Brooklyn (2015)

Brooklyn-posterPese a la postura conservadora que profesan algunos candidatos a la presidencia de Estados Unidos sobre el tema, la inmigración ha sido fundamental para ese país, sirviendo como base para lo que es hoy. Uno de sus grandes atractivos como nación es la diversidad cultural que existe en sus ciudades, con comunidades que han mantenido valiosos rasgos de identidad a través de un respeto por sus raíces. Varias películas han explorado la idea a lo largo del tiempo, ya sea desde una perspectiva ligada al crimen, como The Godfather Part II (1974) o Gangs of New York (2002), hasta visiones más optimistas, como Brooklyn (Brooklyn: Un amor sin fronteras), del director John Crowley. Basada en la novela de Colm Tóibín, la que fue adaptada por el escritor Nick Hornby, la cinta se encuentra entre las ocho nominadas en la categoría de mejor películas en los premios Óscar de este año.

Su trama gira en torno a una joven llamada Eilis Lacey (Saoirse Ronan), que vive en un pequeño pueblo irlandés cerca de la costa. Aunque la vida en el lugar es tranquila, las perspectivas laborales de la protagonista no son muy esplendorosas; quedarse en el pueblo parece ser una condena segura al estancamiento. Gracias a la iniciativa de su hermana mayor, Eilis viaja a Estados Unidos, específicamente a Brooklyn, para poder tener un futuro más prometedor. Allí vivirá en una hospedería administrada por la señora Kehoe (Julie Walters), una mujer muy católica, y trabajará en una lujosa tienda, estudiando contabilidad durante las noches. Pese a las posibilidades que se abren ante ella, la joven no lo pasa bien durante sus primeros días en ese país, ya que la nostalgia por su hogar es inaguantable. Su situación mejora cuando conoce a un plomero italoamericano llamado Tony (Emory Cohen), con quien entabla una relación sentimental. Sin embargo, un hecho fortuito la obliga a volver momentáneamente a Irlanda, lo que acrecienta el dilema de la protagonista de vivir entre dos mundos.

A diferencia de una cinta como The Immigrant (2013), que aborda la inmigración desde una vereda trágica, con tintes melodramáticos, la mirada de Brooklyn es más positiva. El Estados Unidos presentado en la película no es gris ni hostil, sino que lleno de posibilidades. Incluso en los momentos difíciles que pasa Eilis al comienzo de su estadía, el tono utilizado no cae en lo deprimente, y el principal conflicto de la historia surge más bien de las circunstancias que rodean al personaje que del actuar de un antagonista. Se nota una atmósfera clásica en la cinta, romántico, donde el diseño de producción reluce a través de sus vestuarios y objetos de mediados del siglo XX. Una visita a Coney Island, por ejemplo, con sus colores vibrantes e imagen reluciente, es mostrada casi como una postal.

Este enfoque también se nota en el romance, ya que la relación entre Eilis y Tony es mostrada con una dulzura que la hace resplandecer. La historia ha sido comparada con el trabajo de Nicholas Sparks, un escritor estadounidense que se especializa en las novelas románticas, las que han sido adaptadas a la pantalla grande en películas que dieron forma a una especie de subgénero cinematográfico propio. Sin embargo, la cinta de Crowley se aleja de lo empalagoso de esas obras, optando por un estilo más recatado, llegando incluso a ocupar una visión más honesta acerca del amor. Mientras el afecto de Tony hacia la protagonista resulta incondicional e inocente, la respuesta inicial de Eilis es mesurada, acercándose más a la gratitud que a la pasión. La estrategia más fácil habría sido asimilar el cariño de ambos personajes, pero la película prefiere reconocer que los sentimientos de dos personas no siempre coinciden en la vida real.

La cinta aprovecha el viaje de la protagonista para contar una historia acerca de la maduración. Los miles de kilómetros que separan a Eilis de su hermana y su madre no solo son una distancia física, sino también personal, ya que representan cómo las vidas de ellas se han separado y desde ahora deberán transcurrir por caminos distintos. Lejos de su familia, la joven se ve obligada a aclimatarse a un entorno desconocido, dando un importante paso hacia la adultez. Su evolución como persona se pone de manifiesto cuando regresa a Irlanda, con una personalidad que la diferencia del resto, creando una clara distancia entre ella y el lugar donde creció. Pero la influencia de su antiguo pueblo todavía es poderosa, y poco a poco vemos cómo la autonomía que había logrado encontrar se ve amenazada.

En vez de mostrar al país natal de la joven como un lugar agobiante, que funcione como un opuesto sombrío de Estados Unidos, la película prefiere resaltar sus virtudes, logrando así que el dilema de la protagonista cobre fuerza. Cuando regresa a Irlanda, Eilis descubre que aquellas oportunidades que no había podido encontrar tiempo atrás finalmente se abrieron para ella. Pese a que su estadía es temporal, no tarda en encontrar trabajo y hasta es pretendida por un joven de buena familia llamado Jim Farrell (Domhnall Gleeson). La decisión que debe tomar es si vale la pena dejar de lado esta prosperidad para regresar a Norteamérica, de vuelta con Tony y las posibilidades que ofrece ese lugar.

Brooklyn es una cinta más bien inofensiva, que no se arriesga demasiado. Ambientada en el pasado y narrando una historia de amor, la obra no se caracteriza por un carácter innovador, sino que opta por una ruta más convencional. Cumple con lo que se propone, logrando un buen resultado aunque sin llegar a ser algo extraordinario. El elemento que más destaca dentro de la película, y que evita que caiga en lo simplemente correcto, es la actuación de Saoirse Ronan, quien es capaz de transmitir las emociones conflictivas de su personaje a través de su rostro. Su buen trabajo llega al punto de suplir la débil manera en que fue escrita Eilis, cuya pasividad no la hace muy interesante.

Durante gran parte del metraje, la protagonista se limita a reaccionar ante lo que ocurre a su alrededor, sin tomar la iniciativa. Su viaje a Estados Unidos fue planeado por su hermana mayor; su regreso a Irlanda se debe a un hecho fortuito; sus relaciones sentimentales con Tony y Jim son iniciadas por ellos, quedando la joven relegada a responder a sus propuestas; incluso el momento definitorio de la trama, donde Eilis debe tomar la decisión de vivir en uno de los dos países, es gatillada por lo que hace un tercero, lo que termina forzándola a zanjar el dilema. Es cierto que la idea central de la cinta es el crecimiento personal de la protagonista, pasando de un estado de inacción a definir su propio camino, pero hasta que eso no ocurre, el personaje no llama demasiado la atención en términos de personalidad o carácter; es lo que le ocurre lo que ocupa el principal foco de interés.

Se nota también una cuota de ambivalencia en el mensaje que quiere entregar la historia. La película destaca el espíritu independiente del personaje principal, mostrando cómo se libera de las cadenas que la tienen amarrada a un lugar determinado, destacando su ambición y ganas de surgir, pero lo combina con una moral tradicionalista, donde el matrimonio es uno de los grandes logros al que puede aspirar una mujer. No queda muy claro si la cinta está criticando este tipo de mentalidad, evaluándola desde una perspectiva contemporánea, o si en cambio está abrazando el pensamiento de aquella época. Es esta falta de claridad lo que impide que el impacto de Brooklyn sea mayor a un comentario del tipo “¡qué película más adorable!”.

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