Trumbo (2015)

Trumbo-posterEn la historia de Hollywood han ocurrido pocos sucesos tan vergonzosos como el de la lista negra. A mediados del siglo XX, cuando la paranoia en torno a la Guerra Fría alcanzaba niveles altos, surgieron esfuerzos por “desenmascarar” a aquellos ciudadanos que tuvieran alguna afinidad ideológica con el comunismo o algún lazo con la Unión Soviética. El proceso llegó a la misma industria cinematográfica, con las audiencias que el Comité de Actividades Antiestadounidenses organizó para interrogar a artistas que consideraba sospechosos. La persecución no dejó indiferente a nadie, con actores como John Wayne apoyando la estrategia mientras que otros como Gregory Peck se opusieron a ella. En 1947, un grupo de miembros de la industria apodado “los 10 de Hollywood” se negó a declarar ante el comité, siendo posteriormente encarcelados por desacato.

Esta película gira en torno a uno de esos individuos, el guionista Dalton Trumbo (Bryan Cranston). Ganador de un Premio Nacional del Libro por su novela Johnny Got His Gun, y nominado a un Óscar por la película Kitty Foyle (1940), su talento como escritor era innegable. Sin embargo, eso no fue suficiente para evitar el hostigamiento que recibió por el hecho de militar en el Partido Comunista de Estados Unidos. La influencia que sus perseguidores tenían sobre la industria era tal que las puertas se le fueron cerrando pese a sus méritos artísticos, convirtiéndose en una verdadera paria. Pese a vanagloriarse de ser el país de las libertades, medidas como estas arruinaron la vida de muchas personas por el solo hecho de pensar de una determinada manera.

La justificación del comité era un supuesto peligro para la seguridad y los ideales de Estados Unidos, debido al riesgo de que se utilizara el cine como una herramienta para transmitir ideas de corte marxista. Pero tras años de investigaciones no se encontraron rasgos de ninguna conspiración ni de agentes encubiertos en esa industria. Irónicamente, fueron los propios perseguidores quienes ocuparon los medios de comunicación para instalar la idea de que esas personas eran peligrosas, a través de las columnas de opinión de Hedda Hopper (Helen Mirren) y unos noticiarios que se basaban más en rumores que en hechos. Lo que les interesaba no era tanto la rigurosidad informativa, sino que levantar un rechazo en la población, que la opinión pública no se quedara callada ante las presuntas transgresiones de los acusados.

Al momento de ser citados a declarar, los interrogados tenían dos opciones. La primera consistía en no colaborar con la investigación, que fue lo que escogieron los “10 de Hollywood”, un camino que es más loable en términos éticos, pero que los expone a un castigo económico, al ser excluidos de trabajar en los principales estudios de cine. La segunda opción es colaborar, entregando nombres y detalles acerca de otras personas que resulten ideológicamente condenables. Eso fue lo que ocurrió con el productor Buddy Ross (Roger Bart), quien agobiado por la presión del comité decidió hablar para poder recuperar su carrera empresarial. Aunque el nombre no alude a una persona real, el personaje está basado en los casos de Dore Schary y Walter Wanger, que pese a ser afines al pensamiento liberal fueron colaboradores de la lista negra. Se trata de una disyuntiva interesante, pero la película no le otorga la suficiente atención que se merece.

Las secuencias más llamativas de la cinta no son las que muestran al protagonista resistiendo estoico los ataques del comité, sino aquellas donde asume un rol más activo. Una vez que salió de la cárcel, Dalton Trumbo decidió burlar el bloqueo laboral al que fue sometido a través de una vía alternativa. Aliándose con un estudio de cine llamado King Brothers Productions, fue capaz de escribir guiones para películas de bajo presupuesto con nombres falsos, en una tarea extenuante para él y su familia, pero que al menos le permitía subsistir modestamente. El protagonista no tarda en convencer al resto de sus colegas que estaban sin trabajo de probar esta estrategia, creándose un complejo sistema de trabajo. Es a través de sus guiones bajo seudónimo que logra algunos de los reconocimientos más importantes de su carrera, incluidos dos premios Óscar por Roman Holiday (1953) y The Brave One (1956). No obstante, se trata de alegrías parciales, que debe experimentar en privado debido al secretismo que rodea a su trabajo.

Con un ritmo correcto, la trama avanza de manera mecánica por todos esos momentos que uno espera encontrar en las biopics convencionales, sin entregar grandes innovaciones. El resultado no es malo, pero los lugares comunes no ayudan a elevarla por sobre el resto de las películas. La principal novedad de la obra es el hecho de que su protagonista sea comunista y sea retratado de manera positiva, ya que se trata de un tema generalmente tabú, que es mirado con suspicacia. Los aspectos ideológicos del personaje son simplificados y no son explorados con la profundidad necesaria, simplemente enunciando algunos de los puntos más complejos como la diferencia que existía entre su pensamiento y su forma de vida burguesa. Que una película decida tratar de manera afectuosa a alguien no significa que deba omitir todos los elementos complejos de esa persona, ya que termina reduciéndola solo a un par de ideas. Afortunadamente esto es compensado en parte por la tensión que se muestra entre la vida profesional y personal de Trumbo.

A pesar de tener una historia muy interesante, capaz de llenar libros y documentales, la manera en que es narrada en esta película no llega a ser más que funcional. Tratándose de un relato que cuenta la vida de un escritor tan excepcional, falta algo en su guion que la haga brillar. Sus méritos más destacables se encuentran en otros lugares, como en sus actuaciones. Como es costumbre, Bryan Cranston hace un buen trabajo en el rol principal, papel por el cual llegó a ser nominado a un premio Óscar este año. Pero su interpretación, pese a tener una buena calidad, manifiesta el constante esfuerzo del actor por capturar un determinado tono de voz y comportamiento, lo que le quita algo de naturalidad.

Ese trabajo tan calculado contrasta con las actuaciones de Louis C.K. y John Goodman, quienes se ven mucho más espontáneos dentro de sus respectivos papeles. Su ambición no es tan elevada como la de Cranston,  recurriendo a algo más sencillo, que no los diferencia demasiado de lo que hemos visto de ellos en otras películas, pero a cambio de eso logran alcanzar una importante dosis de honestidad. Más que interpretar a sus respectivos personajes, es como si ambos actores hubiesen sido transportados de repente a ese determinado tiempo y lugar, debiendo seguir la corriente de lo que está ocurriendo.

Es difícil evaluar películas como esta, que son buenas pero juegan tan a la segura que el resultado no llega a tener un impacto demasiado grande. Con tantas cintas que se estrenan cada año, es necesario crear algo que se diferencie del resto para no pasar al olvido, y Trumbo no se esfuerza demasiado en lograr eso. A veces vale la pena arriesgarse, ya que en esos casos hasta los fracasos llegan a ser meritorios debido a las ganar de probar algo nuevo.

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