Suicide Squad (2016)

Suicide_Squad-posterCon la presencia hegemónica que han tenido las películas de superhéroes en el cine comercial durante los últimos años, existe el inevitable riesgo de caer en una fatiga de contenido, ya que a medida que aumenta el número de cintas sobre el mismo tema también aumentan los lugares comunes y los clichés. Por eso, es necesario que el género sea capaz de evolucionar, para que a través de la innovación se estrenen obras que llamen la atención de los espectadores. Esto es especialmente necesario en el caso del universo cinematográfico de DC/Warner, que pese a tener solo un par de películas a la fecha, ya han comenzado a ser criticadas por el enfoque excesivamente serio que utilizan. Por eso el anuncio de un título como Suicide Squad (Escuadrón suicida) prometía tanto, ya que parecía desmarcarse de esa tendencia, apelando a algo diferente.

La película está basada en un grupo de supervillanos creado por la editorial DC, que es ocupado por el gobierno de Estados Unidos de manera secreta para realizar misiones de gran peligrosidad, dado que se trata de delincuentes cuyo bienestar no le provoca mayor preocupación. De esta manera, la cinta presentaba la novedad de no girar en torno a héroes, ni siquiera en antihéroes, sino que en personajes de cuestionable moralidad, algo poco habitual en este género cinematográfico. Los trailers incluso estaban acompañados de una vistosa selección de canciones y mostraban momentos cómicos entre los protagonistas, lo que venía a reforzar la idea de que estábamos ante una obra distinta a lo que DC nos había mostrado anteriormente. Sin embargo, estas expectativas terminaron jugándole en contra, en una maniobra que demuestra lo desafortunada que puede ser la combinación del control que los estudios tienen sobre sus productos y la ansiedad por hacer cambios a última hora.

Un artículo de la revista The Hollywood Reporter describió los problemas que surgieron durante la producción de la película y las dudas en relación al tono que ésta debía transmitir. El contratar a un director respetado como David Ayer, que ha construido su carrera entregando películas que poseen una voz distintiva, no impidió que los ejecutivos del estudio intentaran introducir cambios en la obra, probablemente apremiados por la necesidad de obtener un buen resultado económico en el competitivo mundo de los blockbusters. Se llegó a tal punto que el montaje de la cinta quedó en manos de la empresa de marketing que había editado los trailers de Suicide Squad, debido a la buena acogida que recibieron del público. Además, se tuvieron que filmar nuevas escenas para otorgarle un carácter más distendido al resultado final. Pese a que Ayer le ha restado importancia a estos hechos, no se puede negar que las medidas demuestran la inseguridad de DC/Warner y lo peor de todo es que esto se nota también en la película misma.

Los problemas se comienzan a notar desde los primeros minutos, debido a una falta de cohesión y a unas decisiones artísticas que no terminan de convencer. Las primeras dos escenas nos muestran a los principales miembros del grupo, Deadshot (Will Smith) y Harley Quinn (Margot Robbie), quienes se encuentran en una cárcel de alta seguridad por los crímenes que han cometido. Cada una de las escenas está musicalizada por canciones pop cuyas letras no pueden ser más obvias, y la transición de un momento a otro resulta poco fluido. Esto es rematado por una tercera escena, donde se muestra a Amanda Waller (Viola Davis), la funcionaria del gobierno que propone crear al grupo de villanos. Durante esta escena –que comienza con la canción “Sympathy for the Devil”, por si no nos queda claro el rol del personaje- se vuelven a presentar a Deadshot y Harley Quinn a la audiencia, además de los otros miembros del escuadrón, a través de unos convenientes flashbacks y diálogos expositivos: Captain Boomerang (Jai Courtney), El Diablo (Jay Hernandez), Killer Croc (Adewale Akinnuoye-Agbaje) y Enchantress (Cara Delevingne).

El uso de la música pop, que busca darle a la película un aire más lúdico, como el de Guardians of the Galaxy (2014), es demasiado evidente en el propósito que quiere alcanzar, por lo que carece de naturalidad. Algo parecido ocurre con los intentos de humor, que a veces parecen forzados, fuera de lugar. En vez de dejar que la obra se desenvuelva de manera orgánica ante los espectadores, creando un conjunto coherente, sin costuras, Suicide Squad nos muestra todas las cartas de su mano y nos va diciendo en cada momento qué es lo que va a hacer. Su diálogo expositivo no solo es obvio en su objetivo, sino que reiterativo, acentuando puntos que habían quedado claros ya sea deduciéndolos o porque un diálogo anterior ya los había explicado.

Con un problema de estructura que se nota sobre todo durante la primera mitad del metraje, la cinta es un conjunto de elementos que no siempre pegan, siendo algunos totalmente prescindibles desde el punto de vista de la trama. Uno de esos aspectos es el personaje del Joker (Jared Leto), que probablemente fue lo más publicitado de la película pero que en términos estrictos no aparece más de veinte minutos en ella. Esta encarnación del villano fue muy criticada desde que aparecieron sus primeras imágenes debido a la apariencia que tendría, incluidos unos tatuajes autorreferentes y una actitud pandillera más contemporánea. Dejando de lado el tema de los tatuajes, que todavía me parecen ridículos e innecesarios, la interpretación de Leto es correcta, dándole un enfoque propio al personaje.

