Saul fia (2015)

Son_of_Saul-posterLa película Saul fia (Son of Saul; El hijo de Saúl) comienza con un texto que nos explica el significado del término sonderkommando. Se trata de una palabra alemana que ocupaban los soldados nazis en los campos de concentración para identificar a aquellos prisioneros que eran seleccionados para realizar diversas tareas relacionadas con el funcionamiento del lugar. A esas personas se les daban algunos meses más de vida que al resto de los reos, durante los cuales debían trabajar bajo las órdenes de los oficiales que controlaban la prisión. A diferencia de la gran mayoría de víctimas que eran transportadas al campo de concentración, el rol de estas personas no era pasivo, sino que eran obligados a colaborar de manera directa con el proceso de exterminación que se llevaba a cabo dentro de sus inmediaciones.

Apartados de los demás prisioneros, los sonderkommandos gozaban de algunos beneficios como una breve extensión de su esperanza de vida y una relativa mejora en sus condiciones de encarcelamiento, pero en general la situación que debían enfrentar era más compleja que la de la mayoría. Esto porque mientras el común de los recién llegados al campo lo hacen sin un conocimiento acabado de lo que está ocurriendo, siendo sus muertes algo de lo que se dan cuenta cuando ya es demasiado tarde, este tipo especial de reos tenía sobre si la pesada carga del saber. Son conscientes de lo que ocurre con la mayoría de los prisioneros, de lo que ocurrirá con ellos dentro de un tiempo más y de la manera en que todo eso se llevará a cabo. Su participación en esos crímenes puede llevar a algunos a verlos como cómplices, pero la verdad es que son aún más víctimas que el resto.

El protagonista de la cinta, Saul Ausländer (Géza Röhrig), es un relojero húngaro que trabaja como sonderkommando en el campo de Auschwitz. Entre sus tareas se encuentra el guiar a las víctimas a las cámaras de gas bajo el pretexto de que van a darse una ducha, deshacerse posteriormente de los cadáveres, desinfectar el lugar y registrar las ropas de los fallecidos para buscar objetos de valor. Durante una de estas jornadas de trabajo, Saul se da cuenta de que uno de los prisioneros -un simple niño- sobrevivió a duras penas al mortífero gas empleado por los nazis. Sin embargo, el reo es rápidamente asesinado por uno de los doctores y se ordena una pronta autopsia del cuerpo. El caso de la víctima sobrecoge al protagonista, quien decide hacer todo lo que se encuentra a su alcance para darle una sepultura apropiada y no una mera cremación junto al resto.

Aunque Saul explica que está haciendo esto porque el niño es su hijo, no hay total certeza sobre la veracidad de esa afirmación. El gesto es más bien simbólico, ya sea como una manera de aplacar su propia culpa o de rendirles homenaje a todas las víctimas que han muerto en el lugar. Se trata de una acción que busca crear un germen de dignidad entre tanto horror, de entregarle humanidad a un proceso frío e impersonal como el que se llevó a cabo en los campos de concentración. El exterminio de los prisioneros era llevado a cabo de manera mecanizada, tratando a los cuerpos como meras cosas, agrupando los cadáveres en pilas anónimas, quemándolos y arrojando posteriormente sus cenizas al agua. Lo que el protagonista busca hacer con el cuerpo del niño es sustraerlo de esa cruel práctica, otorgándole una necesaria cuota de individualidad, dándole una sepultura adecuada y (especialmente) hacerlo bajo las costumbres de su pueblo.

Además, todo esto es importante para Saul porque le permite actuar según su propia voluntad. Su presencia en el campo de concentración, así como su rol dentro de él, es producto de la coacción de los nazis, quienes lo han despojado de su capacidad de decidir su destino. A lo largo de la película lo vemos realizar numerosas actividades, siendo asignado a diversas tareas por arbitrio de los soldados que controlan el lugar. Incluso el resto de los prisioneros lo hacen participar de ciertas misiones con las que no comparte demasiada afinidad. La tarea de darle sepultura a su “hijo”, en cambio, no es una misión impuesta por terceros, sino que es una decisión que él mismo tomó. Es la última demostración de autonomía que es capaz de tener en un lugar como ese; una pequeña porción de libertad que le da algo de sentido a lo que le resta de vida.

En una trama secundaria de la cinta se muestra el esfuerzo de otros reos por organizar una revuelta armada contra los soldados nazis, un objetivo cuyo pragmatismo contrasta con la misión más espiritual del protagonista. De hecho, los intentos de Saul por enterrar el cuerpo son vistos por sus compañeros como un riesgo para su misión, debido al peligro de ser descubierto. Con esto, la película no busca enfrentar ambas posturas, haciéndonos escoger una sobre la otra, sino que las presenta para que las examinemos. Debates sobre la moralidad de una u otra no son esenciales para la obra, aunque de todas maneras entrega la posibilidad de iniciar conversaciones en torno al tema. La película prefiere la ambigüedad y los matices al momento de tratar estos aspectos, dejando de lado el maniqueísmo y la sobresimplificación.

A lo largo de las décadas se han hecho varias películas sobre el Holocausto, con diversos temas y enfoques. Para que Saul fia no se perdiese entre esta masa de obras, y sea capaz de destacar, era necesario que su propuesta fuera distinta, sobresaliente. Esto es logrado no solo con el rol que ocupa su protagonista dentro del campo de concentración sino también con la manera en que la cinta es filmada. El director Lázló Nemez opta por un estilo claustrofóbico y visceral, haciendo que la cámara siga muy de cerca al personaje principal, obligándonos a compartir sus experiencias, como si estuviésemos ante una sombría versión del estilo que ha caracterizado a los hermanos Dardenne. La fotografía a cargo de Mátyás Erdély potencia el efecto a través de una relación de aspecto más estrecha de lo habitual, así como una reducida profundidad de campo que deja fuera de foco lo que ocurre al rededor del protagonista.

Sabiendo que la película no puede ser evaluada de forma aislada, sino que dentro de un contexto y en relación a otras cintas que han tratado el mismo tema, no es necesario que la película muestre los detalles de los crímenes nazis. Basta con que estos hechos sean sugeridos ya que han sido representados anteriormente en otras obras y son de público conocimiento. Su objetivo no es informativo, sino que artístico, al intentar transmitir un sentimiento determinado en el espectador. La estrategia visual de la obra termina siendo efectiva, ya que a veces los indicios son más potentes que las imágenes explícitas. Gracias a sus decisiones estilísticas la película crea una atmósfera de pesadilla, la que de vez en cuando resulta difícil de soportar, pero cuya crudeza es necesaria para comprender la gravedad de la situación.

Debido a la calidad de la película y a la visión clara que se nota detrás de ella, sorprende que éste sea el largometraje debut de su director. Estamos también ante la primera cinta del actor protagonista, quien había desarrollado su carrera artística principalmente como poeta. Pese al carácter novel de ambos, sus respectivos trabajos poseen una evidente seguridad, siendo capaces de recurrir a los aspectos más sutiles de su actividad como alguien que hubiese estado haciendo películas durante toda su vida.

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