Carol (2015)

Carol-posterEn el cine y la televisión, las relaciones lésbicas han sido representadas generalmente desde una perspectiva fetichista. Cuando dos mujeres aparecen en pantalla en una actitud afectuosa, la situación es abordada de tal manera que uno de sus principales objetivos es estimular al hombre heterosexual que está viendo la escena, privando a esos personajes femeninos de autonomía y de la capacidad de demostrar cariño de una manera que no sea sexual. Esto no ocurre con la película Carol, basada en la novela de Patricia Highsmith, una escritora que también demostró una preferencia afectiva hacia las mujeres, aunque rehuía las preguntas acerca del tema. La obra se da el tiempo de mostrar la relación de sus dos protagonistas a través de unos interesantes matices, tocando temas como el amor prohibido y el autodescubrimiento.

Todd Haynes, el director de la cinta, también es homosexual, lo que le otorga una visión particular acerca del tema, una visión que probablemente sería diferente si se tratase de un hombre o una mujer heterosexual. El cineasta entiende, por ejemplo, la importancia de que la novela aborde este tipo de relación de una manera no trágica, tocando las dificultades inherentes al hecho de ocurrir dentro de una sociedad determinada, pero sin llegar a caer en lo excesivamente catastrófico. Las películas que recurren a esas desgracias, como Brokeback Mountain (2005), no por eso son menos meritorias, ya que no se puede desconocer la posibilidad de que algo de esa naturaleza ocurra, sobre todo con un tema que todavía es mal visto por algunos sectores, pero contar historias de naturaleza LGBTQ donde el desenlace de los protagonistas no involucra su muerte también es valioso.

Otro de los aspectos que la película evita son los estereotipos, como aquellos frecuentes momentos donde se muestra a uno de los personajes intentando entender lo que ocurre consigo mismo, en una mezcla de frustración y desconcierto. Ese tipo de escenas tan teatrales son omitidas, siendo en cambio reemplazadas por un proceso más agudo de búsqueda de identidad. También se dejan de lado los estereotipos ligados al propio lesbianismo, como esa noción de que una de las mujeres dentro de la relación debe tener una apariencia y comportamiento masculino. Si bien hay casos donde eso ocurre, no se trata de algo que sea esencial, y la gran difusión que ha tenido esa idea simplemente sirve para reforzar la dicotomía hombre-mujer que domina nuestra sociedad. En la cinta se permite que ambas protagonistas conserven su femineidad e incluso se acentúa.

Ambientada a inicios de los años 50, en Manhattan, la película narra la historia de Therese Belivet (Rooney Mara), una tímida joven que está tratando de decidir la dirección de su vida, y Carol Aird (Cate Blanchett), una sofisticada mujer que se encuentra en pleno proceso de divorcio. Las mujeres se conocen cerca de navidad, en la tienda donde Therese trabaja, ya que Carol está buscando un regalo para su hija. Cuando a la mujer se le quedan sus guantes en la tienda, la joven se los envía a su casa y recibe a modo de agradecimiento una invitación a comer. Lo que comienza como algo simple entre ellas, poco a poco irá convirtiéndose en algo más, pese a la confusión de Richard (Jake Lacy), novio de Therese, y al enojo de Harge (Kyle Chandler), el marido de Carol.

El acercamiento entre las protagonistas es cauteloso, lo que se debe entre otras cosas a las diferencias que las separan. Diferencias como su edad y clase social crean un abismo entre ambas, algo que se nota también en cómo cada una de ellas afronta su orientación sexual. Carol tiene más experiencia en la materia y está más segura de lo que siente, mientras que Therese recién está descubriéndolo. La fragilidad que transmite Rooney Mara es perfecta para el personaje, cuyos ojos tratan de registrar cada detalle que la rodea como si estuviese ante una situación que no había vivido antes. Hay en su aspecto algo que la relaciona con la inocencia de la actriz Audrey Hepburn, lo que contrasta con la frialdad y estampa que rodea a Cate Blanchett.

