Anomalisa (2015)

Anomalisa-posterCuando estamos ante una película tan particular en términos estilísticos, como Anomalisa de Charlie Kaufman y Duke Johnson, surgen preguntas acerca de la decisión de sus autores. Es decir, qué los llevó a escoger un camino que se aleja de lo convencional, en este caso hacer una cinta animada que trata temas adultos. Se trata indudablemente de algo muy vistoso, pero, ¿hay una justificación real detrás o solo se busca llamar la atención del espectador? Estas dudas adquieren mayor fuerza en el caso del stop motion, debido no solo al resultado visual que se logra sino también al proceso que hay detrás. La lógica nos indica que el tiempo y dinero invertidos habrían sido menores si se hubiese filmado con actores de carne y hueso, por lo que la razón debe ser bastante poderosa.

Estos cuestionamientos solo aumentan si consideramos la génesis del proyecto, que comenzó como una obra de teatro en la que Kaufman buscaba capturar la atmósfera del radioteatro, ya que lo importante no era lo que hacían los actores sino lo que decían. Así, le correspondía a la audiencia imaginar qué es lo que estaba ocurriendo a partir de lo que escuchaba. Pasar de un medio como ese a otro tan visual como el de la animación es un paso importante, sobre todo si se quiere mantener intacto el espíritu de la obra. La idea de ocupar stop motion fue sugerida por Dino Stamatopoulos, que participa como productor de la película, y para lograr ese resultado, Kaufman colaboró con Duke Johnson, conocido por haber hecho el episodio de navidad de la serie Community. Y tras una exitosa campaña en Kickstarter que les permitió financiar parte de la cinta, Anomalisa fue tomando forma.

La decisión de representar esta historia a través de la animación resulta aún más curiosa al notar su carácter mundano. El protagonista es Michael Stone (David Thewlis), un hombre de mediana edad que viaja a Cincinnati para dar una conferencia acerca de la atención al cliente, un área de los negocios donde es una especie de celebridad debido al libro que escribió. Durante los primeros minutos, lo seguimos en una serie de actividades tan rutinarias como bajarse de un avión, tomar un taxi y registrarse en un hotel, las que son narradas con un naturalismo que las hace palpables. Aprovechando que está en la ciudad, el personaje llama por teléfono a una antigua novia que no veía hace años, pero su intento de ponerse al día fracasa. La situación cambia cuando conoce a una mujer llamada Lisa (Jennifer Jason Leigh), que se está hospedando en el hotel para asistir a la charla que dará el protagonista al día siguiente. Michael nota algo distinto en la mujer, que la destaca del resto de las personas, quedando fascinado por su forma de ser.

Una premisa como esa, con un número tan limitado de locaciones y una economía de recursos, puede parecer algo monótona y poco especial, pero eso es porque no he mencionado sus aspectos más interesantes. Es habitual en la filmografía de Kaufman ver cómo la noción de la realidad se va deformando, gracias a la incorporación de elementos fantásticos o metacinematográficos. Desde la primera cinta que escribió, Being John Malkovich (1999), en la que se muestra un portal que permite adentrarse en la mente de ese actor, hasta su anterior largometraje, Synecdoche, New York (2008), donde una obra de teatro va creciendo en escala hasta llegar a encapsular la vida misma, sus trabajos nos permiten apreciar una peculiar visión artística.

En el caso de Anomalisa, lo inusual se encuentra presente desde el inicio, debido a que las voces de todos los personajes secundarios suenan igual (todas ellas fueron realizadas por el actor Tom Noonan, incluidas las de niños y mujeres). Esto, sumado al hecho de que los rostros de esas personas también son idénticos, crea una sensación inquietante, de irrealidad. La excepción a esto se encuentra en Lisa, cuya voz única atrae al protagonista, convirtiéndose en una anomalía (de ahí el título de la película) entre tanta homogeneidad. La estrategia ocupada por los directores permite transmitir la manera en que Michael se siente, aislado del resto del mundo e incapaz de conectar de manera genuina con quienes lo rodean.

Que la película utilice la animación para contar su historia, además de demostrar la versatilidad de la herramienta para narrar distintos tipos de relatos y no encasillarse en el cine familiar, contribuye a crear una atmósfera determinada. La relación que existe entre realidad y ficción se potencia al momento de ocupar animación, especialmente marionetas y stop motion. Hay en sus expresiones faciales y en los detalles de su diseño algo que las hace parecer humanas, pero al mismo tiempo se notan elementos que acentúan su carácter artificial, como la proporción de sus cuerpos o el hecho de que podamos ver las diferentes piezas que forman sus caras. Esto produce un efecto conocido como valle inquietante (uncanny valley), donde el nivel de realismo es alto, pero no lo suficiente para hacernos creer que estamos ante algo totalmente humano. En una cinta donde las fachadas son importantes, en la que el protagonista es visto como un experto en el área de atención al cliente pese a que sus relaciones personales son una farsa, subrayar esa idea visualmente es de gran ayuda.