Lo decepcionante es lo poco importante que resulta en el desarrollo de la trama, ya que es un mero elemento periférico de la misma. El Joker no tiene ninguna participación relevante en la misión de los protagonistas y sus interacciones con los personajes principales se limitan a las que tiene con Harley Quinn, escenas que son en su gran mayoría flashbacks. Es tan intrascendente su presencia que si uno eliminara al personaje de la película casi ni se sentiría. Con el foco que los trailers le daban, uno esperaba que el Joker fuese el villano principal de la historia, o por lo menos un peligro importante para los protagonistas, pero en cambio la amenaza que deben enfrentar es otro lugar común más, que no está a la altura de los personajes centrales.

Ignorando el hecho de que no tiene mayor impacto en la trama, ni siquiera la relación entre el Joker y Harley Quinn es importante si se analiza de manera aislada. Uno de los aspectos más interesantes del vínculo que tienen –tanto en las series de televisión como en los cómics- es la dinámica desigual que se produce entre esos personajes, existiendo un evidente elemento tóxico en la relación de ambos. Por un lado tenemos la devoción de Harley, que la enceguece ante los abusos del Joker, y por el otro está el sentimiento de superioridad de éste, que la ve como un simple objeto que está a su disposición. Durante la película no existe un arco en la relación de los personajes ni un momento donde Harley se da cuenta de lo que realmente sucede entre ellos; de hecho, la película tiende a romantizar la relación, mostrándola como una especie de amor estrafalario.

La promesa que la película entregaba en relación a la torcida moralidad de sus protagonistas tampoco se cumple en su totalidad. La mayoría de los miembros del escuadrón son villanos que tienen un trasfondo trágico, accidental o buscan redimirse. De todos los personajes principales, es Amanda Waller quien es más difícil de descifrar, debido a la ambigüedad moral que posee; nunca sabemos con certeza qué está dispuesta a hacer para alcanzar sus objetivos. La película tiene la posibilidad de explorar la complejidad del personaje y sus decisiones cuando se revela que la amenaza que enfrenta el escuadrón surge precisamente por el hecho de haberse conformado el grupo, pudiendo servir como una metáfora del propio actuar de Estados Unidos en el ámbito internacional. Sin embargo, este elemento no es abordado con posterioridad, lo que lleva a pensar que se trató solo de una laguna lógica en el guion.

Los aspectos positivos de la obra se encuentran más ligados a las virtudes de los actores que al equipo de producción. Will Smith le da a Deadshot una dimensión humana que convence, asumiendo además el liderazgo del grupo de villanos; Margot Robbie destaca en cada escena en la que aparece, ya que su personalidad más histriónica contrasta con la seriedad de los demás miembros del escuadrón; Jai Courtney es una de las sorpresas de la película al transmitir una dosis de personalidad y carisma que no había demostrado en sus trabajos previos; Viola Davis logra transmitir una presencia intimidante pese a que casi todos sus diálogos consisten en entregarle información al espectador; y Jared Leto, como ya señalé, crea una versión del Joker diferente, no mejor que la de Heath Ledger, pero aún así intrigante.

Si tan solo las interacciones entre los personajes hubiesen sido mejores. Hacia el final del metraje se intenta instalar esta idea de que los miembros del escuadrón han aprendido a trabajar juntos, convirtiéndose en amigos y hasta en una familia, pero más allá de unas frases textuales de ellos mismos no notamos esa evolución. De todas las escenas que tienen, solo una parece tener algo de peso, ya que permite pausar un poco el relato y dejar que conversen entre sí. Está ambientada en un bar y a través de ella conocemos mejor sus personalidades y lo que piensan, pero no es suficiente para suplir los puntos bajos de la obra. Gracias a películas como End of Watch (2012) y Fury (2014), el director David Ayer ha demostrado que su fuerte es la relación que logra crear entre sus personajes, es decir, el elemento humano de sus cintas, lo que lamentablemente no se llega a notar en esta.

Debido a una estructura deficiente, una narración torpe, decisiones artísticas demasiado evidentes en su objetivo y una artificialidad que busca ser pasada por espontaneidad, Suicide Squad no cumple con las expectativas que había levantado. Sus problemas de producción no crean un producto tan desastroso como el de Fantastic Four (2015), pero las inseguridades y la falta de una visión clara terminaron perjudicando a una película que prometía. Sus elementos destacables, si bien permiten un resultado final correcto, se encuentran demasiado aislados para formar un todo coherente, así que las opiniones sobre la obra van a ser necesariamente mixtas; que la disfrutemos o no dependerá de la perspectiva desde la cual uno la mire. En mi caso, creo que se trata de una película que a ratos demuestra sus fortalezas y el potencial que tenía, que no llega a ser completamente mala, pero que de todas maneras acentúa el hecho de que fue una oportunidad desaprovechada.

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