Youth (2015)

Youth-posterTras el éxito de La grande bellezza (2013), que ganó numerosos premios, incluido un Óscar en la categoría de mejor película extranjera, las expectativas por el siguiente proyecto del director italiano Paolo Sorrentino eran altas. El resultado es Youth, que se convirtió en su segundo largometraje hablado en inglés, tras This Must Be the Place (2011), y si bien no contó con la participación de Toni Servillo, que había brillado en su anterior trabajo, su lugar es ocupado por un elenco compuesto por varios nombres conocidos. Además, y como ya es habitual, la influencia de Federico Fellini es notoria, tanto en la opulencia del entorno en el que está ambientada la cinta como en la forma en que es narrada la historia.

Como ocurría con su predecesora, la trama de esta película se encuentra en un segundo plano, sirviendo como un marco dúctil dentro del cual ocurren las escenas. El metraje está compuesto por una serie de encuentros y conversaciones, las que transmiten variadas reflexiones acerca de la vida. En vez de avanzar, la trama parece deambular con cada una de estas situaciones, sin un rumbo demasiado definido, centrándose de vez en cuando en aspectos que pueden resultar simplemente anecdóticos, hasta que de repente llegamos a la conclusión del relato. La historia ya no está delimitada en un ambiente tan particular como el de la elite romana, sino que aspira a una visión más internacional, aunque se insiste en mostrar personajes pertenecientes a un sector acomodado.

La película está ambientada en un exclusivo resort ubicado en los Alpes suizos, donde un compositor inglés retirado, Fred Ballinger (Michael Caine), está pasando las vacaciones. El anciano es contactado por un emisario de la reina, quien le ofrece dirigir sus famosas composiciones en un concierto para ella, a cambio de un título de caballero. Sin embargo, su retiro es inapelable y Ballinger rechaza la propuesta. En el hotel, el protagonista es acompañado por un viejo amigo, Mick Boyle (Harvey Keitel), un director de cine que ha contratado a un grupo de entusiastas guionistas para que lo ayuden a escribir su próxima película, la que según él se convertirá en su “testamento sentimental, intelectual y moral”. Las conversaciones de ambos personajes van desde comparar el estado de sus próstatas hasta hacer apuestas y recordar amores de la juventud, creando una relación que es creíble.

Si bien han compartido varios años juntos, la actitud que cada uno tiene hacia el mundo no puede ser más distinta. Aunque ha tenido una trayectoria larga, con sus respectivos puntos altos, Boyle demuestra un gran optimismo al momento de hablar sobre su nueva película, aspirando a crear algo espectacular. Ballinger, en cambio, ha decidido adoptar una postura más pasiva respecto de lo que viene, algo que se asemeja más a la apatía. El tiempo es uno de los temas principales de la película, siendo la relación que uno tiene con el pasado y con el futuro su gran foco de atención. El pasado del protagonista se convierte en una especie de remordimiento, y el futuro no despierta en él suficiente energía para afrontarlo con entusiasmo, por lo que su presente se asemeja a un constante estado de desorientación.

Esta dinámica también se puede ver en el resto de los personajes, la que va cambiando caso a caso. La hija del protagonista, Lena (Rachel Weisz), no solo debe lidiar con una repentina separación, sino que con el resentimiento que tiene hacia su padre por la prioridad que le dio a su vida profesional en desmedro de la familiar. Otro personaje que se encuentra en el resort es un famoso actor llamado Jimmy Tree (Paul Dano), quien se está preparando para una de sus nuevas interpretaciones. Pese a sus ansias por experimentar e ir más allá, su carrera parece estar definida por un rol menor que tuvo en una película de ciencia ficción, el que se ha convertido en una constante carga para él. El resto de los personajes que habitan el hotel tiene menos injerencia en la trama, pero aún así son muy llamativos, como la pareja de ancianos que no se habla, el monje budista que según rumores es capaz de levitar, una masajista que prefiere sentir con el tacto en vez de hablar, o una Miss Universo que es más perspicaz de lo que aparenta.

Uno de los aspectos que destacan en Youth es la combinación de realidad y fantasía. Esta última se abre camino a través de sueños y visiones, e incluso con momentos donde la barrera es más ambigua, como en aquella escena donde Ballinger comienza a dirigir el sonido de unas vacas a modo de una improvisada orquesta. También es necesario recalcar el particular humor de Sorrentino, quien tiene un talento especial para crear imágenes memorables. Dentro de ese grupo se encuentran la aparición de Brenda (Jane Fonda), la veterana actriz que sirve de musa para Boyle; la sorpresiva revelación del personaje en el que estaba trabajando Jimmy Tree; y sobre todo esa personificación casi grotesca del futbolista argentino Diego Maradona que aparece en la cinta, quien es representado como un hombre con obesidad mórbida, un enorme tatuaje de Karl Marx en la espalda, y un tanque de oxígeno a cuestas.

La fotografía a cargo de Luca Bigazzi, salvo algunos planos donde el uso de pantalla verde es demasiado evidente, sigue siendo tan vistosa como en La grande bellezza. Su cámara hace resaltar la arquitectura del hotel y los lujos de sus huéspedes, lo que sirve para transmitir la idea de decadencia que se siente a lo largo de la película. Otros de los temas que se pueden encontrar en la cinta tienen relación con el arte, tanto en el proceso creativo como en el legado que van formando los artistas una vez que terminan sus obras. Examinando con más cuidado se pueden extraer otras reflexiones, pero no son tan claras como las que hablan sobre el paso del tiempo y la vejez, y solo sirven para hacer que la cinta resulte más dispersa. El deseo de abarcar demasiadas cosas le resta profundidad.

En su anterior película, Sorrentino adoptó una visión cínica del mundo, la que de vez en cuando era contrastada con momentos de genuina emotividad, en una estrategia que ayudaba a acentuar estos últimos. Para el caso de Youth, el tono utilizado busca claramente ser más humano, pero la cercanía y el peso emocional no llegan a ser tan potentes como pretende el director. Entendemos lo que quiere decir, pero el mensaje no llega con la misma fuerza que en la otra obra, donde las ideas de nostalgia y existencialismo se transformaban en sus principales pilares, y el viaje del protagonista resonaba con más ardor dentro del espectador. Ese efecto no se alcanza con esta nueva película, en la que paradójicamente, se dice la siguiente línea: “Dices que las emociones están sobrevaloradas. Pero eso es mentira. Las emociones son todo lo que tenemos”.

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