Amy (2015)

Amy-posterMás allá de la curiosa coincidencia que existe en torno a la edad a la que fallecieron, los músicos que son habitualmente considerados parte del “club de los 27” llaman la atención por la manera abrupta en que terminaron sus carreras. Al morir tan jóvenes, muchos de esos artistas se fueron del mundo en el punto alto de su proceso creativo, dejando planteada la pregunta de qué habría ocurrido con su trayectoria si hubiesen seguido creando música. Esa es la tragedia que también afectó a Amy Winehouse, una cantante británica cuyo indudable talento era tan grande como sus problemas personales, siendo su historia narrada en el documental Amy de  Asif Kapadia. Si bien llegó a publicar solo dos álbumes, su legado artístico es reconocido de manera transversal.

El año pasado se estrenó otro documental, Cobain: Montage of Heck (2015), basado en otro músico perteneciente al club, con quien Winehouse comparte varias similitudes. La principal de esas similitudes es que la muerte de ambos no ocurrió sin previo aviso, sino que fue la culminación de un problema que habían estado arrastrando durante años. Por eso, sus respectivos documentales transmiten una sensación de “crónica de una muerte anunciada”, en la que sabemos cómo concluirá el relato, así que las secuencias previas vienen a mostrarnos los factores que permitieron ese oscuro desenlace. Se trata de historias trágicas, en las que una mezcla de elementos, desde aspectos internos como sus problemas de salud mental, hasta externos como la influencia de las personas que los rodeaban, contribuyó a la muerte de ambos protagonistas.

Para Amy Winehouse, aquello que la convirtió en una gran artista también le provocó sus principales problemas. La sensibilidad que demostraba al momento de escribir música e interpretarla, la hizo además experimentar con mayor intensidad los momentos más difíciles de su vida. Fue, por ejemplo, lo que la llevó a generar una gran dependencia de su figura paterna tras la separación de sus padres, lo que la llevó a consumir alcohol y drogas para enfrentar sus problemas, y lo que le provocó serios problemas alimenticios producto de una baja autoestima. Por la personalidad que tenía, esos obstáculos iban a estar junto a ella sin importar el camino que tomara, pero la cinta no le resta importancia al rol que tuvo la fama al momento de potenciar esos elementos. Aunque el éxito no dio origen a sus dificultades, sí ayudó a empeorarlos, ya que el constante escrutinio de la opinión pública elevó todo a niveles descomunales.

Otro de los factores relevantes en torno a la situación fue la influencia de las personas que la rodeaban. La reflexión que queda tras ver el documental es que la tragedia de Winehouse pudo haber sido evitada si la protagonista hubiese recibido la ayuda necesaria en el momento indicado. Con esto no se desestima la responsabilidad de la propia artista respecto de su conducta autodestructiva, sino que se aclara que la naturaleza de sus problemas exigía además la intervención de terceros. Si bien había personas que se preocupaban por ella, como sus amigas de la infancia y un antiguo representante, la falta de poder que tenían dentro de su círculo más íntimo impidió que pudiesen hacer algo más, quedando las decisiones más importantes en manos de aquellos que estaban más interesados en las ganancias económicas que la cantante podía conseguirles. Así como en la historia de la gallina de los huevos de oro, es la avaricia y el deseo por obtener beneficios a corto plazo lo que termina destruyendo a la fuente de esos ingresos.

Una parte importante de la película está dedicada a mostrar la tortuosa relación que Amy Winehouse tuvo con Blake Fielder-Civil, con quien incluso contrajo matrimonio. Fue a través de él que la cantante conoció drogas duras como la heroína y el crack, lo que contribuyó a crear esa espiral descendiente que marcó sus últimos años de vida. Sin embargo,  y a pesar de la influencia negativa que tuvo sobre la protagonista, el documental también se da el tiempo de mostrar el amor genuino que existía entre ambos. El caso de Winehouse y Fielder-Civil no se puede asimilar al de su padre o al de su representante, que actuaban de manera consciente en contra de los intereses de la cantante para obtener un beneficio propio, sino que es una relación más compleja. Se trata de dos personas que tenían serios problemas, y el hecho de estar juntos, en vez de servir como una ayuda para poder superar esas dificultades, se transformó en una manera de agravarlos.

Teniendo entre sus manos una historia interesante como la de Winehouse, el director Asif Kapadia no se conforma solo con eso, sino que se esfuerza también por cuidar la forma en que es narrada. La cinta se aleja de la estrategia ocupada por la mayoría de los documentales, donde las entrevistas muestran a las personas dirigiéndose directamente a la cámara, prefiriendo en cambio mantener a sus entrevistados fuera de pantalla, dejando solo que escuchemos sus voces. Como el foco de la película se encuentra sobre la protagonista, son sus imágenes de archivo las que vemos durante esos momentos, lo que refuerza la idea de que estamos viendo su historia contada por otras personas. Además de eso, el director le otorga un gran énfasis a las canciones de la artista, escogiendo con cuidado cuáles ocupa y proyectando la letra de las mismas sobre la pantalla, para que veamos cómo la obra de Winehouse era un reflejo de lo que ocurría con su vida personal.

Algo que no noté mientras veía el documental, pero que leí después y me hizo sentido, es la manera en que cambia gradualmente la perspectiva desde la cual es vista la protagonista. Las primeras escenas, centradas en su juventud y los años anteriores a su fama, son representadas a través de fotografías y videos caseros, los que fueron registrados por personas que formaban parte de su círculo más cercano, como su familia y amigos. A medida que se hace más conocida, las imágenes de Winehouse pasan a estar dominadas por registros de televisión, videos grabados por fanáticos en conciertos y fotografías capturadas por paparazzis, lo que manifiesta el rol público que ha alcanzado en aquel momento y cómo la opinión que la sociedad tiene de ella adquiere mayor importancia.

Debido a la importancia que le da el documental al rol de los medios de comunicación en el desenlace de Amy Winehouse, desde las rutinas de comediantes hasta las portadas sensacionalistas de los periódicos, se crea un efecto muy particular en el que incluso nosotros nos sentimos culpables por lo que le ocurrió. Si bien no tomamos esas fotografías ni escribimos esos artículos, nuestro rol como consumidores de esa forma de entretenimiento también contribuyó a lo que debió aguantar. Amy es una cinta acerca de la cantante londinense que logró cautivar al mundo con su voz, pero también nos habla acerca de algo más amplio, como el mundo de las celebridades, la industria discográfica y el costo de la fama. Lo que podría haber sido un intento más por ocupar su nombre con fines efectistas, es en cambio una profunda reflexión acerca de lo que ocurrió.

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