Batman v Superman: Dawn of Justice (2016)

Batman_v_Superman-posterEs curioso que de las dos editoriales de cómics más grandes, haya sido Marvel la que pasara a controlar el cine de superhéroes. Curioso porque DC tiene una ventaja comparativa muy importante: la familiaridad de sus personajes. Si bien nombres como Iron Man o Thor podrían haber sido conocidos por algunas personas antes del estreno de sus respectivas películas, personajes como Superman o Batman son sinónimo de la palabra superhéroe, formando parte indisoluble de ella. Que el público conozca el material en el que se basa una cinta permite una cierta garantía económica, ya que serán atraídos a algo que son capaces de identificar, pero a pesar de ello fue la apuesta de Marvel la que ha ido modelando el panorama actual del género, quedando los esfuerzos de su competencia en un segundo plano.

Un proyecto como la trilogía de Batman de Christopher Nolan gozó de un éxito económico y entre la crítica, pero su ambición iba más ligada a contar una historia determinada que a construir una franquicia gigantesca, mientras que la película de Green Lantern (2011), que tenía un enfoque más comercial, no llegó a convencer a nadie. Consciente de que la compañía rival ya había probado la rentabilidad de los universos cohesionados y ya llevaba buena parte del camino recorrido, DC debía ponerse en movimiento cuanto antes para participar de esa lucrativa tendencia. Para lograr eso, la estrategia consistió en recurrir a sus nombres más conocidos, estrenando primero una película en solitario del superhéroe por antonomasia, titulada Man of Steel (2013), la que es seguida por Batman v Superman: Dawn of Justice (Batman vs Superman: El origen de la justicia), donde comparte pantalla no solo con el encapuchado que cuida las calles de Gotham, sino también con la guerrera amazona Wonder Woman.

Mientras los superhéroes de Marvel fueron creados como individuos con defectos, cuyos conflictos son potenciados por los poderes sobrehumanos que poseen, el enfoque de DC respecto de sus personajes se ha acercado más a la idea de símbolos. No es nueva la idea que asimila a los superhéroes de esa editorial con verdaderos dioses del mundo moderno, convirtiéndolos en estandartes de determinados principios y valores. Por lo mismo, el conflicto que surge entre Superman y Batman en esta película no tiene que ver tanto con sus personalidades, sino que con lo que defiende cada uno, resultando en una lucha ideológica. Aunque sabemos que su pelea será solo momentánea, ya que esta obra funciona como un punto de partida que los llevará a trabajar juntos, es interesante la idea de mostrar las diferencias que existen entre los nombres más conocidos de la industria.

Al provenir de lugares tan distintos, las discrepancias entre ambos personajes no han sido algo tan inusual en los cómics. Esto no solo ocurre en aquellas historias donde se enfrentan directamente, como The Dark Knight Returns de Frank Miller, que sirvió como una importante fuente de inspiración para la cinta, sino también en las ocasiones donde cooperan por el mismo objetivo, ya que sus maneras de ver el mundo no siempre van a coincidir. La labor justiciera de Batman es alimentada por el trauma de ver morir a sus padres a una corta edad, sirviendo como una manera de catarsis personal, mientras que Superman es movido por la compasión que fue despertada en él por sus padres adoptivos, quienes le enseñaron a ocupar su poder para proteger a aquellos más vulnerables. Las posibilidades de un enfrentamiento entre ellos, por lo tanto, no es tan extraña en teoría.

En este caso, la génesis del conflicto se encuentra en el criticado clímax de Man of Steel, es decir, la destrucción de gran parte de Metrópolis a raíz de la pelea entre Superman (Henry Cavill) y Zod (Michael Shannon). Ahora, el hecho es mostrado desde la perspectiva de Bruce Wayne (Ben Affleck), quien ve la aparición de estos seres como una amenaza para la humanidad. Ese tipo de poder, cree él, es inherentemente peligroso, así que es necesario destruirlo. Su aversión hacia el extraterrestre de capa roja es compartida por la senadora June Finch (Holly Hunter), que ha organizado una serie de audiencias para determinar cuál es el verdadero riesgo que Superman puede crear para el planeta. A estas visiones críticas se suma la de Lex Luthor (Jesse Eisenberg), un exitoso empresario convencido de que la única manera de someter al kryptoniano no es hablando con él, sino que a través de la fuerza.

