The Danish Girl (2015)

The_Danish_Girl-posterCada año que pasa, aparecen nuevas películas que parecen diseñadas específicamente para ser reconocidas durante la temporada de premiaciones. Estas obras cumplen con algunos requisitos –no necesariamente taxativos- que permite identificarlas, como por ejemplo estar ambientadas en el pasado, estar basadas en hechos reales, ocurrir en Europa, narrar una historia donde el protagonista supera un obstáculo importante, y su actor principal se somete a algún tipo de cambio o transformación física. Uno de los ejemplos más recientes es The Danish Girl (La chica danesa), en la que colaboraron dos personas que han debido su éxito a este particular tipo de películas: el actor Eddie Redmayne, que ganó un premio Óscar gracias a su interpretación en The Theory of Everything (2014), y el director Tom Hooper, que hizo lo propio con su trabajo en la cinta The King’s Speech (2010).

Basada en la novela homónima de David Ebershoff, la película cuenta la historia real de Einar (Eddie Redmayne) y Gerda Wegener (Alicia Vikander), un matrimonio de pintores daneses que vivió en Copenhague a comienzos del siglo XX. La situación de la pareja parece ser común y corriente, con una relación entre ambos que presenta buena salud, una vida social sin exabruptos, y un considerable reconocimiento artístico gracias a las obras de Einar. Sin embargo, las cosas cambian cuando el pintor asume algo que había escondido durante muchos años. Aunque nació biológicamente como un hombre, en el fondo siente que su verdadera identidad es la de una mujer. Insertos en una sociedad que ve este tipo de pensamiento como un trastorno mental, los protagonistas deberán aprender a lidiar con esta condición y ver cuál de los caminos que tienen a su disposición es el más adecuado para ellos. El personaje adopta el nombre de Lili Elbe y asume completamente esta identidad, llegando a convertirse en uno de los primeros casos registrados de personas sometidas a una operación de cambio de sexo.

Años atrás habría sido muy difícil estrenar una película como esta, ya que se trata de un tema que era considerado tabú. Si bien hoy en día todavía existen algunos obstáculos para hablar sobre las personas transgénero, no se pueden negar los avances que han surgido sobre el tema, creando un lento cambio cultural que ha llevado hacia una mayor aceptación. Noticias tan difundidas como la de Caitlyn Jenner o el trabajo de la actriz Laverne Cox en la serie Orange is the New Black han permitido que algo que en el pasado se consideraba aberrante vaya escapando de esa percepción negativa. Los propios realizadores de la cinta han reconocido la importancia de la obra y la responsabilidad que asumieron al hacerla, pero hay que tener muy claro que no siempre las buenas intenciones van a coincidir con el resultado final.

Una de las principales críticas que recibió la película fue la decisión de que una mujer transgénero haya sido interpretada por un hombre cisgénero, lo que parece vulnerar el ideal de representación que la propia cinta pretende defender. Aunque es un punto comprensible, no creo que sea tan cuestionable si consideramos que la historia narra precisamente la transición de la protagonista, lo que sumado a la naturaleza figurativa de la actuación, hace que esto sea más pasable. Un caso más criticable podría ser el de Jared Leto en Dallas Buyers Club (2013). Los defectos más graves de la obra, a mi parecer, van por otros caminos.

Eddie Redmayne asume el rol de Lili con una entrega similar a la de su Stephen Hawking, llegando incluso a bajar de peso para poder tener unos rasgos más delicados. En cada escena donde participa se nota su ansia por ganar algún tipo de premio por su trabajo, subrayando cada una de sus emociones para que resulten “conmovedoras” y puedan ser utilizadas en esos videos donde presentan a los nominados en alguna ceremonia como los Óscar o los Globos de Oro. La interpretación del personaje resulta unidimensional, llegando incluso a resaltar algunos de sus tics actorales como unos particulares movimientos faciales o sus recurrentes susurros. Para Redmayne, el transmitir la esencia de la protagonista consiste simplemente en ocupar gestos amanerados y una sonrisa boba, lo que termina simplificando innecesariamente un personaje que permitía más matices.

En vez de parecer un personaje real, creíble, el resultado es una creación que tiene las costuras a la vista. No se llega al punto en que lo veamos como una persona de carne y hueso, ya que detrás de todo lo que hace se nota la decisión deliberada de Redmayne y de los realizadores. Existe también una manera errónea de abordar el tema tratado, asimilando, por ejemplo, el uso de ropa de mujer más con un fetiche que con una identidad de género. Durante esos momentos, los ojos del actor no transmiten la idea de que finalmente ha encontrado su verdadero ser, sino que un extraño deseo que roza lo sexual. Y pese a que la película muestra la visión de que las personas transgénero tienen un trastorno mental como algo criticable, cae en el mismo error al momento de caracterizar a la protagonista, ya que retrata su condición como una especie de personalidad múltiple, donde Lili y Einar luchan constantemente dentro de su cuerpo.

