Nie yin niang (2015)

The_Assassin-posterAl estar tan acostumbrados al cine que se hace en Hollywood, dado que nuestras carteleras están siempre llenas de títulos estadounidenses, a veces podemos olvidar que la manera de hacer películas no necesariamente tiene que ajustarse a ese modelo. En términos narrativos, la regla general ha sido la presencia de una trama fuerte, que sirva como el esqueleto que sostenga a la obra, apoyándose el resto de los elementos sobre ella. Sin embargo, también existe la posibilidad de crear cintas más libres, más sueltas, donde la historia no domine todo aquello que vemos en la pantalla. Así lo entiende el director taiwanés Hou Hsiao-Hsien, que prefiere alejarse de lo convencional para crear algo distinto con Nie yin niang (The Assassin; La asesina).

Ambientada en China durante el siglo IX, la película es protagonizada por una misteriosa joven llamada Nie Yinniang (Shu Qi), quien fue criada por una mujer (Fang-Yi Sheu) que le enseñó las técnicas necesarias para convertirse en una hábil asesina. Si bien es eficiente en su trabajo, pudiendo moverse sin ser detectada y venciendo a todos los enemigos que se le ponen por delante, hay algo en su interior que le impide matar siempre que su maestra le ordena, así que al no poder completar una misión es devuelta a su hogar. Allí deberá cumplir una nueva tarea, siendo su próxima víctima Tian Ji’an (Chang Chen), gobernador de la provincia de Weibo y primo de la protagonista. En medio de una tensión política que va en aumento en la región, Nie Yinniang deberá decidir si seguirá el camino de asesina o no.

Aunque la cinta pertenece al género wuxia (historia que involucra artes marciales en la antigua China), las secuencias de acción que ocurren en ella son esporádicas y escuetas. Hay ocasiones en las que estas escenas de pelea son filmadas desde una distancia que impide apreciarlas en su totalidad, o con ciertos objetos en el camino que tapan nuestra visión, como árboles y plantas, lo que demuestra que el énfasis no está puesto sobre ellas. La mayor parte del metraje consiste en momentos más calmados, filmados con planos relativamente largos, unos movimientos de cámara sutiles y pocos diálogos. Sumado a su ritmo pausado, la trama de la película es algo difusa, con aspectos que no son del todo explicados y otros que no llaman demasiado la atención.

Estos puntos bajos son suplidos en parte por el aspecto visual de la obra, uno de sus principales atractivos. La cinta fue filmada en 35 mm por el director de fotografía Lee Ping Bin, quien recurrió a una relación de aspecto de 4:3 para la imagen, la que es algo más “cuadrada” que la ocupada normalmente en el cine contemporáneo. Con un cuidadoso uso de los colores y una composición detallista, donde cada elemento parece haber sido ubicado en el lugar preciso, los planos resultantes parecen verdaderas pinturas, lo que le otorga un espectacular efecto visual. El atractivo de la película se siente durante los primeros minutos, ya que nuestros ojos están examinando todo lo que ocurre en la pantalla, pero a medida que el relato avanza el efecto se va debilitando porque no basta solo con que una obra se vea bien.

Cuando la trama de una película queda en un segundo plano, es necesario que los demás aspectos de la cinta sean lo suficientemente fuertes para sostenerla. Las obras de Jean-Luc Godard, por ejemplo, tienen una estructura más libre que la del cine convencional, donde no importa tanto qué es lo que está ocurriendo sino cómo ocurre. Hay algo en la actitud desenfadada y el carácter lúdico de su filmografía que permite una narración más suelta, ya que la atención de la audiencia se encuentra ocupada en el resto de sus elementos. Algo similar se puede decir de un director como Wong Kar-wai, cuyas películas poseen una atmósfera magnética, que nos mantiene atrapados durante todo el transcurso del metraje. En el caso de Nie yin niang, lamentablemente no se llega a ese nivel, así que en vez de conquistar al espectador lo aleja cada vez más.

Y no es que la película no tenga las herramientas para lograrlo. Si bien las intrigas políticas que presenta son aburridas y se sienten distantes, otros de sus temas resultan más interesantes. El dilema de la protagonista, que debe escoger entre seguir las órdenes de su maestra y convertirse en una asesina, o perdonarle la vida a su primo, de quien posteriormente se revela que había sido su prometido, podría haber dado lugar a un conflicto emocional potente. Sin embargo, las actuaciones rígidas y la poca expresividad de sus personajes solo permite que estas ideas sean enunciadas, pero no plenamente desarrolladas. Una cosa es recurrir a la sutileza para sugerir ciertas cosas, pero otra es llegar al extremo de no transmitir lo suficiente, impidiendo que sintamos algo por lo que está ocurriendo en la pantalla.

Ese problema también afecta a otro de los posibles temas que la película podría haber explorado, como el regreso de Nie Yinniang a su hogar tras haber estado años lejos de él. Cuestiones como la distancia entre ella y su familia, o el contraste entre las cosas que aprendió bajo las enseñanzas de su maestra y las costumbres más ordinarias de su hogar, nada de eso presenta la fuerza que podría haber tenido. Eso pasa porque las emociones de los personajes son declaradas, no demostradas. Por lo tanto, una historia que podría haber tenido tintes shakesperianos termina siendo plana, inerte. Sus falencias no tienen relación con el hecho de que la historia esté contada de manera poco convencional, sino en que no existe un atractivo lo suficientemente fuerte en el relato para que nos sintamos atraídos por la obra.

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