Aunque encuentro positivo que la película se haga cargo de uno de los mayores problemas de su antecesora, no estoy muy seguro de que el plan original haya sido ocupar la destrucción de la ciudad para hablar posteriormente sobre el rol de Superman en el mundo. Si así hubiese sido, se habría entregado algún indicio en la misma Man of Steel, pero las escenas posteriores a esa pelea no levantaron críticas hacia el superhéroe ni cuestionaron su actuar, todo lo contrario. Sea como sea, en esta ocasión el punto es recalcado no solo para juzgar al personaje, sino también para desarrollar las nuevas escenas de acción. Llega a dar algo de risa que los protagonistas recalquen tan enfáticamente durante el enfrentamiento final de esta película que se encuentran en una zona libre de civiles, como una manera de ponerse el parche antes de la herida y proceder a participar de la destrucción que le gusta tanto a las cintas del género.

En términos generales, se nota la forma en que Warner y DC buscan alejarse del tono liviano de las películas de Marvel, optando por una atmósfera más seria y “adulta”. El director Zack Snyder ha construido su carrera con trabajos que aluden a lo grandilocuente y ceremonioso, algo que vuelve a repetir en esta película, pero como ha ocurrido con sus otras cintas, la sustancia de sus obras no es tan impresionante como nos quiere hacer creer. Al igual que en Watchmen (2009), donde la complejidad intelectual de Alan Moore fue simplificada de manera considerable, en Dawn of Justice la disputa que se produce entre Batman y Superman no llega a alcanzar los niveles de efectividad que tiene en el cómic de Miller. Y la razón es que sus diferencias ideológicas no son tan notorias como uno esperaría, ya que sus respectivos códigos morales no son lo suficientemente delimitados. Sabemos que Batman le reprocha a Superman la destrucción de Metrópolis, pero viniendo de alguien que es capaz de marcar a los delincuentes como animales y dejar que sean asesinados en la cárcel no significa mucho.

La postura del hombre murciélago resulta más interesante cuando es evaluada de manera individual, como una persona que ha luchado durante años contra el crimen, cuya forma de ser se ha visto endurecida debido a los golpes que ha recibido. No estamos ante alguien idealista, sino que ante un hombre que ve esto como una obligación, como alguien implacable que no le deja espacio a la piedad. Una ética como esa, con los tintes fascistoides que Frank Miller le otorgó al superhéroe, puede no ser compartida por la mayoría de los espectadores, pero somos capaces de ver qué lo llevó a pensar así. Ben Affleck hace un buen trabajo transmitiendo el carácter obsesivo de Bruce Wayne y su actitud inflexible, lo que sumado al resto de los elementos que rodean al personaje (su diseño, su estilo de pelea, su relación con Alfred [un sólido Jeremy Irons]) lo convierten en uno de los mejores Batman que han aparecido en el cine.

Algo que se logra muy bien en esta cinta es transmitir el miedo que provoca el personaje, sobre todo en la primera escena donde lo vemos con su traje. Agazapado en la esquina de una habitación, como un animal, el momento es seguido por unos ágiles movimientos que lo hacen imposible de alcanzar. Si en sus anteriores versiones cinematográficas se echaba de menos la capacidad de pelea que tiene Batman en los cómics, el punto se cumple con creces en esta nueva película, con una secuencia donde se enfrenta a una docena de enemigos con facilidad. Aspectos como los mencionados permiten aumentar las expectativas en torno a la futura película en solitario del personaje.

Las dudas, sin embargo, surgen cuando vemos a Superman. Si en Man of Steel se podía justificar parcialmente la falta de definición del personaje en el hecho de que estaba buscando su identidad, el problema no mejora demasiado en Dawn of Justice. En vez de funcionar como el opuesto de Batman, encarnando las virtudes que lo han convertido en una figura de admiración para sus lectores, esta versión del kryptoniano sigue siendo alguien capaz de matar a sus enemigos, todavía no tiene muy claro cuáles son los límites de su comportamiento ni sabe cómo debe desenvolverse en su tarea justiciera. En una escena de la cinta, Perry White menciona que los tiempos han cambiado y el mundo ya no es como en 1938, lo que es una clara referencia a la manera en que ese Superman tradicional ideado por Jerry Siegel y Joe Shuster no tendrá el mismo efecto en la actualidad. Sin embargo, una cosa es ajustar a un personaje a una nueva época y otra cambiar aquello que representa. Con su perspectiva pesimista del mundo, Snyder parece querer decirnos que la nobleza del personaje es algo anticuado, anacrónico.