Aunque la película se encarga de mostrarnos aspectos de la vida de los dos personajes, la historia es contada principalmente a través del punto de vista de la joven. Por eso, existe un aura de misterio sobre Carol, quien en varias escenas resulta difícil de descifrar. La incertidumbre se extiende a elementos como sus motivaciones, ya que el hecho mismo que las unió –el descuido de los guantes- podría haber sido perfectamente algo deliberado de su parte. La honestidad que demuestra Therese en sus sentimientos no se replica en el caso de Carol, que hace lo posible por no parecer vulnerable. Las dudas que tiene la joven acerca de la relación son trasmitidas al propio espectador; no hay garantías de que vaya a funcionar lo que hay entre ellas ni sabemos hacía qué dirección puede ir.

Las emociones que atraviesan la película son variadas, desde la dulzura del primer amor hasta el dolor por la posibilidad de perderlo. Y a pesar de los problemas que deben soportar las protagonistas, la cinta nunca pierde esa sensación de belleza melancólica que la define. Su encanto depende en parte de la delicadeza de sus componentes, ya que nunca se llega a lo desmesurado, optando en cambio por la precisión. Son los pequeños detalles los que le van dando forma, a través de los gestos de sus actrices e incluso sus silencios. Con su ritmo pausado, Carol puede resultar lenta para ciertos espectadores, pero eso es porque no se fijan en sus sutilezas, esperando momentos estridentes y manifestaciones alborotadas de una obra que ha escogido un camino diferente.

Tan importante como lo que se está contando es la forma en que se cuenta. Si bien Carol opta por el naturalismo cuando se trata de las situaciones narradas y su ambientación, eso no significa que el estilo utilizado deba ser aburrido. Haynes aprovecha las herramientas que tiene a su alcance para crear algo especial, explorando las posibilidades del lenguaje cinematográfico con el fin de enfatizar ciertos aspectos del relato. La fotografía a cargo de Edward Lachman trata de emular visualmente el punto de vista de Therese, dado que la historia es contada desde su perspectiva, a través de planos que acentúan detalles como las manos, el pelo o la ropa de Carol. Se trata de elementos que la propia joven tomaría en cuenta al momento de interactuar con ella, lo que refleja su actitud observante, considerando que es una aspirante a fotógrafa.

Incluso aspectos tan comunes como la manera en que son filmadas las conversaciones adquieren una pequeña variación en esta película. Cuando dos personajes están hablando frente a frente, la estrategia utilizada en la gran mayoría de las cintas es la del plano-contraplano, donde se alterna la imagen individual de una de las personas a la otra, mostrando en cada caso una pequeña parte del hombro del interlocutor para demostrar su ubicación. En el caso de esta cinta, también se recurre al plano-contraplano, pero la cámara se encuentra más alejada de los sujetos, expandiendo el plano y permitiendo que veamos no solo una parte ínfima de la otra persona, sino que su nuca, cuello y hombros. Que se recurra a esta distancia al momento de mostrar las interacciones entre Therese y Carol refuerza esa idea algo voyerista que transita por la obra, creando además la ilusión de que están siendo observadas por un tercero, lo que coincide con los prejuicios que existían décadas atrás hacia ese tipo de relaciones.

El aspecto visual de la cinta está inspirado por el trabajo de varios fotógrafos y documentalistas de mediados del siglo XX, ya que el director quería capturar la atmósfera del Manhattan de aquellos años. Uno de sus principales influencias fue la obra del fotógrafo Saul Leiter, cuyas imágenes se caracterizan por estar registradas a través de ventanas, aprovechando las reflexiones que se producen en el vidrio (especialmente las luces artificiales), así como los rastros de vapor y gotas de agua que se encuentran sobre la superficie. La apariencia creada está llena de personalidad, pudiendo ser definida como impresionista. Esto le otorga un carácter palpable a la cinta, ya que nos traslada a un determinado tiempo y lugar. Sentimos la temperatura de las calles y el estado de ánimo que envuelve a esa estación del año.

En manos de otras personas, la película podría haber sido tediosamente convencional, pero Haynes y su equipo logran una ejecución de gran calidad. El resultado es una obra que posee una visión propia, que la destaca del resto de las cintas, convirtiéndola en una pequeña joya. Su capacidad evocadora se nota sobre todo en la banda sonora de Carter Burwell, cuyas melodías funcionan como un hechizo que nos atrapa y no nos suelta aún cuando aparecen los créditos finales.

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2 pensamientos en “Carol (2015)

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