X-Men: Apocalypse (2016)

X-Men_Apocalypse-posterEl título de X-Men: Apocalypse (X-Men: Apocalipsis) hace referencia a uno de los villanos más poderosos que ha debido enfrentar ese grupo de superhéroes. Considerado por algunos como el primer mutante de la historia, Apocalypse (Oscar Isaac) vivió durante milenios, a través de diversas civilizaciones, gracias a su capacidad para asimilar las habilidades de otros mutantes y transferir su consciencia a otros cuerpos. Su enorme poder lo convirtió en un verdadero dios para los seres humanos, quienes lo adoraban como tal. Sin embargo, ese mismo poder también creó detractores, que veían en su megalomanía un peligro para la humanidad, por lo que decidieron atrapar al mutante bajo los escombros de una pirámide, en Egipto. Tras estar sumido en un sueño profundo durante siglos, Apocalypse despierta con el deseo de purgar el mundo que intentó deshacerse de él.

Pero si bien Apocalypse es el enemigo más poderoso que han tenido los X-Men dentro de sus películas, desde un punto de vista más general esta franquicia producida por Fox ha tenido un obstáculo aún mayor: el tiempo. Las cintas no solo han debido lidiar con las complejidades inherentes a los viajes temporales y las líneas de tiempo alternativas, sino también al hecho de transcurrir a lo largo de un periodo tan extenso. Después de tres películas y un spin-off, la serie tuvo una especie de “reinicio” con X-Men: First Class (2011), que estuvo ambientada en 1962, en medio de la crisis de los misiles entre Estados Unidos y Cuba. Su secuela, X-Men: Days of Future Past (2014) transcurre más de diez años después, mientras que esta nueva película sucede durante la década de los 80. Más allá de lo extraño que resulta ver a los actores sin grandes cambios físicos en los veinte años que supuestamente han pasado, los problemas de esta inmutabilidad resultan más preocupantes al examinar la caracterización de sus personajes.

La amenaza de Apocalypse, que debería traer consecuencias devastadoras para este universo cinematográfico, cambiando las bases de lo que había existido hasta aquel momento, solo genera un par de modificaciones sin mucha trascendencia. Cuando la historia prometía un evento decisivo, el resultado final termina siendo una película más de la franquicia, lo que viene a darle razón a aquellos detractores del cine de superhéroes que dicen que el género está comenzando a sufrir de fatiga. Charles Xavier (James McAvoy) y Magneto (Michael Fassbender) siguen teniendo la misma conversación de siempre, donde el primero le dice al segundo que ve bondad dentro de él, ofreciéndole trabajar juntos, pero éste le responde que sus maneras de ver el mundo son demasiado distintas así que deben seguir caminos separados.

Otro aspecto que no ha cambiado demasiado es la preferencia que les dan estas películas a ciertos personajes, basados más en la popularidad del actor que los interpreta que en el potencial que tiene el personaje en sí. Es lo que ocurre, por ejemplo, con Mystique, que ha ganado mayor protagonismo gracias a la fama de Jennifer Lawrence, pese a que su arco y sus poderes no son tan interesantes ahora, especialmente en un conflicto tan grande como el narrado en la nueva película. Irónicamente, la actriz tampoco parece contenta con la dependencia que la franquicia ha ido creando en torno a ella, ya que de todo el elenco es la que menos ganas demuestra de estar frente a la cámara. A diferencia de Fassbender o  McAvoy, que se esfuerzan por hacer lo que pueden con lo que el guion les entrega, Lawrence ni siquiera se molesta en las escenas que requieren una mayor entrega de su parte.

Los esfuerzos por repetir aquello que había funcionado anteriormente se extiende a decisiones como hacer nuevamente una escena que gira en torno a Quicksilver (Evan Peters) y su supervelocidad, la que es mostrada en cámara lenta mientras una canción de la época suena de fondo, como había ocurrido en Days of Future Past. Se trata de una secuencia entretenida, pero que carece de la novedad de la que gozaba la primera vez, resultando derivativa. Es ese tipo de estrategia también la que motiva la presencia de Wolverine (Hugh Jackman) en la película, personaje que a estas alturas ha estado en ocho de las nueve entregas de la franquicia cinematográfica. Su participación en Apocalypse es meramente anecdótica, sintiéndose como un desvío de la trama principal en lugar de un aporte para la misma.

