The Peanuts Movie (2015)

The_Peanuts_Movie-posterEstamos en una época donde el cine depende cada vez más de historias y personajes reconocibles, de nombres que se transforman en marcas comerciales y que logran atraer a los espectadores gracias al poder de la nostalgia. Adaptaciones, remakes, reinicios, cross-overs, spin-offs, todo vale con tal de que las películas tengan a algún personaje conocido en sus afiches. Por eso, no es de extrañar que este año apareciera la cinta animada The Peanuts Movie (Snoopy y Charlie Brown: Peanuts, la película), basada en la famosa tira cómica creada por Charles M. Schulz. Este podría haber sido fácilmente otro intento por ganar dinero a costa de una obra querida por el público, a través de un producto hecho a la rápida, sin mucho respeto por su esencia, pero no es el caso.

El director Steve Martino, que tiempo atrás hizo otra adaptación de una obra perteneciente a un autor respetado dentro de la cultura popular estadounidense –Horton Hears a Who! (2008), basada en el libro de Dr. Seuss- asumió la tarea de llevar a Charlie Brown y a sus amigos a la pantalla grande teniendo muy en cuenta sus raíces. No es la primera vez que los personajes habitan el mundo animado, ya que décadas atrás Bill Melendez creó unas películas y especiales de televisión que se transformaron para muchos en el primer acercamiento a la obra de Schulz. El propio autor tuvo un importante rol en la primera adaptación, A Charlie Brown Christmas (1965), y escribió varias de las que se estrenaron después. El control que Schulz tenía sobre su trabajo también se puede notar en sus herederos, siendo su hijo Craig y su nieto Bryan dos de los tres guionistas que participaron en esta nueva cinta.

Una de las grandes dudas que surgieron cuando se anunció esta película fue la decisión de hacerla con animación por computadora, a diferencia de las adaptaciones anteriores, que fueron hechas con animación tradicional. Parte del encanto de la tira cómica radica en los dibujos de Schulz, cuyo estilo podría no ser trasladado con la misma calidad a un nuevo medio. Este era un problema que Martino había considerado, y pudo solucionarlo gracias a algunos detalles que mantienen el espíritu de la obra original. Como fueron diseñados usando las posibilidades que entregan las computadoras, los personajes y el mundo que habitan adquieren un mayor volumen, así como texturas más realistas, las que de vez en cuando funcionan, como en la ropa y objetos, y en otras ocasiones resultan extrañas, como en el pelo de Linus.

Para evitar que el estilo caiga en lo genérico, se añadieron algunas líneas expresivas a los personajes, las que permiten obtener esa expresividad característica del trabajo de Schulz. Existen cosas que la animación digital puede lograr muy bien, pero el poder del trazo no debe ser olvidado jamás, lo que se nota en ese tipo de adiciones. Incluso en la misma animación se recurre a algunas técnicas más tradicionales, dejando de lado la animación fluida que permiten las herramientas actuales para privilegiar un tipo de movimiento que enfatiza más las poses, acentuando el cambio de una posición a otra. Aunque no es algo demasiado notorio, ayuda a capturar esa sensación que surge cuando vemos las adaptaciones animadas de Melendez.

La época en la que está ambientada la historia también es fiel a lo que ya conocíamos. En esta cinta los personajes no tienen teléfonos celulares ni internet, ya que se optó por una apariencia más atemporal, donde los teléfonos fijos y las máquinas de escribir dan forma a este mundo análogo. La banda sonora, a cargo de Christophe Beck, ocupa algunas de las canciones que el jazzista Vince Guaraldi compuso para los especiales de televisión, entre ellas la ya clásica “Linus and Lucy”, lo que contribuye a la atmósfera clásica de la película. Esa ilusión es interrumpida un par de veces cuando suenan canciones más modernas, como “Better When I’m Dancin’” de Meghan Trainor, pero por lo general no hay elementos en la cinta que amenacen con hacerla anticuada en un par de años más.

Ese anhelo por privilegiar la simpleza también se extiende a la trama, que no recurre a grandes aventuras o a destinos llamativos, como ocurría en Race for Your Life, Charlie Brown (1977) o Bon Voyage, Charlie Brown (and Don’t Come Back!!) (1980), sino que opta por algo más cotidiano. La historia gira en torno a Charlie Brown (Noah Schnapp), quien se enamora de una niña pelirroja que acaba de mudarse frente a su casa. El protagonista quiere que la recién llegada lo tome en cuenta, pero su baja autoestima le impide hablar con ella. A esto se suma su interminable lista de fracasos, que lo dejan en un nivel muy inferior al de su idealizado amor. Como ocurría en la tira cómica y en las anteriores adaptaciones animadas, la niña pelirroja es retratada desde la perspectiva del propio Charlie Brown, resultando en alguien lejano y misterioso, que está fuera del alcance del agobiado protagonista. El desafío que el personaje principal tiene que superar consiste en dejar de lado su inseguridad con tal de ser notado por ella.

La historia de la niña pelirroja no es el único elemento familiar que encontramos en la cinta. Para cualquier persona que conozca el material en que está basada, The Peanuts Movie es un reencuentro con varios de sus aspectos característicos: Linus y su manta, Lucy y su consulta de psiquiatría, Pig Pen y su nube de polvo, Schroeder y su piano, la particular relación entre Peppermint Patty y Marcie, las locuras de Snoopy y Woodstock, la voz de los adultos que suena como un trombón, el árbol devorador de cometas.

Entre sus mayores innovaciones, además del estilo de animación utilizado, se encuentran su tono y ritmo. El humor era parte importante de la tira cómica y de sus adaptaciones animadas, pero no era el gran foco de atención, estando los chistes organizados de manera más dispersa. Esto era coherente con el ritmo pausado de aquellas historias, las que se daban el tiempo de tener algunos momentos más calmados. Todo esto cambia en la nueva película, donde la comedia pasa a ocupar un lugar más prominente, tanto así que la mitad del metraje está destinada a una historia imaginaria de Snoopy en la que se enfrenta a su archienemigo, el Barón Rojo.

Los cambios introducidos terminan modificando el estado de ánimo que hacía de la obra de Schulz algo tan especial. Es cierto, Charlie Brown sigue siendo un niño que debe luchar constantemente contra la adversidad, pareciendo en ocasiones que el mundo entero está en su contra, pero sus dificultades no alcanzan esa profundidad que se percibía en décadas anteriores. Con esto no estoy pidiendo que la cinta cuente una historia más triste, como la del largometraje Snoopy, Come Home (1972) o la del especial de televisión Why, Charlie Brown, Why? (1990), sino que sea capaz de transmitir esa atmósfera melancólica que se respiraba en los mejores momentos de sus personajes, esa que permitía que la obra haya sido atesorada durante generaciones.

Quizás esa estrategia no habría sido posible en una película como esta, dirigida a un público más masivo, destinada a que los padres lleven a sus hijos a pasar un buen rato, y no a ver problemas demasiado complejos. Pero creo que exponer al protagonista a obstáculos más reales habría permitido que el final optimista de la cinta resonara con mayor fuerza. Sin ese peso emocional, The Peanuts Movie sigue siendo una buena oportunidad para volver a encontrarse con Charlie Brown y sus amigos, pero se limita a ser una obra menor dentro su universo, que funciona como una puerta de entrada a sus elementos más valiosos.

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