Spotlight (2015)

Spotlight-posterUn tema tan complejo como el de los abusos sexuales cometidos por sacerdotes puede ser abordado desde diversos ángulos. En Chile, por ejemplo, se estrenaron hace poco dos películas que lo tratan desde perspectivas propias, El bosque de Karadima (2015) y El club (2015); la primera, explorando los crímenes en sí y la forma en que afectan a las víctimas, y la segunda mostrando lo que ocurre con los perpetradores tiempo después. El año pasado apareció también otra película, esta vez estadounidense, titulada Spotlight (En primera plana), que se centra en la materia desde el punto de vista de los medios de comunicación. Dado que muchos de esos delitos no pueden ser perseguidos a través de la vía judicial, debido a la prescripción o a la influencia que tiene la propia iglesia, el periodismo surge como una herramienta útil que permite dar a conocer esas conductas y exigir una mejor respuesta de las autoridades.

La cinta se basa en los artículos publicados por The Boston Globe a partir de 2002, los que revelaron un gran número de abusos sexuales cometidos por sacerdotes en contra de niños de la ciudad, así como el encubrimiento por parte de la institución a la que pertenecían. Tras un flashback que nos muestra que el problema ocurría desde hace décadas en Boston, la trama parte en 2001, con la llegada de un nuevo editor al periódico, Marty Baron (Liev Schreiber). Una de sus primeras medidas consiste en ordenar una investigación acerca de las acusaciones contra un sacerdote llamado John Geoghan y el supuesto conocimiento que el cardenal Bernard Francis Law tenía sobre sus delitos. La tarea es asignada a Spotlight, un equipo de reporteros integrado por Michael Rezendes (Mark Ruffalo), Sacha Pfeiffer (Rachel McAdams) y Matt Carroll (Brian d’Arcy James), bajo la dirección de Walter “Robby” Robinson (Michael Keaton).

Además de reconocer la labor de este periódico en particular, la película sirve como una carta de amor al periodismo en general. Mientras el actual panorama de la profesión parece estar dominado por listas tipo Buzzfeed, clickbaits y sensacionalismo, Spotlight se da el tiempo de destacar el importante rol que el periodismo tiene dentro de la sociedad. Cuando se realiza de manera autónoma y responsable, es capaz de cambiar la manera en que vemos nuestro entorno. La cinta incluso hace algunos guiños hacia el cambio de paradigma que ha sufrido la actividad durante el último tiempo, donde la preponderancia de lo digital y la importancia del número de visitas han dificultado las investigaciones bien hechas, cuyos extensos períodos de elaboración no se ajustan a la inmediatez que exige la nueva realidad. Los problemas que amenazan a la profesión no son nuevos para el director Tom McCarthy, ya que en la serie The Wire había interpretado a un inescrupuloso reportero que hace todo lo posible por escribir una historia efectista, aún cuando eso implique traicionar ciertos principios.

Esta obra puede ser descrita como procedimental, es decir, pone un especial énfasis en la manera en que se hacen las cosas. McCarthy no tiene miedo de mostrar el desarrollo de la investigación de manera minuciosa, incluidos la búsqueda de fuentes, la realización de entrevistas, la revisión de archivos o el acceso a documentos reservados. Todo esto puede parecer tedioso a simple vista, pero el mérito de la película se encuentra en su ejecución, ya que logra crear un relato interesante para quienes no somos periodistas. Incluso si ya sabemos cuál es el desenlace de la historia, la forma en que está contada es capaz de mantener nuestra atención, ya que vemos cómo cada uno de los puntos del reportaje va tomando forma y se van relacionando entre sí. Es un trabajo poco glamoroso el que hacen los protagonistas, pero necesario.

La sobriedad que existe en la labor de los personajes también se refleja en el aspecto visual de Spotlight, dado que la mayoría de sus escenas están ambientadas en interiores, generalmente en oficinas. El director de fotografía Masanobu Takayanagi ocupa una paleta de colores apagada, recurriendo además a planos generales y medios, lo que crea un cierto distanciamiento, pero al mismo tiempo enfatiza la relación que existe entre los personajes y su entorno, lo que es importante considerando que la película se centra el trabajo que realizan. La austeridad estilística de la cinta no impide que se transmitan ciertas ideas a través de sus imágenes, como la presencia constante de la Iglesia Católica en la vida de los protagonistas. Ya sea un crucifijo que cuelga del cuello de algún entrevistado o la torre de una iglesia que se asoma en el fondo del encuadre, estos elementos son un recordatorio de la influencia que esa institución tiene sobre la ciudad.

Boston, con más de la mitad de su población identificada como católica, es uno de los lugares en Estados Unidos donde la Iglesia posee mayor poder, lo que se nota también en la investigación que lleva a cabo el equipo Spotlight. Es esa autoridad uno de los aspectos que más dificulta el reportaje, ya que impide una mayor colaboración de las personas consultadas por los periodistas. Es también esa influencia, nos dice la película, lo que permitió que los delitos cometidos por los sacerdotes hayan quedado ocultos por tanto tiempo, convirtiéndose en una especie de secreto a voces entre los habitantes de la ciudad. El mismo periódico asume parte de la culpa, ya que pese a tratar algunas de las acusaciones contra los sacerdotes años atrás, lo hiczo sin la profundidad que requerían.

Como el núcleo de la película está formado por la historia que cuenta, sus personajes pasan a ocupar un rol más complementario. Son pocas las cosas que descubrimos de ellos fuera de su trabajo, como el hecho de que Sacha tiene una relación cercana con su abuela o que Mike está pasando por un periodo complicado de su matrimonio; gran parte de las cosas que hacen tiene que ver con la investigación. Los problemas que los agobian dicen relación, por ejemplo, con la competencia que tienen con otros periódicos o con el dilema de privilegiar la calidad de la noticia por sobre su urgencia. Esto la diferencia de una cinta como Zodiac (2007), donde el resultado de la investigación no es tan importante como la manera en que ésta afecta a sus personajes. Debido a eso, el impacto emocional de Spotlight no es tan potente como su destreza narrativa, aunque hacia el final se va notando el lado más humano de los protagonistas.

De manera coherente con el estilo utilizado, las actuaciones de la cinta se basan más en los matices que en lo vistoso. Uno de los nombres más elogiados por la crítica ha sido el de Mark Ruffalo, que fue nominado a un premio Óscar por su trabajo, al igual que Rachel McAdams. Sin embargo, vale la pena destacar a otros dos actores que no tienen escenas tan llamativas pero que logran una interpretación igual o mejor. Uno de ellos es Stanley Tucci, que da vida a un abogado que en la superficie parece impasible pero que en el fondo es movido por una pasión admirable, y el otro es Liev Schreiber, que encarna a un tipo de líder que no siempre se ve en las películas, cuya serenidad y humildad lo alejan de la grandilocuencia cinematográfica y por lo mismo lo convierten en alguien distinto, creíble.

Durante los últimos minutos del metraje, cuando la noticia sale a la luz y los personajes ven el fruto de su trabajo, la sensación transmitida es de ambivalencia, estando por un lado el optimismo de una labor bien hecha, pero al mismo tiempo se siente la melancolía de que no fue suficiente. El texto que aparece antes de los créditos finales nos demuestra la escala global de los delitos sexuales cometidos por sacerdotes y nos indica que todavía queda mucho por descubrir y mejorar. Es también en esos momentos que vemos la deshonrosa aparición de Chile, al igual que otros países de Latinoamérica, lo que nos recuerda que este no es un tema ajeno a nosotros.

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