Mr. Holmes (2015)

Mr._Holmes-posterDesde su concepción a finales del siglo XIX, la popularidad de Sherlock Holmes ha permitido numerosas apariciones del personaje. Estas no solo se limitan a adaptaciones de las historias escritas por Arthur Conan Doyle, que son consideradas el “canon holmesiano”, sino también a relatos que fueron creados por otras personas, basadas en los personajes y elementos ideados por él. A ese grupo de obras pertenece la novela A Slight Trick of the Mind de Mitch Cullin, que narra la experiencia de un Holmes anciano, en el ocaso de su vida. El libro fue adaptado a una película titulada Mr. Holmes por el director estadounidense Bill Condon, con la participación de Ian McKellen en el rol protagónico.

Si bien es una historia sobre Sherlock Holmes, no estamos ante un relato netamente detectivesco, donde se presenta un misterio y el personaje va encontrando las pistas que lo ayudan a descifrar la solución. Se trata, más que nada, de un estudio de personaje, donde la idea consiste en tomar a una figura que está rodeada de un aura casi mística, para ver a través de ella y exponer su lado más humano. Incluso la presencia de uno de los casos que debió resolver el protagonista se encuentra en la cinta para contribuir a ese objetivo; lo que nos debe importar de esa investigación no es su construcción lógica ni la coherencia de su resultado, sino la forma en que afectó personalmente al detective. Por eso, quienes vean esta película esperando algo distinto, más cercano a sus aventuras, quedarán decepcionados.

En términos narrativos, la cinta está dividida en tres historias, siendo su columna vertebral la que está ambientada en 1947. En ella, Sherlock Holmes tiene 93 años de edad y vive en una granja ubicada en la costa, donde sus pasatiempos se limitan a cuidar de sus abejas y estar en su estudio. Su única compañía son su ama de llaves, la señora Munro (Laura Linney), y el hijo de ella, un curioso niño llamado Roger (Milo Parker). El protagonista ha decidido escribir sobre su último caso, siendo estos recuerdos la segunda de las historias. Estas escenas se van intercalando a medida que Holmes recuerda los detalles de su investigación, la que giró en torno a las misteriosas clases de música que tomaba una mujer llamada Ann Kelmot (Hattie Morahan). En la tercera historia vemos el viaje que el personaje principal realizó a Japón para visitar a Tamiki Umezaki (Hiroyuki Sanada), en busca de una hierba medicinal que lo pueda ayudar con los efectos de la vejez.

La mayoría de los relatos de Sherlock Holmes escritos por Arthur Conan Doyle fueron narrados por John Watson, el ayudante del detective, creando así la ilusión de que éste personaje ficticio era el autor. Esa mezcla de realidad y ficción es potenciada por la cinta, ya que el protagonista es presentado como alguien que existió de verdad, viviendo en un mundo donde sus historias son conocidas por el resto de las personas y ha alcanzado incluso cierta fama (la gente lo reconoce en la calle, grupos de turistas visitan la supuesta dirección de su casa y se hacen películas sobre él). Debido a esto, Holmes fue transformado en un personaje ficticio gracias a las historias escritas por Watson, ya que la versión presente en los libros se convirtió en la versión “oficial”, aquella que todo el mundo conoce. Por eso, cuando habla con otras personas salen a colación algunos elementos como su sombrero o pipa, objetos que en realidad no ocupaba, pero que producto de la imaginación de su compañero pasaron a ser parte de él.

La ficción va creando realidades y el poder del lenguaje es capaz de hacer que las personas crean cosas que no son ciertas. Al tener la apariencia de tal, son tomadas como verdaderas, y eso fue lo que ocurrió con Holmes. El protagonista dice ser no muy aficionado a los productos de la imaginación, prefiriendo en cambio lo estrictamente factual. Es por eso que decide escribir él mismo una de sus historias, con el fin de corregir los errores que Watson había cometido, ya sea por equivocación o por tomarse libertades artísticas.