A lo largo de la película se menciona cómo un poder como el de Superman es capaz de destruir todo lo que conocemos, pero no se pone el mismo énfasis en la idea de que el heroísmo del personaje radica precisamente en que no lo hace. Eso es lo que lo diferencia de Zod, quien ve en la inferioridad de los seres humanos una oportunidad para dominarlos, mientras que el Kal-El de los cómics lo ve como una responsabilidad, asumiendo la misión de protegerlos. La posición de la cinta respecto de este punto es confusa y a veces contradictoria. Si en la película anterior las lecciones de su padre adoptivo resultaban cuestionables, en esta es Martha Kent quien le dice a su hijo que no está obligado a salvar a los humanos. Aunque el deseo del protagonista de ayudar a sus seres queridos se entiende por una cuestión de cercanía, no queda claro lo que lo lleva a asumir el rol de protector del resto de las personas. Los momentos en que lo vemos haciendo actos heroicos como rescatar a una niña de un edificio en llamas son filmados de tal manera que resultan distantes, hasta irreales.

Las dudas existenciales que pueden surgir dentro de un personaje como Superman son inevitables, ya que se encuentra inserto en un planeta en el que es visto prácticamente un dios. ¿Cuál es su posición en un mundo como ese? ¿Para qué preocuparse de ayudar a criaturas que le son tan ajenas? Esa y otras interrogantes son válidas y pueden servir como base para unas reflexiones muy interesantes. El problema es que en Dawn of Justice, al igual que varios de sus otros temas, no recibe la atención necesaria, quedando simplemente enunciado. Es tanto así, que pese a ser uno de los protagonistas de la película, formando parte importante del conflicto que se desenvuelve en ella, el rol de Superman queda reducido a un mero elemento de la trama. Su autonomía es limitada, reaccionando a lo que hacen los demás en vez de escoger su propio camino, y las líneas que dice usando el traje rojo y azul se pueden contar con los dedos.

El guion escrito por Chris Terrio y David S. Goyer presenta un claro problema de cohesión, al manejar demasiados elementos que no logran vincularse satisfactoriamente entre sí. Además del conflicto entre Superman y Batman, la cinta narra cómo la opinión pública ve al kryptoniano, la búsqueda de responsabilidades por la destrucción de Metrópolis, la manera en que Bruce Wayne está lidiando personalmente con su trabajo como vigilante de Gotham, el plan de Lex Luthor para deshacerse de Kal-El, así como su experimentación con tecnología alienígena, la investigación de Lois Lane en torno a un suceso que ocurrió en el desierto, la introducción de nuevos superhéroes para poder sentar las bases de la Liga de la Justicia, y el esbozo de una poderosa amenaza futura. Dentro de la cinta se esconden dos o tres muy buenas historias, pero el exceso de tramas secundarias impide desarrollarlas como se merecen.

La ausencia de una narración clara se extiende al montaje, creando escenas que no se vinculan entre sí con la fluidez necesaria, lo que se puede ver sobre todo durante el primer tercio del metraje. Se ha informado que la versión extendida de la película tendrá media hora más, así que puede que eso ayude a solucionar los vacíos, pero sigue siendo una excusa que no convence demasiado. Hay además algunas lagunas lógicas y defectos en la manera en que se entrega la información al espectador, recurriendo a unas cuestionables secuencias oníricas o premonitorias que no solo son excesivas en su número sino que evidencian una falta de ingenio en el planteamiento de la trama.

Debido a las dificultades que tiene para exponer información importante, uno de los aspectos que se ve perjudicado dentro de la película son las motivaciones de los personajes, especialmente las de Lex Luthor. Sabemos que quiere destruir a Superman, pero las dudas surgen cuando intentamos explicar por qué. En los cómics, la razón que lo lleva a odiar al superhéroe es la envidia, ya que no es capaz de tolerar que exista alguien que tenga un poder superior al de él. La imagen del kryptoniano expone sus propias inseguridades y la única manera de destruir ese sentimiento es destruyendo a la fuente de su tormento. Acá, en cambio, las justificaciones de Luthor son vagas, yendo desde extrañas metáforas bíblicas hasta la manera en que su padre lo trataba.

La interpretación de Jesse Eisenberg tampoco ayuda a que veamos a su personaje con mejores ojos, ya que recurre a un comportamiento psicótico, lleno de tics, alcanzando niveles que son exagerados incluso para una película de superhéroes. Se trata de una estrategia distinta a la habitual, claro, pero las innovaciones deben tener algún fin. En lugar de ser un villano que está a la altura del conflicto, el Lex Luthor al que da vida termina siendo un mero chiste. Salvo una escena que ocurre durante el último tercio de la película, en la que hay unas fotografías involucradas, el personaje no llega a parecer intimidante.

