The Hallow (2015)

The_Hallow-posterEl lugar en el que está ambientada una película es muy importante. Ese elemento ayuda a determinar aspectos como la atmósfera del relato y le otorga rasgos distintivos a la obra, que la diferenciarán de historias similares que ocurren en otros lugares. En The Hallow (Los hijos del diablo), el hecho de que la cinta transcurra en Irlanda fue una decisión consciente del director, ya que la trama incorpora mitos ligados a aquel territorio, específicamente a lo que se esconde dentro de sus bosques. Como estamos ante una película de terror, esas criaturas mitológicas no son tratadas con un enfoque de carácter fantástico, sino que desde una perspectiva más grotesca y sombría, transformándolas en una amenaza para los protagonistas.

Los personajes principales son una familia inglesa –Adam Hitchens (Joseph Mawle), su esposa Claire (Bojana Novakovic) y el hijo pequeño de la pareja, Finn- que acaba de mudarse a una casa ubicada en una zona rural de Irlanda, cerca de un bosque. No se especifica claramente cuál es el trabajo de Adam, pero está ligado a la ciencia, siendo una de sus labores recorrer el bosque para estudiar los árboles que se encuentran allí.  Su presencia en aquel lugar es mal vista por los lugareños, que le advierten que no debe adentrarse demasiado en esa zona. El protagonista cree que se trata solo de supersticiones, pero su familia no tarda en ser blanco de extraños ataques. Aunque sus primeros sospechosos son las mismas personas que le dijeron que no fuera al bosque, Adam descubre que los responsables no son humanos, sino que tienen un origen más salvaje.

Mientras sus elementos ligados al género del terror son bien manejados, hay aspectos de The Hallow que menoscaban su calidad como película en sí. El principal de estos recae sobre los personajes, cuya caracterización resulta débil, poco lograda. No sabemos mucho sobre Adam y su familia, más allá de cuál es el vínculo que existe entre ellos; ni siquiera hay claridad acerca de la profesión del protagonista ni por qué se fue a vivir a Irlanda a una zona tan aislada, salvo un vago deseo de alejarse del caos de la ciudad. Si bien el primer tercio del metraje está dedicado a mostrarnos su vida cotidiana, antes de ser expuestos al peligro que pone en movimiento a la trama, estas secuencias no hacen demasiado para entregar señales de sus personalidades ni de quiénes son.

Lo que termina definiéndolos, más bien, es lo que esos personajes representan. Los Hitchens son una personificación de la familia nuclear, un símbolo de aquello que se considera “normal” dentro de la sociedad, lo que contribuye a otorgarles ese aire genérico que los rodea. Al no existir rasgos demasiado marcados que los singularicen, pasan a convertirse en una especie de ideal abstracto. Cuando el peligro comienza a afectarlos, nuestra empatía no va dirigida a unos personajes que hemos conocido y llegamos a querer, sino que a la noción de que ese concepto de familia se vea afectado. Nos preocupamos por ellos porque eso es lo que se supone que debemos hacer (son los protagonistas, así que tenemos que estar de su lado). Esto explica que nuestro interés no esté tan ligado a la pareja de Adam y Claire, sino que a su hijo, ya que el verlo expuesto a alguna amenaza levanta una respuesta más visceral de nuestra parte. Como espectadores tendemos instintivamente a preocuparnos por los bebés, debido a la vulnerabilidad que transmiten. Si en el caso de los padres nuestra preocupación se asemeja más a un deber, respecto de Finn la reacción resulta más genuina.

Las falencias al momento de definir a los personajes son suplidas en parte gracias a la historia y a la manera en que esta es desarrollada. Detrás de la violencia y los sustos, la película esconde un mensaje de tipo ambientalista, en el que la invasión de las criaturas del bosque es una respuesta a la invasión que el ser humano ha hecho a su hábitat. Los seres mitológicos actúan como guardianes de su entorno, intentando frenar la agresiva expansión de la civilización sobre sus dominios. La idea es presentada con el suficiente tacto para que no resulte demasiado sermoneadora, un riesgo que siempre se corre cuando se trata de cuestiones ligadas al medio ambiente.

A lo largo de la cinta se van combinando diferentes subgéneros del cine de terror, aunque es necesario aclarar que el resultado no llega a ser tan bueno como las obras que le sirvieron de inspiración. Hay elementos de body horror, ese subgénero que fue popularizado por David Cronenberg, gracias a la presencia de una peligrosa espora que afecta el organismo con el que toma contacto. La espora es además capaz de dañar psicológicamente a la víctima, lo que introduce la posibilidad de que un personaje se comporte de manera violenta contra sus seres queridos. Ese aspecto del quiebre familiar desde adentro recuerda a la cinta The Shining (1980) de Stanley Kubrick, adaptación de la novela homónima de Stephen King. La película incluso presenta rasgos pertenecientes al subgénero del home invasion, al mostrar en ciertas escenas a los protagonistas resguardándose del ataque proveniente del exterior de su casa.

Pero el punto más alto de The Hallow no se encuentra en esos subgéneros, sino que en todo lo relacionado con las criaturas que asechan a los personajes. Con un especial interés por el componente visual de las películas, el director Corin Hardy le dio un gran énfasis al diseño de estos seres, privilegiando además la utilización de efectos especiales de carácter práctico, como el maquillaje y los animatronics. Los efectos digitales son ocupados para complementar la tarea realizada por los elementos tangibles, lo que le otorga una apariencia muy efectiva al mundo que trata de construir la cinta. Por todo eso, no es de extrañar que la película haya sido dedicada a la memoria de artistas como Ray Harryhausen, Dick Smith y Stan Winston, quienes ayudaron a perfeccionar ese tipo de efectos.

Se nota además una preocupación por crear reglas especiales en torno a las criaturas, como la debilidad que demuestran ante la luz y los objetos metálicos, algo que es típico de las películas de monstruos, desde los vampiros hasta Gremlins (1984). Mientras el cine de terror contemporáneo de Estados Unidos está más interesado en los espectros y las casas embrujadas, han sido los directores británicos quienes han mantenido con vida la tradición de este tipo de cintas. Esta obra pertenece a un grupo conformado por títulos como Dog Soldiers (2002), The Descent (2005) y Attack the Block (2011), cuyas historias además de asustar son capaces de entretener, capturando ese espíritu del cine comercial de los años 80.

PD: Qué mal título en español le pusieron a The Hallow. Los traductores tienen una extraña fijación por incluir al diablo en los títulos de las películas de terror, aún cuando no tenga nada que ver con la trama.

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