The End of the Tour (2015)

The_End_of_the_Tour-posterAsí como las buenas películas deportivas hacen que te importe un deporte con el que no estabas familiarizado, las buenas películas que están basadas en alguna personal real deben ser lo suficientemente interesantes para que te cautive la historia de alguien que no conocías anteriormente. Eso fue precisamente lo que me pasó con The End of the Tour, cinta que gira en torno al escritor estadounidense David Foster Wallace, de quien solo conocía la admiración que levanta dentro de algunos círculos literarios, y pese a mi ignorancia previa se convirtió en una agradable experiencia. Incluso me dieron ganas de conocer más cosas de él y de su obra.

La película ocupa como marco narrativo una entrevista de Wallace (Jason Segel) que hizo David Lipsky (Jesse Eisenberg) para la revista Rolling Stone. El encuentro ocurrió en 1996, cuando el reportero pasó cerca de una semana junto al escritor mientras promocionaba su novela La broma infinita, su libro más alabado. Para esto viaja desde Nueva York hasta Illinois, a la casa de Wallace, donde conoce a sus perros y lo acompaña a una de las clases que hace en la universidad. Armado de una grabadora y una libreta para tomar notas, Lipsky le va haciendo preguntas acerca de su vida y su obra, tratando de buscar algo sobre lo cual escribir su artículo. Mientras su editor le exige detalles sensacionalistas acerca de una supuesta adicción a las drogas del escritor, el reportero prefiere seguir otro camino, intentando también examinar la percepción que él mismo tiene sobre el autor.

Siendo un relato que está construido mayoritariamente sobre las conversaciones de dos personas, The End of the Tour podría no parecer la película más llamativa del mundo. No hay grandes revelaciones ni momentos explosivos, y el conflicto que se llega a desenvolver entre ambos protagonistas es tan discreto como el resto de la película. De hecho, Lipsky nunca llegó a publicar su artículo en la revista. Pero a la cinta no le interesa eso, asumiendo en cambio su naturaleza sobria y centrándose en los detalles. Las películas que se basan en diálogos pueden ser atractivas si éstos están bien construidos y si la relación entre sus personajes resulta creíble. Lo que le interesa a esta obra es lograr una atmósfera cotidiana, capaz de capturar la intimidad de ese encuentro.

El director James Ponsoldt, que anteriormente había hecho Smashed (2012) y The Spectacular Now (2013), opta por un estilo y puesta en escena modestos. Consciente de que el núcleo de la obra se encuentra en la interacción de sus protagonistas, prefiere ocupar una apariencia naturalista, que no nos distraiga demasiado de lo que está ocurriendo y que al mismo tiempo transmita ese estado de ánimo que quiere crear. Se trata de una simpleza acorde al viaje del propio reportero, que deja atrás la vida atareada de la gran ciudad para sumergirse en un mundo más sereno, algo que es acentuado por la nieve que cubre el paisaje. Hay algo en esta visita al Estados Unidos profundo, aquel alejado del encanto y las apariencias, que le da una importante cuota de honestidad a la historia.

A lo largo de sus conversaciones, Lipsky y Wallace van descubriendo más cosas uno del otro. La audiencia es testigo de la personalidad retraída del escritor, su manera de ver el mundo, y algunos de los temas que trata de explorar en su obra, como la fascinación que tiene por la sociedad de consumo y la cultura del entretenimiento. Hay varias reflexiones acerca de la vida como escritor, un oficio solitario y lleno de inseguridad, al igual que la repentina fama que adquirió con su libro y lo que ocurrirá después con su carrera. Si bien es positivo que su novela haya sido recibida con tanto entusiasmo, Wallace es consciente de las expectativas que existirán sobre sus futuras obras, lo que levanta una importante presión sobre su labor creadora.

Pero no solo el entrevistado nos muestra su manera de ser, ya que también logramos echar un vistazo a lo que ocurre con el reportero. Que su rol dentro de la película no sea limitado, como un mero entrevistador, se debe a que él también es un escritor y ha publicado un libro, pero a diferencia de Wallace su trabajo no ha sido reconocido de manera masiva. Su primer acercamiento a la obra del entrevistado es una reseña enormemente generosa que le hicieron en el periódico, palabras que lo llevan a leer la novela en cuestión y a corroborar –a su pesar- que los elogios estaban en lo correcto. Su actitud hacia Wallace es una compleja mezcla de admiración y celos, ya que así como reconoce la genialidad del escritor también es capaz de ver que nunca estará a su altura, lo que hace recordar lo que ocurría entre Salieri y Mozart en la cinta Amadeus (1984). El miedo de Lipsky es reforzado por el estreno de esta misma película, ya que no ha sido su obra artística la que lo ha hecho famoso, sino que su vínculo con Wallace.

La interpretación de Jesse Eisenberg es una que ya le conocemos hace años, dando vida a un personaje neurótico y tenso que es funcional para la historia pero que no sobresale demasiado. La gran revelación de The End of the Tour viene por parte de Jason Segel, cuya carrera se había desarrollado hasta ahora principalmente por la vereda de la comedia. Esta transición no siempre es fácil, sobre todo cuando se encarna a una persona real, ya que el comportamiento del actor puede llegar a ser “falso”, revelando en todo momento que está interpretando un rol. Sin embargo, en el caso de Segel se alcanza un resultado completamente natural. La manera en que habita el personaje es muy fluida, creando la ilusión de que estamos viendo a una persona de carne y hueso, que habita ese mundo y vive ese tipo de vida.

Como el punto de partida de la cinta es la noticia sobre el suicidio de Wallace, se podría haber caído en el error de modelar todo el resto del metraje en torno a ese hecho, entregando indicios acerca de las razones que lo llevaron a tomar esa decisión. Si bien se toca de vez en cuando el tema de la muerte y los problemas de depresión del escritor, la película no se transforma en un ejercicio especulativo ni sensacionalista, optando por una estrategia más aterrizada. Sabiendo que es imposible resumir las complejidades de una persona en menos de dos horas, el objetivo de la obra consiste en mostrarnos una parte de su vida, en un determinado tiempo y lugar. No se busca crear un retrato completo ni definitivo del autor, sino que simplemente una cara de él, lo que es un acercamiento más apropiado.

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  1. Pingback: Las mejores películas de 2016 – sin sentido

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