En el mismo año, se estrenaron dos películas en las que Jennifer Jason Leigh interpreta a personajes muy distintos. En The Hateful Eight (2015), de Quentin Tarantino, da vida a una criminal despiadada y venenosa, prácticamente animalesca, mientras que en Anomalisa encarna a una mujer retraída, insegura, que duda constantemente de sí misma y de sus habilidades. Irónicamente, es su timidez lo que la hace destacar, ya que si bien el resto de las personas la subestiman, para Michael se convierte en un verdadero oasis en medio de la uniformidad a la que está acostumbrado. La atención que recibe del protagonista la desconcierta en un principio, pero poco a poco va dejándose cautivar hasta crear una conexión sentimental con él.

Si el amor de la mujer resulta puro, no se puede decir lo mismo del protagonista, cuyas motivaciones son menos claras. Después de ver la película, no sabemos muy bien si su atracción hacia Lisa consiste en un afecto genuino o si solo la ve como una solución para su problema. En otras palabras, ocupando conceptos de la ética kantiana, si la ve como un fin en sí mismo o como un simple medio para alcanzar un fin. Los personajes de Chrlie Kaufman no se caracterizan por ser encantadores, todo lo contrario, están llenos de falencias; son neuróticos, autodestructivos y hasta egoístas, lo que también coincide con la manera en que es retratado Michael, que no tiene problema alguno con dejar a su familia de lado para perseguir su propia satisfacción.

Para algunas personas, este tipo de personajes puede generarles rechazo, pero la verdad es que Kaufman no busca que sus protagonistas resulten agradables. Podríamos decir incluso que trata deliberadamente de resaltar sus dificultades, de hacerlos más complejos. Lo que busca del espectador no es que sintamos empatía por ellos ni que justifiquemos su actuar, sino que podamos entender -al menos parcialmente- qué es lo que ocurre dentro de sus cabezas. Aunque no coincidimos con las decisiones que toma Michael, a lo largo del metraje vamos sumergiéndonos en lo que siente; somos testigos de su alienación, de su desesperanza, de su hastío y melancolía.

No es la primera vez que una película muestra la infelicidad de un hombre heterosexual, de mediana edad, blanco, inserto en la rutina de la vida urbana, agobiado por una crisis existencial. Se trata, de hecho, de uno de los aspectos más comunes en la filmografía de Kaufman. Y por lo mismo, son entendibles los comentarios de quienes dicen que esta dinámica ya la habíamos visto antes. Si la comparamos con otras películas que escribió, como Eternal Sunshine of the Spotless Mind (2004), falta algo en su impacto emocional y en el desarrollo de su trama que la conviertan en una obra tan extraordinaria, pero de todas maneras estamos ante una cinta profunda, que no tiene miedo de explorar temas difíciles, a través de un medio que generalmente no es tratado con el respeto que se merece.

Al narrar situaciones que salen de lo común, la respuesta de la audiencia hacia la película puede ir por dos caminos. Pueden ver esos elementos como una metáfora de algo más, o como algo literal, que ocurre en un mundo determinado. Si bien la elección depende de cada espectador y uno es libre de hacer lo que quiera, creo que la segunda opción es menos acertada, ya que centra la atención en cuestiones superficiales como la facticidad o la lógica de lo que ocurre (¿es real todo esto?, ¿qué ocurrió verdaderamente?), en vez de lo que representa. Es como aquellas personas que ven Inception (2010) y la principal pregunta que se hacen es si el tótem de Cobb cae o sigue girando al final.

Dudas como esa son más bien secundarias y no son demasiado interesantes, ya que sus posibles respuestas son siempre categóricas. Al enfrentarse a una película como Anomalisa, lo mejor es abrir las opciones, permitiendo que los espectadores examinen las ideas que se esconden detrás. Debatir acerca de qué nos dice la cinta sobre las relaciones humanas, en vez de qué es real y qué es imaginario. Lo que hace que el cine sea considerado un arte es su capacidad para ser objeto de múltiples interpretaciones, no de entregar una respuesta inequívoca. La ambigüedad no es algo negativo.

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2 pensamientos en “Anomalisa (2015)

  1. Película que describe lo patética que puede resultar una existencia humana. Muy bueno el
    blog! Lo acabo de descubrir! Saludos desde Argentina.

  2. Pingback: Las mejores películas de 2016 – sin sentido

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