Lights Out (2016)

Lights_Out-posterInternet puede ser una gran herramienta para que los directores de cine jóvenes den a conocer su trabajo. Debido a su capacidad masificadora, internet permite que la obra de un cineasta debutante sea conocida por personas que tengan los medios necesarios para abrirle nuevas puertas. Durante los últimos años se ha producido un fenómeno muy interesante, en el que a directores nóveles les han ofrecido hacer su primer largometraje basados en el corto que subieron a internet. El resultado puede variar en cuanto a calidad, desde casos como Mama (2013) hasta Rare Exports (2010), pero no se puede negar la importancia que este camino tiene para quienes están iniciando su carrera. Eso es precisamente lo que ocurrió con el director sueco David F. Sandberg, que estrenó la película Lights Out (Cuando las luces se apagan) gracias al éxito de su cortometraje original.

Adaptar un cortometraje a una película de una hora y media no es sencillo, ya que una historia que funciona en un formato más acotado no necesariamente será tan efectiva con un mayor número de escenas. En el caso de esta cinta, Sandberg decidió inspirarse en la idea base que mostraba su cortometraje, reescribiendo su trama desde cero. Así, además de la presencia de la actriz Lotta Losten (esposa del director), el otro elemento que comparten ambas obras es la existencia de una criatura de carácter sobrenatural que solo puede ser vista y atacar a sus víctimas en la oscuridad. Se trata de un concepto llamativo, que entrega varias posibilidades al momento de asustar visualmente al espectador, siendo una de las principales razones por la que decidí ir a verla.

Pese a ser su largometraje debut, el director demuestra un buen manejo del lenguaje cinematográfico, sabiendo aprovechar el potencial de su premisa. Durante gran parte del metraje, el diseño de la criatura está limitado solo a su silueta, privilegiando así sus movimientos y la acentuación de determinados rasgos físicos como el largo de sus dedos. Uno de los grandes aciertos de la cinta es que aclara desde el comienzo las reglas a las que está sujeto ese ser, por lo que el espectador sabe muy bien qué situaciones son más riesgosas para los protagonistas. Un corte de electricidad, la presencia de una linterna que se carga a través de una manivela, la llama de una vela que se mueve con el viento, todos estos elementos nos indican que algo malo ocurrirá, haciendo que el miedo se base más en la anticipación que en la concreción misma del peligro.

Los momentos más efectivos de Lights Out se basan en el diseño de sonido y las imágenes utilizadas, más que en los diálogos. Mi escena favorita tiene como protagonista a un letrero de neón que ilumina de manera intermitente una habitación, lo que sumado al siniestro sonido de un piso de madera siendo rayado, crea una poderosa tensión. El talento de Sandberg no solo radica en su visión para crear resultados estéticamente atractivos, como la luz roja que llena la habitación cada vez que el letrero se enciende, sino también en la combinación de los elementos que tiene a su alcance. Algo tan sencillo como una luz que se prende y apaga de manera continua es suficiente para crear incertidumbre en el espectador.

En las películas de terror, la presencia de criaturas sobrenaturales casi siempre es asociada a los personajes infantiles, quienes son los primeros en percibirlas, y cuando intentan avisarles a los adultos lo que han visto, su intranquilidad es desestimada como una simple consecuencia de la activa imaginación de los niños. Sin embargo, Lights Out intenta alejarse de los lugares comunes, vinculando a su misteriosa criatura con el personaje de Sophie (Maria Bello), una madre soltera que acaba de enviudar. Son sus hijos Martin (Gabriel Bateman) y Rebecca (Teresa Palmer) quienes ven con preocupación la relación que existe entre su madre y el ser, que es referido por ella con el nombre de Diana (Alicia Vela-Bailey). Que un niño se relacione con una presencia paranormal es una cosa, pero que sea un adulto es otra muy distinta.

El fundamento de esta decisión artística queda claro a medida que la cinta avanza, ya que descubrimos que Diana se comunica con Sophie cuando esta se encuentra en su estado más vulnerable. La influencia que la criatura tiene sobre ella es negativa, llevándola a aislarse del resto e incluso a poner en peligro a sus seres queridos. Diana es una clara personificación de los problemas psicológicos de Sophie, lo que le otorga una dimensión más profunda y dramática al relato, que evita que estemos ante un mero producto que busca entregar jump scares. En términos narrativos, la cinta no resulta tan sutil ni inteligente como The Babadook (2014) –otra película que también está basada en un cortometraje previo-, pero la intensión que demuestra por crear algo sustancial merece ser destacada.

Si bien la película se da el trabajo de delimitar la forma en que actúa Diana para que podamos saber cuándo están en peligro los personajes, algunas de las reglas fijadas por la cinta no quedan del todo claras. No está muy claro, por ejemplo, la intensidad de la luz que la criatura es capaz de soportar, ya que a veces una luz débil es capaz de espantarla pero en otras ocasiones aparece en lugares que se encuentran en penumbras. Tampoco queda clara cuál es la naturaleza misma de Diana, ya que la luz evita que la veamos, sino que además la desmaterializa. ¿Estamos ante un ser humano, ante un espectro, ante algo intermedio? Afortunadamente estas dudas no llegan a ser más que detalles menores, y no evitan que uno se sumerja en la historia que está siendo contada.

Lo que si se explica, y a mi juicio de manera excesiva, es el origen de Diana. Siguiendo una tendencia del cine de terror contemporáneo, Lights Out recurre a recortes de periódicos, a archivos de una institución psiquiátrica y a antiguas películas caseras para explicarnos cuál es la relación que existe entre Sophie y la misteriosa figura que se esconde en la oscuridad. La estrategia no solo resulta algo artificiosa por la manera en que es presentada la información, también se insiste en algo que perfectamente podría haberse dejado de forma más ambigua. No todas las películas de terror necesitan una clase de historia impartida por sus personajes para que sepamos cada detalle del origen del mal que están enfrentando. Basta con que sepamos que el peligro es real y que puede tener consecuencias graves para los protagonistas.

Gracias a una premisa creativa, buenas actuaciones y una historia con un subtexto interesante, esta película logra destacar dentro de un género que ha tendido a la uniformidad durante los últimos años. Cintas como Lights Out, sin ser necesariamente obras maestras, demuestran que el cine de terror todavía puede entregar algunas agradables sorpresas.

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