The Invitation (2015)

The_Invitation-posterAl momento de narrar una historia, la perspectiva desde la cual es contada resulta fundamental. Ante los mismos hechos y situaciones, se puede llegar a resultados muy distintos dependiendo del punto de vista con el que son presentados, ya que a través de ese factor se puede dar un énfasis especial a ciertos elementos, omitir otros u otorgarles una interpretación particular. Tan importante como la decisión de qué es lo que se cuenta es la de cómo se va a contar. No existe una manera única de narrar una historia, siendo esa elección una parte importante de la labor artística, otorgándole así a la figura del autor la oportunidad de tener una voz propia, distinta del resto. En la película The Invitation, de Karyn Kusama, todos estos componentes entran en juego.

Tras algunos años sin haberse visto, Will (Logan Marshall-Green) recibe la invitación a una cena organizada por su exesposa, Eden (Tammy Blanchard). La idea consiste en reencontrarse con varios amigos del pasado, intentando recuperar el tiempo que han estado distanciados. Sin embargo, esta reunión no será algo fácil de sobrellevar para el protagonista, ya que vivió parte importante de su matrimonio en la casa donde se realizará la cena, un lugar donde ocurrió además un hecho triste que terminó gatillando su divorcio. Acompañado de su novia Kira (Emayatzy Corinealdi), Will intentará hacer frente a su pasado, pero a medida que la noche avanza el malestar del personaje principal irá aumentando, ya que presiente que hay algo extraño en todo lo que está ocurriendo.

Como la historia es contada desde el punto de vista de Will, la información que conocemos sobre la situación es tan limitada como la de él. No sabemos qué es lo que está ocurriendo realmente, pero los indicios que van apareciendo a lo largo del metraje son suficientes para que compartamos sus sospechas. Así, The Invitation basa su intriga en la paranoia y ansiedad que experimenta el protagonista, transformándose en un relato altamente subjetivo, cuya atmósfera cambiaría de forma total si la perspectiva de la narración fuese la de otro de los personajes presentes en la cena. Resulta interesante ver cómo las reglas de etiqueta y las convenciones sociales limitan a los demás invitados a un rol más permisivo de lo que ocurre, ya que mientras Will mira con suspicacia cualquier detalle poco común, el resto le quita importancia.

La definición de thriller psicológico es adecuada para esta cinta, donde el estado mental del personaje principal es relevante e incluso levanta dudas entre la audiencia en relación a su fiabilidad cognitiva. ¿Podemos confiar en alguien como Will o es todo un simple mal entendido? Aunque habría sido audaz recurrir a un desenlace menos convencional, las reglas del género cinematográfico finalmente llevan a la película a que la tensión explote durante los últimos minutos, ya que optar por una salida anticlimática se habría sentido como una decepción ante las expectativas que se fueron generando durante las secuencias previas.

Aún así, su afinidad con los géneros cinematográficos no impide que los límites de The Invitation se expandan hacia otras áreas como el drama. El trasfondo de la película esconde una historia acerca de la manera en que lidiamos con la muerte, no solo con la que nos espera a nosotros mismos, sino también cuando nos ha arrebatado a alguien que queríamos. Al final de cuentas, el conflicto presente en la cinta dice relación con ese punto, y por lo mismo es difícil hablar de “villanos” propiamente tales ya que las motivaciones de estos descansan más en el dolor que en la maldad. Hay una complejidad moral en la obra que permite verla con un lente distinto, más amplio, lo que nos lleva a tratarla como una película a secas y no solo como un thriller. Muchas veces, evaluar una cinta solo recurriendo a los elementos del género al que pertenece puede resultar insuficiente y limitado.

La directora  Karyn Kusama toma el guion escrito por  Phil Hay y Matt Manfredi y le entrega una importante cuota de personalidad. Demostrando un buen manejo del lenguaje cinematográfico, la cineasta es capaz de abordar los temas que explora la película a través de elementos como el montaje y la fotografía. Así, recurriendo a la profundidad de campo o a la composición de los planos, va creando una atmósfera especial, que nos adentra en la mente del protagonista. La escena donde se muestra a una de las invitadas yéndose temprano de la reunión, por ejemplo, un acto que a priori puede parecer bastante simple, es representada con evidente destreza por Kusama, quien aprovecha la ubicación de la cámara para colocarnos en la posición restringida de Will, aislándolo a su vez de lo que ocurre con el resto de los personajes, y utilizando la reflexión que se genera en la ventana para mostrar lo que ocurre tanto dentro como fuera de la casa.

Que The Invitation recurra a la incertidumbre durante tanto tiempo puede incomodar a ciertos espectadores. Durante casi una hora y veinte minutos, la película trata la actitud paranoica del protagonista sin referirse a si  su temor es fundado o no. Por lo mismo, algunas personas podrían pensar que hasta el momento del desenlace de la cinta, no ha pasado demasiado durante el resto del relato, pero creo que la labor que se hace con la intriga y la tensión es suficiente para mantener nuestro interés durante esas secuencias previas. Además, el clímax de la película es bastante potente como para que la espera valga la pena.

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