Deadpool (2016)

Deadpool-posterLas primeras incursiones de Ryan Reynolds en el cine de superhéroes no fueron exitosas. Además de protagonizar la película Green Lantern (2011), basada en el personaje de DC Comics, que no logró convencer al público ni a la crítica, apareció en X-Men Origins: Wolverine (2009) como el antihéroe Deadpool, pero en una versión que no se parecía en nada a su par de los cómics. El actor, que es un fanático del personaje, sintió con más fuerza el fracaso de esta cinta, y trabajó durante años para que fuese llevado a la pantalla grande de una manera fiel al material de origen. Luego de que se filtró una escena de prueba que entusiasmó al público hasta el punto de que presionaron a 20th Century Fox para que hiciera una cinta como corresponde, este año finalmente se estrenó su primera película propia.

Algo que caracteriza al personaje, y que Reynolds deseaba traspasar a su versión cinematográfica, es su personalidad deslenguada y comportamiento estrafalario. Creado a comienzos de los años 90 por Fabian Nicieza y Rob Liefeld, Deadpool comenzó como un villano no muy interesante en los cómics de X-Men, pero con el tiempo fue evolucionando en un antihéroe que se asemeja más a un personaje de Looney Tunes que a un defensor de la justicia, gracias a un humor absurdo que le permite romper la cuarta pared, hablándole directamente al lector. Este espíritu se puede notar desde los primeros minutos del metraje, ya que los créditos iniciales reflejan una divertida consciencia de sí mismos, al reírse de algunos de los lugares comunes de este género e incluso de las personas responsables de la película.

Tras una secuencia en la que el personaje principal asesina brutalmente a un grupo de villanos, viajamos al pasado para ver cómo era Deadpool antes de ocupar el traje rojo. Su verdadero nombre es Wade Wilson y se ganaba la vida como mercenario, aunque tras su actuar violento esconde algo de empatía. Un día conoce a Vanessa Carlysle (Morena Baccarin), una prostituta con quien comparte un retorcido sentido del humor, naciendo rápidamente una relación sentimental entre ambos. Las cosas parecen marchar bien para el protagonista, gozando de una felicidad a la que no estaba acostumbrado, pero la desgracia no tarda en alcanzarlo, ya que es diagnosticado con cáncer terminal.

Conociendo su situación, un misterioso hombre lo convence de unirse a un programa secreto que podría ayudarlo, el que es conducido por un mutante llamado Ajax (Ed Skrein) y su ayudante Angel Dust (Gina Carano). El experimento busca activar los genes mutantes de los pacientes, en un procedimiento donde son expuestos a crueles castigos físicos. Wade es uno de los pocos casos exitosos, adquiriendo la habilidad de regenerar su cuerpo, librándose de paso de su enfermedad, pero su apariencia resulta severamente dañada producto de la tortura recibida. Temiendo ser rechazado por su novia, y con el fin de recuperar su vida, el personaje tratará de encontrar al responsable para obligarlo a solucionar su problema. Durante su misión se encontrará además con Coloso (Stefan Kapičić) y Negatonic Teenage Warhead (Brianna Hildebrand), dos mutantes pertenecientes a la escuela de Charles Xavier.

La película, siendo fiel a su protagonista, posee un ritmo ágil y un gran número de chistes. Uno de los elementos utilizados para hacer reír es la violencia, que llega a ser tan excesiva que termina siendo caricaturesca. El director es el debutante Tim Miller, que había trabajado anteriormente en el área de la animación y los efectos visuales, lo que se nota en varias de las escenas de esta cinta. No es la primera vez que se ocupa la mezcla de sangre y comedia en una película de superhéroes, ya que Matthew Vaughn lo había hecho con Kick-Ass (2010), pero en este caso la fórmula es llevada hasta un nuevo extremo en términos de intensidad. Si bien el humor no siempre funciona y de vez en cuando se nota demasiado su esfuerzo por ser irreverente, no se puede negar que se trata de una cinta entretenida.

Si el universo de Marvel fuese un colegio, Deadpool sería el payaso del curso, y por lo mismo es un personaje que transita una delicada línea entre lo divertidamente obsceno y lo irritantemente insoportable. Para evitar que caiga en esa segunda categoría, los personajes secundarios son muy importantes, ya que deben actuar como contrapesos para el estilo del protagonista. Esto se nota sobre todo en el caso de Coloso, que trata de llevar al personaje principal por el buen camino, generándose así un buen contraste entre ellos. La película incluso se da el tiempo de narrar la historia de amor entre Wade y Vanessa, lo que constituye una estrategia efectiva para que tengamos una pausa de las locuras del antihéroe. Sin ser demasiado profundo, el romance entre ambos resulta lo suficientemente interesante para captar la atención del espectador y les entrega algo de sustancia a los personajes, permitiendo que nos preocupemos por lo que les pueda ocurrir.

