinación morbosa en el espectador. En su nuevo trabajo, Knock Knock (Knock Knock: Seducción fatal), el director parece regresar a este concepto, aunque lo hace desde una perspectiva más literal. La tortura no es tan gráfica como en sus películas anteriores, pero los aspectos violentos todavía están ahí, y el sexo pasa a ocupar el gran foco de atención, tanto así que su premisa parece sacada de una cinta pornográfica.

Evan Webber (Keanu Reeves) es un arquitecto que no tiene grandes preocupaciones en su vida. Su trabajo le permite vivir con comodidad, tiene una esposa (Ignacia Allamand) que se dedica al arte, y dos hijos que lo quieren. Para el día del padre, su familia viaja a la playa, mientras él se queda en la casa trabajando en uno de sus proyectos, durante un fin de semana que parece ser como cualquier otro, pero las cosas cambian una lluviosa noche. Dos atractivas jóvenes, Genesis (Lorenza Izzo) y Bel (Ana de Armas), llegan al lugar en busca de ayuda, ya que se perdieron en el camino a una fiesta. Evan, que las ve empapadas y sin transporte, decide ayudarlas, permitiéndoles que sequen su ropa y esperen un taxi en su casa. Las recién llegadas se muestran agradecidas por la actitud del protagonista, y la conversación que tienen con él no tarda en pasar de simples muestras de cordialidad a algo más subido de tono, gracias a la desinhibición sexual de las jóvenes. Aunque Evan está casado, la tentación es demasiado grande y finalmente se deja vencer, sin embargo, su actuar tendrá unas despiadadas consecuencias.

Basada en la cinta Death Game (1977) de Peter S. Traynor, Knock Knock es una nueva representante de la estrategia bautizada como Chilewood, es decir, producciones financiadas con recursos chilenos que aspiran a una distribución internacional, como Aftershock (2012) de Nicolás López y The Stranger (2014) de Guillermo Amoedo. Lo que se busca con eso es demostrar que los proyectos realizados en esta alejada parte del mundo pueden romper las barreras comerciales y llegar a otros mercados, especialmente el norteamericano. El método de negocio parece ensalzado por la propia película, argumentando que las diferencias entre ambos lugares tienen poca importancia, ya que si bien fue filmada en Chile, la historia se encuentra ambientada en Los Ángeles, mostrando incluso el famoso letrero de Hollywood durante los planos iniciales. La transición, por lo tanto, pasa completamente inadvertida.

Algo que se nota casi de inmediato es el buen nivel de producción que tiene la cinta. A pesar del tipo de situaciones que narra, la fotografía a cargo de Antonio Quercia le otorga un cierto refinamiento, recurriendo a buenos encuadres y a unos movimientos de cámara fluidos. La banda sonora compuesta por Manuel Riveiro también contribuye a la atmósfera que se busca crear, mientras que el diseño de producción de Marichi Palacios y la dirección de arte de Fernando Alé le dan la personalidad necesaria a la casa donde ocurren los hechos. El gran número de fotografías de Evan junto a su familia funciona como un recordatorio constante de qué es lo que está traicionando el protagonista cuando considera la posibilidad de rendirse ante las insinuaciones de las jóvenes.

Hay que reconocer que el cambio de tono que sufre la cinta una vez que el arquitecto tiene sexo con Genesis y Bel es efectivo, partiendo primero como un simple capricho de las jóvenes que se dedican a desobedecer a Evan. Está el peligro de que el protagonista sea descubierto en su infidelidad, o que se exponga a algún tipo de daño económico, pero no más que eso. Sin embargo, a medida que los minutos pasan la situación va empeorando y la preocupación del dueño de casa aumenta, ya que las intenciones de las invasoras resultan más graves de lo que imaginaba. Desafortunadamente, llega un punto en que la tensión que se ha ido creando se desinfla, ya que el director trata de otorgarles a las jóvenes un sadismo caricaturesco que no se traduce bien en el resultado final. Esto se debe principalmente a la labor de las actrices, que en vez de convertirse en psicópatas que gozan con el sufrimiento ajeno, capaces de intimidar al espectador, caen en lo ridículo.

Keanu Reeves tampoco se encuentra a la altura del desafío. Aunque es el actor más famoso que ha participado en una película de Eli Roth, esto solo asegura una cierta visibilidad, que es positivo en términos comerciales, pero no necesariamente es sinónimo de calidad. Reeves siempre se ha caracterizado por sus interpretaciones rígidas, poco expresivas, y en este tipo de historia donde debe transmitir emociones fuertes su limitado rango no es capaz de entregar algo satisfactorio. La sobreactuación que ocupa -que lo acerca a lo que Nicolas Cage ha hecho en sus peores trabajos- le da un grado de entretención a la cinta, acercándose a la categoría de “tan malo que es bueno”, pero no es lo suficientemente exagerado para convertirse en un clásico moderno del mal gusto como The Wicker Man (2006).

Con una ejecución poco lograda, el aspecto más interesante de Knock Knock pasa a ser su contenido: qué está tratando de decir. A diferencia de otras películas del tipo home invasion, como The Last House on the Left (1972), donde los atacantes son psicópatas que simplemente se toparon con la familia protagonista, Bel y Genesis actúan guiadas por algo más concreto. Detrás de sus acciones se esconde una brutal noción de la justicia, donde una transgresión que parece no tener mucha gravedad, como la infidelidad, es castigada con desproporcionada violencia. Ya en Hostel éramos testigos de esta particular visión de Roth, dado que el trato al que son sometidos los turistas estadounidenses funciona como una respuesta a su comportamiento previo. La idea es reforzada en esta nueva obra, con las jóvenes explicando sus motivaciones de manera directa, llegando incluso al extremo de insistir innecesariamente en un punto que ya quedaba claro sin tener que recalcarlo.

La justificación de Bel y Genesis parece estar alimentada por una perspectiva de género, donde los hombres son retratados como seres regidos por un instinto primitivo, que les impide lograr algo tan básico como ser fieles a su propia familia. Este elemento, que podría haber sido modelado en una especie de venganza femenina contra la cultura dominante, solo se queda en una mera tentativa, ya que la imagen que se entrega de las mujeres tampoco es muy halagadora. Las jóvenes encarnan un estereotipo que llega a los niveles de fobia machista, donde las mujeres son mostradas como expertas manipuladoras, capaces incluso de fabricar un delito tan grave como la violación para su propio provecho. Esta turbiedad impide un análisis serio de la cinta, ya que existe una diferencia entre ser ambiguo, permitiendo que el espectador construya sus propias conclusiones, y no tener claridad acerca de lo que se está diciendo.

Una premisa como la de Knock Knock tenía potencial para crear algo interesante, pero las decisiones tomadas por el director la transforman en una oportunidad desaprovechada. La estrategia del home invasion resulta simplona y poco innovadora, pareciendo una mera imitación de mejores cintas como Funny Games (1997) de Michael Haneke. En cuanto a los temas que intenta explorar, incluidas las relaciones de género, los estereotipos y las apariencias, esta película jamás va a llegar al nivel de obras como Gone Girl (2014), donde David Fincher maneja con mayor talento el humor negro macabro que atraviesa su trama. Si la película que estás haciendo es de baja calidad, no es aconsejable hacer guiños a trabajos o a artistas exponencialmente mejores, pero Roth parece no entender esto, ya que termina su historia con una canción que hace recordar a un verdadero clásico del cine contemporáneo, el que también fue dirigido por Fincher.

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