Este ejercicio no posee solo un fin reivindicatorio, sino que coincide con la avanzada edad que tiene el exdetective. Producto de su senilidad, Holmes ha comenzado a perder uno de los atributos que lo hicieron tan exitoso: su intelecto. La dificultad para hilar ideas y para recordar cosas ha provocado que olvide los casos en los que trabajó, incluido el último, que provocó su retiro. La tarea de volver a escribirlo, por lo tanto, es en el fondo un esfuerzo por sumergirse en lo que queda de sus recuerdos y tratar de conservar de manera inalterada lo que realmente ocurrió, a modo de conclusión. Es un viaje introspectivo que busca comprender aquello que lo llevó a abandonar su profesión y someterse a una especie de exilio.

Uno de los temas tratados por la película es la soledad del protagonista. Aunque su inteligencia y poder deductivo lo transformaron en alguien admirado, esos mismos elementos lo terminaron aislando del resto de las personas. Ahí se encuentra precisamente la razón de su retiro, ya que su último caso le reveló que había algunas cosas fuera de su comprensión, como la naturaleza humana. Como el propio detective dice en una de las escenas, deducir los hechos de un caso no es lo mismo que entender su significado. El pensamiento de tipo analítico no es suficiente para comprender el mundo, y es por eso que el ser humano creó el arte, para que la ficción nos ayude a interpretar lo que nos rodea.

Esta es la segunda vez que Bill Condon e Ian McKellen trabajan juntos, y la segunda vez que narran la historia de alguien que se encuentra en los últimos años de su vida, lejos de su época de gloria. La primera vez fue en la cinta Gods and Monsters (1998), basada en la vida del director de cine James Whale, responsable de clásicos del terror como Frankenstein (1931) y The Invisible Man (1933). De manera coherente con la situación del protagonista, el estilo utilizado por Condon en Mr. Holmes es sobrio y elegante, con un ritmo pausado, que no teme mostrar los aspectos más cotidianos del personaje, ya que es en esos momentos donde podemos verlo más de cerca. Si bien la relación entre las tres historias no siempre es abordada de la mejor manera, y habría resultado útil un énfasis más potente en algunas de las escenas emotivas, la cinta logra un buen resultado.

Algo que tiene claro el director es que la principal fortaleza de la película son sus actuaciones, sobre todo la de McKellen. A estas alturas ya nadie debe dudar del talento del actor inglés, quien es capaz de llenar cada una de las escenas en las que participa con su mera presencia. La interpretación que realiza del anciano Sherlock Holmes resulta creíble, gracias a su postura, voz, mirada y hasta respiración, lo que es complementado por el buen trabajo de Dave Elsey en el maquillaje. Su cuerpo frágil es la manifestación de alguien que ha experimentado muchas cosas, y que se encuentra en una etapa de su vida donde lo único que le queda por delante es descansar y esperar lo inevitable. El contraste que se produce con las escenas ambientadas años antes resulta notorio, con un McKellen que adopta un aire más dinámico y desenvuelto.

Como la buena labor de McKellen es algo que se puede dar casi por hecho, la principal sorpresa de la cinta se encuentra en el joven actor Milo Parker, con quien posee una muy buena química, permitiendo que la amistad que se forma entre ambos personajes resulte genuina. La utilización de actores infantiles puede ser complicada, pero en el caso de Parker se nota una madurez que le permite interactuar de igual a igual con otros intérpretes mucho más experimentados. Debido a eso, la relación entre ellos se transforma en el corazón de la película, y en algo que nos permite ver al famoso personaje desde una nueva perspectiva. Dedicando gran parte de su vida al cultivo de la inteligencia y la lógica, es solo durante sus últimos años que el detective descubre aquello que se esconde más allá de lo perceptible a través de los sentidos, en un estado más trascendente. Es un descubrimiento tardío, cierto, pero no por eso menos importante.

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