Otra de las razones por las que el protagonista no resulta completamente insufrible es Ryan Reynolds. La pasión que demostró por este proyecto durante los años previos también se nota cuando aparece en pantalla, ya que el actor interpreta al personaje con una naturalidad admirable. Varias de las frases que podrían parecer poco convincentes en el papel adquieren una mayor chispa cuando él las dice. Aún cuando hay ocasiones donde los chistes no funcionan, la entrega de Reynolds permite que al menos admiremos su esfuerzo, porque se nota que lo está pasando bien. Algo que demuestra con su forma de abordar al personaje es que Deadpool es capaz de funcionar independiente del contexto o la historia donde se encuentre, lo que abre las posibilidades para lo que pueda ocurrir en el futuro, para tratar ciertos aspectos que no fueron explorados en esta ocasión.

Aunque se le da gran atención a las capacidades físicas del protagonista, no solo en su estilo de pelea sino también en su poder regenerativo, casi nada se dice acerca de lo que ocurre dentro de su cabeza. El experimento al que Wade Wilson es sometido también lo afecta psicológicamente, ya que pasa de ser un mercenario extravagante a alguien mentalmente inestable, que puede pasar de escuchar música y dibujar a masacrar a un grupo de enemigos en pocos segundos. Tampoco se exploran demasiado las implicancias que rodean a su capacidad para romper la cuarta pared. Solo en una ocasión otro de los personajes cuestiona su comportamiento, preguntándole por qué estaba hablando solo. Existe incluso una falta de consistencia en esta habilidad, dado que en una escena alguien distinto a Deadpool hace un chiste metacinematográfico, explicándole al protagonista que la trama podría avanzar si decide conversar con una determinada persona.

Debido a la calificación de edades que recibió, la cinta ha sido denominada por algunos como una “película de superhéroes para adultos”. Es cierto que esta restricción impide que ciertas personas la puedan ver (los menores de 17 años sin la compañía de un adulto, en el caso de Estados Unidos, y los menores de 14 años, en Chile), pero hay una diferencia entre películas para adultos y películas adultas. Siendo honesto, el contenido de Deadpool posee un carácter bastante adolescente, con un tipo de chistes que se podrían escuchar en el patio de un colegio, el que es adornado por ciertos elementos que no son adecuados para los menores de edad. Compararla con una obra como Unbreakable (2000), Watchmen (2009) y hasta Captain America: The Winter Soldier (2014), que sí merecen el calificativo de película de superhéroes adulta al explorar cuestiones más profundas, sería injusto.

La película ha sido incluso considerada una nueva manera de ver a este género tan popular, capaz de darle un aire fresco a una fórmula que parecía algo desgastada. Pero si bien es cierto que en comparación al resto de las películas sobre superhéroes, que están clasificadas para todo espectador, ésta presenta un estilo poco visto, la verdad es que se trata de cambios más bien cosméticos, como los chistes sexuales, la ultraviolencia y las referencias a la cultura popular. Dejando de lado su narración no lineal, la trama de la cinta es bastante convencional, al contar el origen de su protagonista, desde su relación amorosa hasta la adquisición de sus poderes, culminando en el típico enfrentamiento con el villano en un lugar donde los efectos especiales y la destrucción ocupan el gran foco de atención. La principal innovación en cuanto a contenido se puede notar en la torcida moral de Deadpool, y en el hecho de que su motivación no apunta a salvar el mundo, sino que a algo más individualista, que es recuperar su apariencia física y salvar a su novia.

Todavía es muy pronto para saber si estamos ante una película determinante del cine de superhéroes, como Superman (1978) de Richard Donner o The Avengers (2012) de Joss Whedon, y dudo que el objetivo de los que la hicieron apuntara a algo tan ambicioso. Lo que importa es que es una cinta fiel al personaje, entretenida, que le da algo de variedad al género. Ahora hay que esperar para ver lo que ocurrirá más adelante, ya que las posibilidades que entrega Deadpool son numerosas. Como ya se contó la necesaria historia de origen, quizás en la próxima se pueda experimentar más en su aspecto narrativo, explorando el verdadero potencial que tiene entre manos. Si en esta ocasión vimos una especie de caos controlado, sería bueno verlo en el futuro jugando con los límites de la película en sí, probando hasta dónde se pueden estirar.

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2 pensamientos en “Deadpool (2016)

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