Pero no todo en la cinta es un reciclaje de elementos que ya habíamos visto. También se da el tiempo de introducir nuevas caras. O, mejor dicho, nuevos actores para versiones jóvenes de personajes que ya conocíamos, como Sophie Turner (que interpreta a Jean Grey), Tye Sheridan (Scott Summers/Cyclops), Kodi Smit-McPhee (Kurt Wagner/Nightcrawler) y Alexandra Shipp (Ororo Munroe/Storm). En un punto intermedio se encuentran Lana Condor y Ben Hardy, que dan vida a personajes que en teoría ya habían aparecido en películas anteriores de la saga, pero que en términos cronológicos parecieran no ser los mismos, como Jubilee y Angel, respectivamente. En términos estrictos, y además del propio Apocalypse, el único personaje mutante que debuta en esta cinta es Psylocke (Olivia Munn), aunque su rol es tan acotado que la impresión que deja en el espectador se basa más en su apariencia y en sus habilidades de pelea que en otra cosa.

La película tiene momentos buenos, como la escena donde Magneto pierde a su familia y se venga contra un grupo de policías usando un colgante de metal. Michael Fassbender entrega el mismo peso dramático que si estuviese en una obra más “seria”, lo que crea una escena potente. Además, los poderes de Apocalypse son de tal envergadura que le otorgan una mayor importancia a la amenaza que deben enfrentar los protagonistas, si bien el resultado final no es tan trascendente como se esperaba. Pese a lo extraño que resulta su vestuario y maquillaje a ratos, Oscar Isaac hace lo mejor que puede con lo que está a su alcance. Las nuevas adiciones al elenco también son positivas, especialmente Tye Sheridan y Kodi Smit-McPhee, así que las expectativas por lo que puedan hacer en el futuro son altas.

Sin embargo, la idea de que estamos ante una película transicional es difícil de borrar. El cambio más importante que se produce tras la cinta es que los X-Men se reorganizan y comienzan a ser entrenados por Mystique. Es difícil saber qué ocurrirá en el futuro, sobre todo considerando que en esta entrega los protagonistas tuvieron que enfrentar a un ser capaz de destruir el mundo. Las consecuencias que derivan de ese hecho no son tan grandes como prometían, lo que le resta algo de valor a lo que vimos. Con una película como Captain America: Civil War (2016), en cambio, la situación hacia el final del metraje se siente distinta, ya que se produjo un cambio en la relación de los personajes y en el contexto que deberán asumir durante los siguientes años.

X-Men: Apocalypse presenta además una curiosa irregularidad en cuanto a su tono. Escenas de carácter dramático son sucedidas inmediatamente por momentos cómicos, en una combinación que no termina de convencer e incluso llega a ser confusa. La secuencia donde el villano controla las armas nucleares de todo el mundo, que es musicalizada con la séptima sinfonía de Beethoven y filmada con solemnidad, fue el momento escogido por Bryan Singer para mostrar el cameo de Stan Lee, una aparición que en todas las películas ha estado acompañada de un fin humorístico, lo que choca completamente con lo que el director intentaba hacer en el resto de la escena. Algo parecido ocurre con la escena protagonizada por Quicksilver, que ocurre en medio de la explosión de la escuela de Charles Xavier –donde, dicho sea de paso, muere un personaje secundario-. Es un punto de la trama que debería haber sido abordado con gravedad, para transmitir la melancolía del momento, pero pierde todo eso por el tono jovial que adopta la secuencia del mutante de pelo gris.

Aunque no creo que esta sea una mala película, su conformismo y ganas de jugar a la segura la hacen palidecer si se compara con una cinta como Deadpool (2016), perteneciente a su misma franquicia, la que al menos intentó ver el género de los superhéroes desde una perspectiva diferente. El entusiasmo que Singer había revivido por la saga con Days of Future Past, que además estuvo mejor narrada que esta pese a ciertas lagunas lógicas, vuelve nuevamente a convertirse en incertidumbre. Habrá que esperar la siguiente entrega para ver qué ocurrirá con los mutantes en el cine.

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