Para un tema tan delicado, que requiere de una gran precisión al momento de ser explorado, la cinta recurrió a un enfoque desprolijo, torpe. Los cuestionamientos sobre esta materia han sido múltiples, así que recomiendo leer la visión de personas más competentes, especialmente personas transgénero que saben en carne propia lo que significa vivir eso (este comentario en inglés es muy ilustrativo). Puede que los problemas de la obra sean un reflejo de la época en la que está ambientada la historia, dado que hace un siglo la información sobre el tema no era tan completa como en la actualidad. Sin embargo, esa justificación solo es aceptable hasta cierto punto, ya que aún considerando eso hay aspectos que no convencen. De hecho, la explicación llega a cuestionar la decisión misma de hacer la película, ya que si el objetivo era concientizar sobre el tema, es raro escoger una historia tan poco idónea, que sirve más para confundir al espectador que para ayudarlo a entender.

Los defectos de The Danish Girl no solo se extienden a su contenido, sino también a la manera en que éste es tratado. Aunque la cinta narra la transición de Lili Elbe desde una mujer atrapada en el cuerpo de un hombre hasta alguien que alcanza su verdadera identidad, es poco lo que hace el relato para explicarnos esta transformación desde una perspectiva más profunda. Vemos al personaje comenzar a ocupar ropa de mujer, maquillaje, a comportarse como tal, e incluso someterse a una cirugía de cambio de sexo, pero se trata solo de cuestiones superficiales. Sin un adecuado vistazo a sus motivaciones ni a lo que piensa, la decisión de comenzar a vestirse como mujer resulta poco definida y hasta apresurada. ¿Cuál es la naturaleza e intensidad de estos pensamientos? ¿Desde cuándo los tiene? Ninguna de estas preguntas es contestada satisfactoriamente.

Al igual que en The Theory of Everything, el aspecto más interesante de la película no es el protagonista ni sus obstáculos, sino que la manera en que las personas que lo rodean, especialmente su esposa, resultan afectados. Mientras Redmayne recurre a una interpretación llena de artificios, la actriz sueca Alicia Vikander opta por algo más aterrizado y honesto, lo que termina siendo mucho más convincente. La relación que tiene con el personaje principal sufre varios cambios desde que descubre que la persona con la que se casó se ve a sí misma como mujer. La respuesta inicial es de diversión, ya que ve esto como un simple juego, pero cuando se va dando cuenta que no se trata de un alter ego ni de algo pasajero, surgen la confusión, el miedo, la frustración, el deseo de ayudar y finalmente el entendimiento. Es en estas escenas donde la imprecisión resulta adecuada, ya que se trata de una situación que no es fácil de abordar, así que las contradicciones no son vistas como defectos, sino que como algo necesario.

Otra de las cuestiones aludidas por la película es la faceta profesional de los personajes, debiendo Gerda vivir bajo la sombra de su marido, quien recibe todos los reconocimientos artísticos. El estilo de la pintora, que se dedica a hacer retratos, no llama la atención de las galerías de arte, lo que cambia una vez que Lili asume su verdadera identidad. Inspirada por la noticia, Gerda la ocupa como modelo y crea nuevos cuadros, los que son mucho mejor recibidos que sus anteriores obras. Si bien es interesante la incorporación del mundo del arte dentro de esta historia, lamentablemente hay algunos aspectos que no quedan muy claros. No se explica, por ejemplo, la razón de que las nuevas pinturas reciben una mejor respuesta del público, más allá de que representan a una persona por la que Gerda siente un gran afecto, ni qué es lo que este cambio representa en términos del resto de la película.

Como ya es costumbre en este tipo de cintas, los aspectos técnicos tienen un buen nivel. El diseño de producción cumple replicando el espíritu de la época gracias a sus vestuarios y decorados, mientras que la fotografía de Danny Cohen logra unos buenos planos, sobre todo de exteriores. Tom Hooper, por su parte, no llega al extremo demostrado en Les Misérables (2012), donde su uso del lenguaje cinematográfico parecía arbitrario, pero de vez en cuando se notan algunas decisiones poco comprensibles, como la utilización de unos planos generales muy breves al comienzo de alguna escena para mostrarnos el entorno en el que transcurre (cuya duración no permite examinarlos demasiado bien), o unos planos holandeses que la verdad no entiendo por qué insiste en ocupar.

En términos generales, The Danish Girl es muy convencional, con una trama que marca todas las notas que uno espera encontrar en estas obras. Después de ver una película como Carol (2015), que ocupa una temática LGBTQ de manera inteligente, con tacto y personalidad propia, los problemas de esta cinta se notan aún más. Su propio final funciona como una confirmación de los defectos que vimos a lo largo del metraje, con una metáfora tan burda que es difícil de tomar en serio.

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