99 Homes (2014)

99_Homes-posterAl igual que The Big Short (2015), la película 99 Homes ocupa la crisis hipotecaria que ocurrió en Estados Unidos hace algunos años para narrar una historia determinada, pero la manera en que cada una de ellas trabaja con ese contexto es muy diferente. Alejada del tono cómico que caracterizó a la obra de Adam McCay, esta cinta prefiere transitar la ruta más seria, sin recurrir a un estilo tan estrafalario como aquella, privilegiando en cambio el impacto emocional de los hechos que muestra. Si en esa película la perspectiva era vasta y enfocada en los números, acá las cifras adquieren un nombre, un rostro y una historia propios. Gracias a eso, las consecuencias de la crisis adquieren un aire mucho más palpable y personal.

Esto se nota de inmediato durante las primeras escenas, cuando conocemos el caso de Dennis Nash (Andrew Garfield), un obrero que vive en Orlando junto a su madre Lynn (Laura Dern) y su hijo Connor (Noah Lomax). Debido a las dificultades laborales que surgieron por el mal estado de la economía, el protagonista ha tenido problemas para pagar la hipoteca de su casa, debiendo defender su caso en tribunales. Aunque el camino no es sencillo, Dennis está decidido a luchar por mantener su casa, pero un día cualquiera un par de policías y un agente inmobiliario le informan que su hogar fue transferido al banco y debe desalojar el lugar de inmediato. La angustia de la situación se siente en cada uno de los planos, ya que somos testigos directos de cómo una familia debe de repente abandonar la casa en la que han vivido durante años.

El relato podría haberse centrado fácilmente en este aspecto de la historia, mostrando a Dennis y a su familia enfrentando el desafío de acostumbrarse a su nuevo entorno. Una estrategia naturalista como esa habría sido coherente con el estilo que el director Ramin Bahrani cultivó durante sus trabajos previos, que se enmarcan dentro del realismo social, pero al escribir el guion se dio cuenta de que podía encaminar la trama al terreno del thriller. A esto contribuye bastante la presencia de Rick Carver (Michael Shannon), el corredor inmobiliario que supervisó el desalojo del protagonista. Sin opciones de trabajo y con la necesidad de conseguir dinero, Dennis acepta trabajar para el hombre que lo sacó de su casa, debiendo ahora hacerles lo mismo a otras familias.

Se trata de una premisa potente, que es atractiva en términos narrativos, capaz de generar un conflicto interesante, así como de levantar complejas preguntas de carácter ético. Para evitar caer en el juego esquemático del género al que pertenece, la película opta por la ambigüedad al momento de distinguir el bien del mal. Nuestra solidaridad va dirigida a Dennis, ya que hemos visto lo que ha sufrido, pero las justificaciones de Carver no son del todo ilógicas. Su carrera como agente inmobiliario comenzó ayudando a las personas a buscar una casa, pero fueron las circunstancias de la economía las que lo llevaron por otro camino. Sus estrategias consisten en aprovecharse del gobierno y de los bancos, y el personaje llega incluso a culpar a las propias personas de haber aceptado créditos que no podían pagar, lo que las llevó a exponerse a un posible desalojo. Una explicación tan directa resulta sorprendente al principio, pero no deja de tener algo de razón, ya que al final de cuentas su éxito ha sido facilitado por lo cruel del sistema en el que está inserto.

La manera en que es retratado el modelo capitalista, como un campo de batalla implacable donde triunfan aquellos que están dispuestos a dar un paso más allá, asemeja a esta cinta a Nightcrawler (2014) de Dan Gilroy. En un ambiente predatorio como ese, las personas con la mentalidad de Carver son capaces de elevarse sobre el resto, ya que su actuar inescrupuloso es celebrado. Por lo mismo, no es el personaje el que debe ser condenado por el espectador, sino que el entorno que ha permitido que se desenvuelva de manera impune.  El propio Dennis llega a ser seducido por esta manera de actuar, ya que durante años se dedicó a seguir los principios éticos que le inculcaron, pero lo que obtuvo a cambio fue solo decepción. La posibilidad de otorgarle una mejor calidad de vida a su familia lo lleva a pensar de otra manera, centrándose más en el objetivo que en el medio que ocupará para llegar a él.

Pero los beneficios económicos y las explicaciones de Carver no llegan a eclipsar los dilemas morales que enfrenta el protagonista. A diferencia del corredor inmobiliario, que aprendió a vivir sin remordimientos por lo que hace, el peso de la situación agobia constantemente a Dennis, tanto así que es incapaz de decirle a su propia madre en qué consiste su nuevo trabajo. Una pregunta que ronda en todo momento al protagonista es, “¿vale la pena?”. ¿El dinero que gana es suficiente para aplacar la carga emocional de desalojar a familias de sus casas y la paranoia de que alguna de esas personas intente vengarse? Carver ha escogido la opción del bienestar material, encaminando sus esfuerzos a acumular dinero por el hecho de acumular, pero en el caso de Dennis la situación es menos clara. Lo que el protagonista debe determinar es si está dispuesto a vivir de esa forma o si aspira a algo diferente.

Andrew Garfield hace un buen trabajo interpretando a Dennis, transmitiendo el esfuerzo del personaje y la manera en que el peso de lo que debe hacer lo afecta. Pero es Michael Shannon quien se transforma en la gran estrella de la película, gracias a una actuación magnética y a su imponente presencia. Hay algo en él que termina dominando cada una de las escenas en las que participa, como una especie de fuerza de la naturaleza que se abre camino entre los demás personajes. Su actitud indolente es complementada por su talento para convencer a las personas, especialmente al protagonista, convirtiéndolo en alguien tan peligroso como encantador. Si Louis Bloom de Nightcrawler se asemejaba a un coyote, debido a su comportamiento carroñero, Carver es una serpiente que no espera a que sus presas estén muertas para acercarse a ellas.

Comencé escribiendo esto comparando a 99 Homes con la cinta The Big Short, y una de las principales diferencias que las separa es la forma en que tratan el tema de la crisis económica. La obra de McCay tiene un discurso claro, que es repetido a lo largo del metraje para que no nos quepa duda qué es lo que quiere decir. Bahrani, en cambio, prefiere presentarnos el problema y permitir que cada uno de nosotros lo evalúe para sacar nuestras propias conclusiones. Personalmente, creo que esta segunda opción es más efectiva y permite lograr un mayor impacto.

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