Una de las incorporaciones más publicitadas de la cinta es Wonder Woman, quien hace su esperado debut en el cine tras casi 75 años. La elección de Gal Gadot como la amazona generó algunas dudas entre el público, pero su interpretación es correcta dentro de lo restringida que es su participación. La presencia del personaje dentro de la cinta se debe a una mera casualidad, su aporte al desarrollo de la trama es mínimo (solo habla con Batman y estas conversaciones no dicen relación con el conflicto principal de la película), y su aparición en la batalla final no es tan decisiva como uno imaginaría. La verdad es que el rol de Wonder Woman en Dawn of Justice está más ligado a lo que ocurrirá en el futuro del universo cinematográfico de DC que con lo que pasa en la cinta misma.

De hecho, es gracias a ella que tenemos el primer vistazo a otros tres superhéroes que formarán parte de la Liga de la Justicia: Flash, Aquaman y Cyborg. La presentación de los personajes se realiza de una manera algo decepcionante y parece pertenecer más a una escena post-créditos que al resto de la película, ya que no tiene relación alguna con el foco principal de esta obra. Al intentar forzadamente que la escena sea parte de la cinta, se deja de manifiesto su carácter anecdótico y poco esencial para el resto de la trama. Es difícil determinar cuántos de los problemas de la película se deben a las exigencias de los ejecutivos del estudio y cuántos a la labor de los guionistas, pero no se puede negar que los defectos existen.

Visualmente, Dawn of Justice es un espectáculo, lo que se ha transformado en una garantía del cine de Zack Snyder. Si bien en términos de sustancia la película no logra alcanzar lo logrado por Frank Miller en The Dark Knight Returns, es capaz de crear algunas imágenes que hacen referencia directa a sus viñetas. Los méritos del director han estado siempre más ligados a la apariencia de sus trabajos que a lo que hay detrás, y en esta cinta se vuelve a cumplir la regla. El resultado se puede ver sobre todo en las secuencias de acción, las que pese a tener un aspecto épico no llegan a ser tan extraordinarias en su ejecución. La acción dentro de una película no solo debe cuidar los aspectos visuales, sino también cuestiones como el ritmo, la progresión dramática y el énfasis que se le da a ciertos elementos. Es cosa de comparar la labor de Snyder con la de George Miller en Mad Max: Fury Road (2015), quien logra una claridad narrativa infinitamente superior.

Además de la manera en que es representado Batman y algunos momentos aislados donde hay destellos de genialidad, son pocas las cosas que se pueden destacar dentro de esta película (es decir, en relación a su historia y personajes). Sus méritos se encuentran más bien fuera de ella, en su contexto cultural, como el hecho de que junta a dos de los superhéroes más importantes del siglo XX en la misma cinta, que presenta por primera vez a Wonder Woman en el cine de imagen real o que construye las bases para lo que será la Liga de la Justicia. Son logros capaces de entusiasmar a cualquier fan de los cómics y por lo mismo la importancia de esta obra dentro de la cultura popular se encuentra en una categoría distinta al de su calidad.

De forma similar, la decisión de ocupar un tono más oscuro, que la diferencie de lo que está haciendo Marvel, es otro punto que vale la pena aplaudir, ya que la diversidad evita que el género caiga en la monotonía. También resulta valioso el hecho de que trate de explorar ciertos temas complejos como el lugar que tienen los superhéroes dentro del mundo y las repercusiones de su poder, lo que demuestra que estas historias tienen la capacidad para ser algo más que productos de entretenimiento de masas. Por lo mismo, no quiero decir que esta es una mala película, ya que significaría asimilarla a obras que nunca tuvieron razón de ser. El potencial se encuentra allí, lo que falta es saber aprovechar las posibilidades artísticas que el material base les entrega.

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4 pensamientos en “Batman v Superman: Dawn of Justice (2016)

  1. creo que desde mi punto de vista la película le cuesta arrancar y se pierde una hora que no supieron aprovechar con algún combate para despertar al espectador ,me aburrí mucho viendo como se construía una historia que todos sabiamos como iba a terminar con batman y superman enfrentados ,luego de esa hora la película se pone emocionante y se convierte para mi en la mejor película de superheroes con peleas y efectos especiales impresionantes que he visto en mi vida ,destaco la seriedad que se tomaron el director y los actores para llevar adelante este proyecto y eso se nota en la película ya que lográ convencernos de su historia .totalmente recomendada para los amantes de los comics y superheroes

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